Preguntas que debe aplastar durante pregunta del juego

Stephen Curry logró su mejor crossover de la temporada con la ayuda del principal experto de los Estados Unidos en enfermedades infecciosas. En una sesión de preguntas y respuestas de Instagram, el dos veces MVP de la NBA habló con el Dr. Anthony Fauci sobre los conceptos básicos del coronavirus (COVID-19) y su impacto en la vida diaria. yo antes tenia un juego no me acuerdo como se llamaba pero era de un tipo o tipa que en el primer nivel iba corriendo y una como cosa gigante lo iba a aplastar el tipo primero iba corriendo para abajo y luego derecho pero tambien la cosa gigante iba aplastando gente 5 estrellas al que me diga que juego es,porfa estoy desesperado La comprensin del curso de la batalla y la comprensin del plan que llevaba Nelson para su ejecucin son en consecuencia un nico proceso. 34 En realidad uno no se puede ocultar que en un caso como ste la lgica de pregunta y respuesta tiene que reconstruir dos preguntas distintas que encontrarn tambin dos respuestas distintas: la pregunta por el ... Le habían pedido expresamente antes del Juego 2 que vuelva a ser ese tirador inconsciente que nunca vio un triple que no le guste tras encestar apenas un triple y contar con tres puntos en el ... Esta es otra pregunta que me encanta porque aprendes algo sobre ellos de la pregunta que eligen hacer. Y cuando respondes a su pregunta, ellos aprenden más sobre ti. 225. A medida que envejeces, ¿a qué le temes cada vez más? Es extraño como los miedos cambian cuando te haces mayor. Nada se saldrá del NSD Spinner cuando usted haga esto y es realmente un trabajo fácil que le tomará no mas de 3 o 4 minutos en completar, la única cosa con la que debe tener cuidado, son las arandelas de teflón de cada lado del eje y que no debe perder. El método STAR es una forma estructurada de responder al comportamiento Entrevista las preguntas que uno pueda encontrar durante el proceso de entrevista. Es un acrónimo que significa situación, tarea, acción y resultado, que son cuatro aspectos que deben abordarse en una pregunta de entrevista de comportamiento. PREGUNTAS DE LOS LECTORES (Véase también: Nuestros lectores quieren saber [sección de La Atalaya]) (Apartado: Lista de textos) Aarón: ¿por qué no se le castigó por hacer el becerro de oro?: w10 15/5 21 Abrahán: ¿hizo mal al enviar a Agar e Ismael al desierto?: w88 15/2 31 pacto abrahámico: ¿hecho en Ur, o en Harán?: w01 1/11 31 accidente de automóvil que provoca la muerte de ... Una vez que tu pregunta haya estado publicada durante, al menos, 1 hora y tenga, por lo menos, una respuesta, haz clic en el botón “Escoger la mejor respuesta” que está al lado de la respuesta seleccionada. Pañuelos de calidad del tema Caja De Preguntas hechos por artistas y diseñadores independientes de todo el mundo. Los pañuelos de Redbubble son de chifón, un tejido muy ligero que te servirá como protección contra el aire acondicionado en verano y como complemento perfecto en invierno. Son cuadrados, miden 140 cm y su estampado cubre toda la superficie.

EE.UU. - La intervención en México: Preludio a la Guerra Civil - ¡Terminar la Guerra Civil! ¡Por la liberación de los negros mediante la revolución socialista! (Junio de 2013)

2016.06.05 09:24 ShaunaDorothy EE.UU. - La intervención en México: Preludio a la Guerra Civil - ¡Terminar la Guerra Civil! ¡Por la liberación de los negros mediante la revolución socialista! (Junio de 2013)

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Espartaco No. 38 Junio de 2013
A continuación imprimimos, editada para publicación, la segunda parte de una presentación de Jacob Zorn de la Spartacist League/U.S. (sección de la Liga Comunista Internacional) en un foro en la ciudad de Nueva York del 28 de febrero de 2009. La primera parte fue publicada en Espartaco No. 37 (febrero de 2013).
¿Por qué EE.UU. invadió México? Como marxistas, entendemos que hubo intereses de clase en juego; la principal clase que incitaba a la guerra fue la esclavocracia. Como el veterano trotskista estadounidense Richard S. Fraser afirmó: “La guerra se libró no sólo por la conquista en general, pero sobre todo para extender la esclavitud y el poder político del sistema esclavista”. El objetivo del poder esclavista de extender la esclavitud a través de la conquista de México no era un secreto. Un periódico de Georgia declaró que tomar territorio de México podría “asegurar el equilibrio de poder para el Sur en la Confederación [es decir, en Estados Unidos], y, para el tiempo venidero...darle el control en las operaciones del gobierno” (citado en Battle Cry of Freedom: The Civil War Era [Grito de batalla de la libertad: La era de la Guerra Civil] de James McPherson [1988]). En sus Memorias Personales, Ulysses S. Grant reconoció que la anexión de Texas fue “desde la concepción del movimiento hasta su consumación definitiva, una conspiración para adquirir territorio a partir del cual se formarían estados esclavistas para la Unión Americana”.
La invasión fue muy impopular entre los norteños, que la apodaron “la guerra del Sr. Polk”, refiriéndose al entonces presidente James Polk, un demócrata sureño. William Lloyd Garrison, uno de los principales abolicionistas del momento, sostuvo en el Liberator: “Sólo esperamos que, si se ha tenido que derramar sangre, haya sido la de los estadounidenses, y que las próximas noticias que oigamos sean que el general Scott y su ejército están en manos de los mexicanos”. En 1846, Frederick Douglass denunció la anexión de Texas como “una conspiración de principio a fin —una de las más profundas y más hábilmente fraguadas— con el fin de defender y sostener uno de los crímenes más oscuros y viles cometidos por el hombre” (Belfast News Letter, 6 de enero de 1846).
La guerra fue un catalizador. Hizo que los propietarios de esclavos del Sur y los capitalistas del Norte se volvieran cada vez menos compatibles. Dejó claro, como lo afirmó Abraham Lincoln en un famoso discurso de 1858, que “este gobierno no puede tolerar permanentemente ser mitad esclavista y mitad libre”. Muchos norteños se sintieron traicionados por el compromiso de 1846 sobre Oregón entre Polk y Gran Bretaña —que declinaba los reclamos estadounidenses por gran parte de Canadá y estableció la actual frontera entre ambos países— y se opusieron a la invasión de México. Lincoln, en ese momento recién elegido congresista de Illinois por el Partido Whig, denunció al presidente Polk como mentiroso por declarar que se había asesinado a estadounidenses en suelo propio. Lincoln era representante de una sección creciente de la burguesía norteña que, aunque estaba dispuesta a tolerar la continua existencia de la esclavitud en el Sur, se oponía a su extensión y quería limitar la expansión del poder esclavista. Antes de la invasión, norteños de ambos partidos se habían mostrado dispuestos a aceptar el predominio de la esclavocracia; a raíz de la invasión, ambos partidos se fueron dividiendo cada vez más entre sus secciones norteñas y sureñas. El expresidente demócrata Martin Van Buren de Nueva York se opuso a la anexión de Texas y a la extensión de la esclavitud; rompió con los demócratas, y con el tiempo fue candidato para presidente por el Partido Tierra Libre [Free Soil] en 1848.
David Wilmot, un congresista demócrata por Pensilvania, expresó esta hostilidad cuando añadió una cláusula al proyecto de ley referente a los créditos para la invasión de 1846 que prohibía la esclavitud en cualquier territorio arrebatado a México. La Cámara de Representantes aprobó esta disposición tanto en 1846 como en 1847, pero el Senado votó en contra en ambos años pues el Sur lo dominaba. La condición Wilmot muestra que las contradicciones entre el sistema esclavista del Sur y el sistema capitalista del Norte ya no podían convivir en el mismo país. Esto no significó que diversos representantes de ambas partes no intentaran más compromisos, pero esos intentos fueron cada vez más infructuosos.
El fin de la guerra
En 1848, con las tropas estadounidenses ocupando la mayor parte del país, incluida la capital, México firmó un tratado de paz con EE.UU. —el Tratado de Guadalupe Hidalgo—. El tratado estableció la frontera en el Río Bravo [Río Grande], cediendo a EE.UU. casi la mitad de México; a cambio, EE.UU. aceptó pagar 15 millones de dólares y se comprometió a evitar que los indios que vivían en territorio estadounidense atacaran México. Aun así, muchos expansionistas sureños se quejaron de que EE.UU. no obtuvo suficiente: muchos propietarios de esclavos querían que su “imperio para la esclavitud” se extendiera a través de todo México hacia Centroamérica, el Caribe y quizás incluso hasta Brasil.
Poco después de la guerra, con el descubrimiento de oro, miles de inmigrantes se asentaron en California. Hay un libro muy interesante que salió hace poco llamado The California Gold Rush and the Coming of the Civil War [La fiebre del oro en California y el arribo de la Guerra Civil] (2007) de Leonard Richards, que muestra cómo muchos sureños querían extender la esclavitud a California. En 1854, EE.UU. compró La Mesilla —actualmente al sur de Arizona y al suroeste de Nuevo México— con el fin de construir un ferrocarril que atravesara ese territorio hacia California. En EE.UU. esto se conoce como la Compra Gadsden, en referencia a James Gadsden, quien fue el enviado estadounidense para negociar con Santa Anna sobre esta cuestión. Esto se suele recordar porque Gadsden era un ejecutivo de ferrocarriles que se benefició personalmente de la Compra Gadsden. También se le podría llamar la compra Gadsden-Davis, pues el secretario de guerra Jefferson Davis apoyó este proyecto de ferrocarril como una forma de conectar California al Sur y así ampliar el poder de la esclavocracia hacia el suroeste. Davis, que también luchó en el ejército de EE.UU. durante la intervención en México, por supuesto, se convirtió en el líder de la Confederación durante la Guerra Civil.
Los sureños no renunciaron a su deseo de expandirse hacia el sur. Una década después de la invasión de México, un líder del Sur sostuvo: “Quiero Cuba. Quiero Tamaulipas, [San Luis] Potosí, y uno o dos estados mexicanos más; y los quiero a todos por la misma razón: para fundar o propagar la esclavitud”. Luego estaban los llamados filibusteros, estadounidenses respaldados por el Sur que trataban de establecer gobiernos favorables a la esclavitud, que invadieron distintos lugares en el norte de México, Centroamérica y el Caribe. Uno de los más famosos fue el Dr. William Walker, quien incluso se hizo brevemente presidente de Nicaragua en 1856. Una de las cosas que hizo allí fue intentar restablecer la esclavitud. EE.UU. también intentó, sin éxito, comprarle Cuba a España. En Cuba aún se practicaba la esclavitud en las plantaciones. En 1898, consecuentemente, EE.UU. luchó una guerra contra España para quitarle Cuba junto con Puerto Rico y las Filipinas; para ese entonces, aunque la esclavitud ya había sido abolida, EE.UU. consiguió exportar a estos países la segregación tipo Jim Crow.
A pesar de que el Tratado de Guadalupe Hidalgo otorgaba la ciudadanía estadounidense después de un año a los mexicanos en el nuevo territorio de EE.UU., estos mexicanos enfrentaron discriminación racista. Muchos mexicanos propietarios de tierras fueron despojados de sus posesiones al norte del Río Bravo. Los mexicanos también fueron objeto de ataques racistas por los sheriffs, los Texas Rangers y vigilantes armados. Entre 1848 y 1928, por lo menos 597 mexicanos fueron linchados por turbas en EE.UU. Los indígenas que vivían en ese territorio también sufrieron ataques genocidas, tal y como sucedía en el lado mexicano.
Para México, la pérdida de gran parte de su territorio nacional agudizó su inestabilidad. Aunque sería demasiado simplista decir que la invasión de México en 1846 condujo a la posterior dominación imperialista de EE.UU. sobre el país, sí desempeñó un papel importante en el retraso del desarrollo en México. En el último cuarto del siglo XIX, cuando México estaba bajo la sangrienta dictadura de Porfirio Díaz, los capitalistas estadounidenses poseían gran parte de la riqueza de México y mantuvieron al país sometido para enriquecer al imperialismo estadounidense.
Los marxistas y la invasión de México
Cuando estábamos diseñando el volante para anunciar este foro, sugerí el título “La invasión estadounidense de México: Un análisis marxista”. Afortunadamente no lo escogimos, pero en realidad es una cuestión mucho más complicada de lo que parece. Como marxistas en EE.UU., la Spartacist League/U.S. se opone a la expansión depredadora de Estados Unidos. Sin embargo, en un sentido marxista, Estados Unidos no era imperialista en 1846. El imperialismo no sólo significa un país grande apropiándose del territorio de un país pequeño, sino más bien es, como explicó Lenin, la última fase del capitalismo, una época de guerras y revoluciones en la que la economía mundial entra en colisión violenta contra las barreras impuestas por el estado-nación capitalista. En 1846, EE.UU. aún era una economía capitalista en desarrollo y la burguesía estadounidense era aún, objetivamente hablando, una clase progresista: su tarea de destruir la esclavitud aún estaba pendiente.
Hoy, desde luego, Estados Unidos es el país imperialista más poderoso y no hay nada progresista con respecto a la burguesía estadounidense. Mantiene a México y a Latinoamérica subyugados a través de acuerdos comerciales como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y, si es necesario, mediante fuerzas militares. Como escribimos en la declaración programática de la SL/U.S., “For Socialist Revolution in the Bastion of World Imperialism!” [¡Por la revolución socialista en el bastión del imperialismo mundial!]:
“Un gobierno obrero en EE.UU. también devolvería a México determinadas regiones fronterizas del suroeste, donde el habla hispana es predominante, que fueron arrebatadas a México. Este gesto internacionalista debilitaría eficazmente el nacionalismo antiyanqui que las clases dominantes de América Latina utilizan para atar a los obreros y sería de gran valor en la extensión del apoyo a la revolución proletaria en toda América Latina”.
A pesar de que les molesta la dominación de EE.UU., los capitalistas mexicanos y de otros países de América Latina tienen aún más temor a su propia clase obrera. Utilizan la Intervención Estadounidense, como se le llama, junto con la continua opresión de EE.UU. a México, para difundir la mentira de que los obreros y los capitalistas mexicanos tienen un interés común. La burguesía mexicana también procura oscurecer el hecho de que la estadounidense es una sociedad dividida en clases y que los obreros estadounidenses son los hermanos de clase —y cada vez más los verdaderos hermanos— de los trabajadores mexicanos. Poner fin a la subyugación imperialista de América Latina —y el resto del mundo semicolonial— requiere que la clase obrera en EE.UU. tome el poder como parte de revoluciones socialistas en toda América. Y los obreros estadounidenses también deben luchar por plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes y contra el imperialismo estadounidense en América Latina y el resto del mundo. Por esto nos oponemos al TLCAN, la rapiña de “libre comercio” contra México —no por razones proteccionistas, sino porque ha significado miseria para los trabajadores y campesinos mexicanos—. Y la oposición al racismo antiinmigrante en EE.UU. está directamente relacionada con la lucha contra la opresión de los negros, como lo muestra la historia de la invasión estadounidense a México.
En México, los nacionalistas que tratan de desacreditar el socialismo a veces denuncian a Marx y Engels por haber apoyado la invasión estadounidense. Y en todo el Tercer Mundo, a veces también se les llama “racistas”. En 1848, Engels escribió acerca de la guerra:
“En América hemos presenciado la conquista de México, la que nos ha complacido. Constituye un progreso, también, que un país ocupado hasta el presente exclusivamente de sí mismo, desgarrado por perpetuas guerras civiles e impedido de todo desarrollo, un país que en el mejor de los casos estaba a punto de caer en el vasallaje industrial de Inglaterra, que un país semejante sea lanzado por la violencia al movimiento histórico. Es en interés de su propio desarrollo que México estará en el futuro bajo la tutela de los Estados Unidos. Es en interés del desarrollo de toda América que los Estados Unidos, mediante la ocupación de California, obtienen el predominio sobre el Océano Pacífico. ¿Pero quién, volvemos a interrogar, saldrá ganancioso, por de pronto, de la guerra? Sólo la burguesía”.
Algunos años después, en 1854, Marx le escribió a Engels sobre la guerra, llamándola “una digna obertura para la historia bélica de la gran Yanquilandia”. Varios días después, en otra carta, elogió el “sentido de independencia y capacidad individual Yanqui” y criticó a los mexicanos: “Los españoles están completamente degenerados. Pero, con todo, un español degenerado, un mexicano, constituye un ideal”.
Bueno, esto es lo que se usa en contra de Marx y Engels. Y Marx y Engels estaban equivocados —pero no porque se pusieran a favor del imperialismo de EE.UU. o porque fueran racistas—. El periodo de la invasión de México se dio muy temprano en el desarrollo del marxismo, antes de que se publicara el Manifiesto Comunista. El capitalismo industrial aún estaba en proceso de desarrollo y Marx creía que necesitaba desarrollarse plenamente para hacer posible la revolución proletaria. El capitalismo era una fuerza progresista en ese momento, y Marx y Engels creían que uno de sus elementos más progresistas era la creación de una nación con una clase obrera unificada. Como resultado, Marx y Engels se opusieron a la libre determinación de las naciones pequeñas: ellos pensaban que esos pueblos deberían ser asimilados por las naciones más grandes. Ambos escribieron principalmente sobre los pueblos eslavos de Europa Central y Oriental, pero también lo extendieron a México. Bajo este punto de vista, la expansión del capitalismo a escala mundial no sólo beneficiaría a los países capitalistas desarrollados, sino también a los países atrasados. Como escribieron en el Manifiesto Comunista de 1848: “La burguesía, con el rápido perfeccionamiento de todos los medios de producción, con las facilidades increíbles de su red de comunicaciones, lleva la civilización hasta a las naciones más salvajes”.
El entendimiento empírico de Marx y Engels sobre la invasión estadounidense de México estaba equivocado, pero sus premisas teóricas no lo estaban. Ellas se derivaban de una experiencia clave en la historia europea moderna que, de hecho, afectó a la familia de Marx: la ocupación napoleónica de Alemania entre 1806 y 1813. Adonde iba, llevando consigo los logros de la Revolución Francesa, Napoleón abolía las relaciones de propiedad feudales remanentes y establecía la igualdad formal ante la ley para todas las clases sociales. En Alemania, estas reformas liberales, incluyendo la emancipación de los judíos, proporcionaron un mayor impulso a los inicios del capitalismo industrial. Es decir, los logros de la revolución democrática burguesa llegaron al oeste y al sur de Alemania, gran parte de Italia e incluso al norte de los Balcanes, no por medio de una revolución nativa, sino a través de una conquista desde fuera. En muchos casos encontró resistencia reaccionaria bajo el nombre de la independencia nacional; así que para los intelectuales alemanes de la generación de Marx, una línea divisoria importante entre la izquierda y la derecha era la actitud retrospectiva frente a estas llamadas “guerras de liberación”, que en los estados alemanes fueron lideradas por la monarquía prusiana contra la ocupación napoleónica. El principio teórico de Marx y Engels de que el progreso social y económico está por encima de la independencia nacional, cuando ambas entran en conflicto, era correcto. Yo argumentaría que la posición de Marx y Engels sobre la ocupación de Napoleón fue una precursora teórica de nuestra posición de apoyo a la intervención militar de la Unión Soviética, un estado obrero degenerado, en Afganistán (que, en realidad, no es una nación) en 1979.
Marx y Engels no estaban ciegos ni eran indiferentes a los crímenes monumentales cometidos por las potencias occidentales en contra de los pueblos de Asia, África y América. Pero vieron esos crímenes como el alto costo histórico de la modernización de esas regiones atrasadas. Y como ya he mencionado, en el siglo XIX México era un desastre sin mucha esperanza de una revolución proletaria, y el “tutelaje” estadounidense, como lo puso Engels, parecía el único posible camino a seguir. En 1853, en un artículo llamado “Futuros resultados de la dominación británica en la India”, Marx y Engels escribieron:
“Inglaterra tiene que cumplir en la India una doble misión, destructora por un lado y regeneradora por otro. Tiene que destruir la vieja sociedad asiática y sentar las bases materiales de la sociedad occidental en Asia”.
Pero esta proyección no fue corroborada por el curso del desarrollo real. De hecho, a pesar de que los capitalistas introdujeron algunos elementos de tecnología industrial moderna en sus colonias y semicolonias, como el transporte por ejemplo, el efecto general fue detener el desarrollo social y económico de los países atrasados. Para mediados del siglo XIX, las burguesías europeas dejaron de ser una clase históricamente progresista frente a las viejas aristocracias derivadas del feudalismo —siendo el punto crítico la derrota de las revoluciones europeas de 1848—.
Marx y Engels generalizaron las experiencias por las que pasó Europa durante el período de las guerras napoleónicas. En el prefacio a la primera edición alemana de El capital de 1867, Marx escribió: “El país más desarrollado en el plano industrial no hace más que mostrar a los que lo siguen la imagen de su propio porvenir”. Esta afirmación describe acertadamente el desarrollo capitalista en Europa en los primeros años del siglo XIX. Al mismo tiempo, esta observación, que más tarde Trotsky describió como algo “condicional y limitado” (Lecciones de Octubre, 1924), se contradice con el hecho de que el colonialismo europeo fortaleció el atraso social y económico de los países y los pueblos que dominó.
El marxismo es una ciencia. No se basa en sabiduría recibida, sino en la observación y el análisis de la realidad social. Los marxistas no son infalibles, y, de hecho, Marx y Engels aprendieron de sus observaciones y análisis del desarrollo y expansión capitalista. No fue hasta mucho después de 1848 que Marx y Engels desarrollarían una actitud muy diferente hacia el colonialismo, expresada, por ejemplo, en su defensa de la rebelión de los cipayos en la India ocupada por los británicos en 1857-58. Irlanda es probablemente el país al que le prestaron mayor atención debido a sus conocimientos sobre la clase obrera británica. En la década de 1860, Marx y Engels llamaron por la independencia irlandesa de Gran Bretaña, no sólo por justicia hacia Irlanda, sino también como condición previa para la organización de los obreros ingleses. A fines del siglo XIX, Marx y Engels se habían convertido en paladines de la independencia colonial, y reconocieron que la modernización de Asia, África y América Latina podría tener lugar sólo en el contexto de un orden socialista mundial. El capital de Marx (escrito en 1867) contiene un análisis mordaz de lo que él llamó la “acumulación primitiva del capital” mediante la sangre y la muerte de campesinos, trabajadores y otros. Hay un buen artículo en un número reciente de Workers Vanguard que trata sobre el desarrollo de la posición marxista respecto a la cuestión nacional (ver “The National Question in the Marxist Movement, 1848-1914” [La cuestión nacional en el movimiento marxista, 1848-1914], WV No. 931, 27 de febrero de 2009).
Más en general, el imperialismo no se había desarrollado completamente en los tiempos de Marx y Engels. Les quedó a los bolcheviques lidiar plenamente con la importancia de la cuestión nacional en la época del imperialismo. Y los bolcheviques bajo Lenin y Trotsky lucharon contra todas las formas de opresión nacional y por el derecho a la libre determinación de las naciones. Y así como Marx reconoció que la modernización de Asia, África y América Latina podría tener lugar sólo en el contexto de un orden socialista mundial, Trotsky subrayó en su teoría de la revolución permanente que en los países de desarrollo capitalista atrasado la liberación nacional y la modernización social y económica sólo pueden tener lugar bajo la dictadura del proletariado, con la clase obrera luchando por extender su revolución a los países capitalistas avanzados.
En cuanto a la invasión estadounidense de México, Marx y Engels, en un sentido histórico más específico, durante ese periodo no apreciaron el hecho de que ésta fortalecía el poder de la esclavocracia —el mismo poder que se interponía en el camino a un mayor desarrollo burgués—. En la década de 1840, ellos no sabían mucho acerca de EE.UU. Pero para el periodo de la Guerra Civil, Marx y Engels habían estudiado cuidadosamente el país. Los escritos de Marx sobre la Guerra Civil Estadounidense están entre los más perspicaces frente a cualquier observador contemporáneo pues comprendía que la guerra era una guerra de clases entre dos sistemas sociales opuestos.
En 1861, al comienzo de la Guerra Civil, Marx escribió: “En la política exterior de los Estados Unidos, así como en la interior, el interés de los esclavistas servía de norte”. Mencionó en este contexto el intento de EE.UU. por comprar Cuba y a los filibusteros proesclavistas en el norte de México y Centroamérica, concluyendo que la política exterior de EE.UU. tenía como “propósito manifiesto” el “conquistar nuevo territorio para la expansión de la esclavitud y del poder de los esclavistas” (“La Guerra Civil Norteamericana”, 1861). Marx escribió que la esclavitud era la cuestión clave en la Guerra Civil, que él ligó a la guerra con México:
“El movimiento entero se fundaba y se funda, como se ve, en la cuestión de la esclavitud. No en el sentido de si en los actuales estados esclavistas deben ser liberados directamente los esclavos o no, sino en el de si los veinte millones de hombres libres del Norte deben seguir subordinados a una oligarquía de 300,000 dueños de esclavos; de si los enormes territorios de la república deberán convertirse en semilleros de estados libres o de la esclavitud; finalmente, de si la política nacional de la Unión debe enarbolar la bandera de la propagación armada de la esclavitud en México, América Central y del Sur”.
La invasión de México y el arribo de la Guerra Civil
Entonces, para el tiempo de la Guerra Civil Estadounidense, Marx reconoció que la invasión de México estaba integralmente relacionada con el desarrollo de la esclavocracia y que ésta era una de las cuestiones clave para el capitalismo estadounidense.
Quiero hablar un poco acerca de la invasión de México y el arribo de la Guerra Civil. La invasión de México planteó la pregunta: ¿Quién controlará Estados Unidos, la esclavocracia o la burguesía? La respuesta no era evidente. Uno de los mejores historiadores de la época, James McPherson, ha dicho: “En vísperas de la Guerra Civil, la agricultura en base a plantaciones era más rentable, la esclavitud más arraigada, los dueños de esclavos más prósperos, y el ‘poder esclavista’ más dominante en el Sur si no en toda la nación de lo que alguna vez había sido”. Y el Sur era cada vez más beligerante. Aunque muchos norteños querían más compromisos con el Sur, especialmente los comerciantes de Nueva York que se beneficiaban con la venta del algodón del Sur, se hizo más claro al tiempo que la burguesía crecía que el establecimiento de una sociedad capitalista unificada requeriría destruir la esclavitud —es decir, otra revolución burguesa—. La conquista de tanto territorio mexicano condujo directamente a la Guerra Civil. En sus Memorias, Grant escribió:
“La rebelión sureña fue en gran parte resultado de la Guerra Mexicana. Las naciones, como los individuos, son castigadas por sus transgresiones. Hemos conseguido nuestro castigo con la guerra más sangrienta y costosa de los tiempos modernos”.
La pregunta inmediata que planteó la invasión de México fue: ¿Este nuevo territorio arrebatado a México será esclavista o libre? Durante la fiebre del oro en San Francisco, decenas de miles de personas se apresuraron a llegar a California, y en 1850 el territorio solicitó al Congreso ser admitido como un estado libre. Esto dio lugar a otra crisis, y hubo otro “compromiso” en 1850. Al igual que sus predecesores, el compromiso de 1850 sólo retrasó el conflicto inevitable entre el Norte y el Sur. Este compromiso le permitió a California entrar como un estado libre pero mantenía al resto de los territorios mexicanos usurpados en el limbo, con sus respectivos estatus por ser decididos cuando solicitasen convertirse en estados en el futuro.
Éste sería el último gran compromiso. Y de hecho algunas partes de él —como la Ley de Esclavos Fugitivos de 1850, que exigía que los estados del Norte regresaran los esclavos prófugos a sus amos en el Sur— enardecieron aún más las divisiones entre el Norte y el Sur. La década de 1850 estuvo marcada por el Norte dándose cuenta de que su continuo desarrollo como sociedad capitalista significaba deshacerse del poder esclavista, y la esclavocracia dándose cuenta cada vez más de que su dominación en el país estaba amenazada. En otras palabras, la unidad entre el Norte capitalista y el Sur esclavista se iba rompiendo. La política nacional reflejaba esto. Aunque el general Zachary Taylor del Partido Whig fue elegido presidente en 1848, después de la guerra, sería el último whig elegido presidente, pues su partido se dividió entre el Norte y el Sur con respecto a la Ley de Esclavos Fugitivos.
Incluso muchos demócratas del Norte no podían aguantar la dominación del poder esclavista en el país y su partido. Hubo una serie de partidos que se opusieron a la expansión de la esclavitud. En 1856, John C. Frémont fue el primer candidato a presidente por el Partido Republicano. Se postuló con el lema de “Tierra libre, libertad de expresión y Frémont” [Free soil, free speech and Frémont], que estaba en oposición explícita a la esclavocracia. A pesar de que no era en absoluto un partido abolicionista, el Partido Republicano comprendió que a fin de salvaguardar el crecimiento del capitalismo, el poder esclavista tendría que ser controlado y el crecimiento de territorio esclavista detenido. La decisión de 1857 de la Suprema Corte en el caso Dred Scott vs. Sandford, que declaró que el Congreso no podía restringir la esclavitud —y también declaró que las personas negras no tenían derechos en Estados Unidos— hizo la Guerra Civil casi inevitable. En 1860, cuando el primer presidente republicano, Abraham Lincoln, fue elegido con la plataforma de detener la expansión de la esclavitud, el Sur se declaró en secesión de la Unión con el fin de garantizar la esclavitud, lo cual quedó escrito en la constitución de la Confederación. O como Marx dijo: “la Confederación del Sur por lo tanto no libra una guerra de defensa, sino una guerra de conquista con miras a extender y perpetuar la esclavitud” (“La Guerra Civil en los Estados Unidos”, 1861).
Sin entrar en muchos detalles, sólo mencionaré también que la esclavocracia del Sur mantuvo su esquema sobre México. Durante la Guerra Civil, el norte de México se convirtió en un punto geográfico importante de la Confederación para tratar de romper el bloqueo de la Unión y vender algodón a Europa. Según Eugene Genovese, la Confederación tenía planes para marchar “hacia Nuevo México con la intención de seguir a Tucson y luego dirigirse al sur para tomar Sonora, Chihuahua, Durango y Tamaulipas”, y “el gobierno confederado intentó hacer tratos con Santiago Vidaurri, el hombre fuerte de Coahuila y Nuevo León, para afiliar el norte de México a la Confederación”. Casi al mismo tiempo, México mismo estaba en medio de su propia guerra, en la que Benito Juárez luchaba contra la monarquía francesa y los conservadores mexicanos como Vidaurri mientras intentaba modernizar México.
¡Terminar la Guerra Civil!
La Guerra Civil fue la Segunda Revolución Estadounidense, la última de las grandes revoluciones democrático-burguesas. Tomó cuatro años y la muerte de unos 600 mil estadounidenses —casi tantos como los que murieron en todas las demás guerras de EE.UU.— para por fin romper el poder esclavista. Incluidos en esta lucha estuvieron los casi 200 mil soldados negros que pelearon al lado de la Unión. La victoria del Norte en 1865 dio inicio al período más democrático en la historia de EE.UU., la Reconstrucción. La guerra, al garantizar el desarrollo del capitalismo estadounidense, también sentó las bases para el desarrollo de la clase obrera de Estados Unidos —el poder que puede deshacerse del capitalismo—. Hoy en día los obreros negros constituyen un componente muy importante de esta clase obrera.
Los capitalistas del Norte traicionaron la Reconstrucción y la promesa de libertad para los negros, pues persiguieron las ventajas económicas de su victoria sobre la Confederación, en lugar de promover los derechos de los negros. Hacia el final del siglo, la perversa segregación de Jim Crow se impuso. Mientras tanto, la burguesía pasó de la consolidación del poder nacional a la búsqueda del poder imperialista en el extranjero —sin dejar de lado a México y a otros países de América Latina—.
El sangriento imperialismo estadounidense es el enemigo de los obreros y los oprimidos en Estados Unidos y alrededor del mundo. Y éste sigue siendo el caso con el presidente Obama, quien tiene previsto aumentar en un 50 por ciento las tropas de ocupación imperialista en Afganistán. La liberación de los obreros y campesinos en México y América Latina exige hoy revoluciones socialistas en toda América, desde el Yukón hasta Yucatán, desde Alaska a Argentina. Nosotros, en la Spartacist League/U.S., estamos dedicados a forjar un partido obrero clasista revolucionario que sea capaz de llevar a la clase obrera al poder en EE.UU., que es lo que es necesario para aplastar al imperialismo estadounidense. La lucha por la liberación de los negros es esencial para esta tarea. Y es por ello que levantamos la consigna de “¡Terminar la Guerra Civil! ¡Por la liberación de los negros mediante la revolución socialista!”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/38/guerra.html
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2016.06.04 20:56 ShaunaDorothy Sacudiendo las aguas del Mar de China Meridional El imperialismo estadounidense aprieta el cerco militar en torno a China ¡Por una defensa revolucionaria e internacionalista de China y Vietnam! (Septiembre de 2012)

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Espartaco No. 36 Septiembre de 2012
Concretando un giro militar estratégico del imperialismo estadounidense, el Secretario de la Defensa Leon Panetta anunció el pasado junio en Singapur que para 2020 el 60 por ciento de los buques de guerra estadounidenses, que actualmente están repartidos en los océanos Atlántico y Pacífico, estarán ubicados en la región del Pacífico asiático. El viaje de Panetta al sureste asiático estuvo precedido por otros de la Secretaria de Estado Clinton y el presidente Obama, quien declaró que el giro hacia el Pacífico es una “prioridad principal”.
Pese a que los voceros del gobierno de vez en cuando lo nieguen, el blanco principal del “pivote” estadounidense hacia el Pacífico es China, el país más poderoso que queda donde el dominio capitalista fue derrocado. El propio Pentágono lo ha dejado claro conforme va revelando poco a poco los detalles de su plan de batalla “diseñado para contrarrestar el desafío militar de China” (Financial Times, 31 de mayo). Conocido como “concepto” de combate Aire-Mar —eco de la doctrina de batalla Aire-Tierra de la década de 1970 adoptada en la Guerra Fría contra la Unión Soviética—, el plan busca “consolidar las alianzas estadounidenses y contrarrestar las armas y capacidades ‘antiacceso y de áreas denegadas’”, como la nueva generación de misiles antibuques que ha desarrollado China. Según el documento del Pentágono al que el artículo hace referencia, un ataque serio contra las defensas “antiacceso y de áreas denegadas” de China significaría “prepararse para un gran ataque preventivo sobre las bases militares de la China continental”.
Durante los últimos dos años, Washington ha tomado una serie de medidas concertadas con el fin de extender e intensificar la presión sobre China, desde retomar el envío de ayuda a las fuerzas especiales del indonesio Kopassus y normalizar relaciones con Myanmar (Birmania) hasta destacar infantes de marina a Darwin, Australia, y emprender operaciones conjuntas con otros estados clientes de Estados Unidos. Informando sobre una cumbre celebrada entre Japón y otros países insulares del Pacífico, a la que asistió una delegación estadounidense, el Yomiuri Shimbun (29 de mayo) escribió que la región “se ubica en el centro de una lucha de poder en la que participan Japón, Estados Unidos y Australia por un lado y China por el otro”.
Mientras aprietan el cerco en torno a China, Estados Unidos y sus aliados han llevado a cabo una serie de actos flagrantemente beligerantes. A mediados de abril, la India puso a prueba con éxito un misil balístico de largo alcance capaz de transportar ojivas nucleares y de permitirle “una cobertura completa de los blancos de China” (New York Times, 19 de abril). La hazaña fue muy aplaudida en los medios capitalistas de Estados Unidos, que lanzan interminables mentiras e hipocresía para condenar las pruebas nucleares de cualquier régimen que Washington considere maligno (Corea del Norte, Irán). Apenas tres días antes de las pruebas, Estados Unidos y su estado cliente filipino comenzaron ejercicios militares conjuntos en el Mar de China Meridional, mientras barcos pesqueros y de patrullaje marítimo chinos y un buque de guerra filipino se enfrentaban en el Arrecife Scarborough.
Al reducir las ocupaciones de Irak y Afganistán (mientras aumenta los bombardeos con drones y los asesinatos “dirigidos” en Paquistán y Yemen), el gobierno de Obama preparó el “pivote” en dirección al Pacífico asiático. Esto marca un retorno a la estrategia que adoptaron los gobernantes estadounidenses tras la destrucción contrarrevolucionaria del estado obrero degenerado de la Unión Soviética en 1991-92. La caída de la Unión Soviética hizo a un lado lo que hasta entonces había sido el principal blanco militar de los imperialistas y el único contrapeso real a su dominación del mundo, lo que permitió a Estados Unidos retirar fuerzas militares de Europa y desplegarlas en la Cuenca del Pacífico Occidental.
Si bien los ataques terroristas del 11 de septiembre distrajeron la atención estadounidense a Afganistán y otros blancos de la “guerra contra el terrorismo”, esa misma “guerra” espuria sirvió para ampliar y fortalecer el arco militar de los imperialistas en torno a China, cuyos líderes estalinistas endosaron la campaña “antiterrorista”. Estados Unidos estableció bases en Asia Central, mientras la India y Mongolia fueron atraídas hacia una cooperación más estrecha con Washington. Comenzando en 2002, cerca de mil infantes de marina y fuerzas especiales estadounidenses fueron enviados a la isla de Mindanao, al sur de las Filipinas, escenario de una prolongada insurgencia musulmana, donde siguen haciendo rondas hasta la fecha.
La Spartacist League, sección estadounidense de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista), asume firmemente la defensa de los estados obreros burocráticamente deformados —China, Corea del Norte, Vietnam, Laos y Cuba— frente a los imperialistas y las fuerzas internas de la contrarrevolución. Así como los obreros deben defender sus sindicatos frente al ataque de sus explotadores aun cuando el apoyo al orden capitalista por parte de la dirección sindical obstruya la lucha obrera, también deben defender las revoluciones sociales desde China hasta Cuba frente a los imperialistas que buscan revivir el decadente sistema de ganancia capitalista al convertir de vuelta a esos países en campos para la más brutal explotación. Exigimos que todas las bases y tropas estadounidenses se retiren de Asia como parte de la lucha por movilizar a la clase obrera de EE.UU. contra sus “propios” gobernantes capitalistas y sus depredadoras aventuras militares, una lucha que sólo puede consumarse a través del derrocamiento revolucionario del orden mundial capitalista-imperialista.
Nuestra defensa militar de los estados obreros contra el enemigo de clase es incondicional, es decir, no depende de las medidas que lleven a cabo los regímenes estalinistas en el gobierno ni de las circunstancias particulares del conflicto. Al mismo tiempo, como organización trotskista, la LCI mantiene su oposición a esos regímenes, que minan a los estados obreros al suprimir políticamente a la clase obrera y al buscar complacer a los imperialistas, que no se detendrán ante nada para asegurar su dominio y sus ganancias.
Los avances militares de China
El acelerado giro del Pentágono hacia el este y el sureste asiáticos fue en gran medida impulsado por los importantes logros en capacidad de defensa que consiguió China durante el último periodo, un suceso afortunado que tuvo lugar principalmente mientras las fuerzas de Estados Unidos se encontraban empantanadas en Irak y Afganistán. Al reforzar su capacidad militar en la región costera frente a Taiwán y expandir su capacidad nuclear, China ha adquirido un mayor grado de protección ante las aventuras imperialistas.
En 1996, Estados Unidos envió dos grupos de portaviones a las aguas alrededor de Taiwán en respuesta a ejercicios militares chinos, coincidiendo con las campañas para la elección presidencial en Taiwán. Esa provocación por parte del gobierno de Clinton, el mayor despliegue naval estadounidense en el Pacífico desde la Guerra de Vietnam, recuerda la “diplomacia de cañonero” que durante el siglo XIX se usó para dividir y conquistar China. Ello también condujo a Beijing a aumentar el gasto militar, lo que siguió haciendo durante su boom económico de la última década.
Actualmente China posee o está desarrollando rápidamente proyectiles balísticos terrestres y misiles crucero, jets con misiles antibuques, submarinos convencionales y nucleares, radares de largo alcance, satélites espía y armas espaciales. Los analistas estadounidenses describen este arsenal como un potencial “factor que alteraría el resultado” y que “podría obligar a la marina estadounidense a retirar de las costas chinas sus portaviones y otras unidades de combate de superficie” (Aaron L. Friedberg, A Contest for Supremacy: China, America and the Struggle for Mastery in Asia [La contienda por la supremacía: China, Estados Unidos y la lucha por el dominio en Asia, 2011]). Los imperialistas de EE.UU. están decididos a contrarrestar este desarrollo como parte de su esfuerzo por conservar su posición como la fuerza militar abrumadoramente dominante del mundo.
Nuestra defensa militar de los estados obreros implica que apoyamos el que desarrollen armas nucleares y sistemas de entrega. Tras poner a prueba con éxito su bomba nuclear en 1964, China originalmente tenía misiles balísticos de combustible líquido que podían ser destruidos por ataques preventivos. Pero en años recientes ha desarrollado misiles balísticos intercontinentales de combustible sólido, capaces de atacar el territorio continental de Estados Unidos. Algunos de ellos no están en silos fijos, sino que son móviles, lo que los hace casi imposibles de eliminar. Se dice que China está por desplegar proyectiles que se lanzan de submarinos y que también podrían alcanzar territorio estadounidense. Así, la República Popular ha logrado establecer un elemento de disuasión crucial contra un ataque de Estados Unidos, el único poder estatal que ha usado una bomba atómica, incinerando a 200 mil civiles en Japón en 1945. El presidente Harry Truman y otros funcionarios estadounidenses consideraron usar contra China esa arma de destrucción masiva en su intento fallido de “hacer retroceder el comunismo” durante la Guerra de Corea, pero la posesión de armas nucleares de la URSS los disuadió. Para los años setenta, la Unión Soviética ya había alcanzado cierta paridad nuclear con los Estados Unidos, lo que no es ni remotamente el caso de la China actual.
Acomodación estalinista al imperialismo
Por impresionantes y necesarios que sean, los avances militares y económicos de China no pueden garantizar en última instancia la supervivencia del estado obrero en un mundo dominado por potencias imperialistas decididas a destruirlo. La Revolución de 1949 derrocó el dominio capitalista y liberó a los obreros y campesinos chinos de la subyugación imperialista y de la tiranía de la burguesía china. La colectivización de la economía sentó las bases de un tremendo salto en las condiciones de vida de las masas respecto a lo miserable de su existencia anterior y creó una base industrial significativa (originalmente con ayuda sustancial de la Unión Soviética), fundamento necesario para la defensa militar de la revolución.
Sin embargo, a diferencia de la Revolución de Octubre rusa de 1917, que creó un estado obrero basado en soviets (consejos) de obreros, campesinos y soldados, la Revolución de 1949 fue producto de una guerra de guerrillas basada en el campesinado y dirigida por el Partido Comunista Chino (PCCh) de Mao Zedong, que resultó en un estado obrero burocráticamente deformado desde su origen. El marco político del PCCh es el dogma profundamente antimarxista del “socialismo en un solo país” que Stalin proclamó a finales de 1924 como la consigna de la burocracia que le había usurpado el poder político al proletariado soviético. Revirtiendo el programa y los principios internacionalistas que guiaban a los bolcheviques bajo V.I. Lenin y León Trotsky, la burocracia estalinista renunció a la lucha por la revolución socialista mundial, para emprender en cambio la búsqueda utópica de la coexistencia pacífica con el imperialismo.
Abarcando una sexta parte de la superficie del planeta y con una abundante riqueza en minerales, la Unión Soviética avanzó años luz con respecto a la vieja sociedad de los zares, profundamente atrasada y empobrecida, hasta convertirse en una potencia industrial y militar superada sólo por Estados Unidos. Sin embargo, por sí misma no pudo superar el nivel económico de los países capitalistas avanzados y mucho menos alcanzar el socialismo: una sociedad de abundancia material basada en la colectivización y el desarrollo cualitativo de las avanzadas fuerzas productivas que hoy se concentran en los países imperialistas.
En La revolución traicionada (1936), su análisis clásico de la degeneración de la Unión Soviética bajo Stalin, Trotsky señaló tanto las ventajas de una economía planificada y colectivizada en la movilización de la industria para la defensa militar como las limitaciones que impone el aislamiento del estado obrero:
“Los éxitos económicos de la URSS le permiten afirmarse, progresar, armarse y, si esto es necesario, batirse en retirada, esperar y resistir. Pero en sí misma, la pregunta ¿quién triunfará?, no solamente en el sentido militar de la palabra, sino ante todo, en el sentido económico, se le plantea a la URSS a escala mundial. La intervención armada es peligrosa. La introducción de mercancías a bajo precio, viniendo tras los ejércitos capitalistas, sería infinitamente más peligrosa”.
La conclusión política de Trotsky era la necesidad de una defensa militar incondicional de la Unión Soviética y de una revolución política proletaria, que derrocara a la burocracia privilegiada y parasitaria y restaurara la democracia obrera y el internacionalismo proletario, planteando tajantemente la siguiente disyuntiva: “¿Devorará el burócrata al estado obrero, o la clase obrera lo limpiará de burócratas?” Esta pregunta se plantea hoy con la misma urgencia para China y los demás estados obreros deformados que quedan.
Incluso durante su mayor auge, la producción total de la Unión Soviética nunca pasó de ser un tercio de la estadounidense. Finalmente, tras décadas de presión imperialista y mal gobierno burocrático, el estado obrero soviético sucumbió a la contrarrevolución capitalista en 1991-92. Ésa fue una derrota histórica para los trabajadores del mundo, que infundió nueva vida al decadente sistema capitalista y dejó al imperialismo estadounidense como el incuestionable gigante militar del mundo. Hoy, China sigue muy por debajo del nivel económico que alcanzó la antigua Unión Soviética, llevando en particular el lastre de su enorme provincia rural.
Buscando su propia variante de “socialismo en un solo país”, los estalinistas de Beijing creen poder evitar la suerte de sus contrapartes de Moscú en parte si impulsan una mayor integración a la economía mundial, desarrollándose continuamente en lo militar y lo económico, mientras mantienen un control político férreo sobre la combativa clase obrera. Durante los primeros cinco años de la crisis capitalista mundial, China experimentó un crecimiento masivo, debido principalmente a la industria y los bancos estatales. Pero, a largo plazo, el “socialismo con características chinas” del régimen actual no logrará superar la herencia histórica del atraso chino, ni resolverá el problema de la escasez, como tampoco lo hizo la autarquía “igualitaria” de Mao Zedong.
La estrategia del PCCh se basa en ilusiones respecto a las relaciones pacíficas con los imperialistas y la estabilidad del mercado mundial: una fantasía que el propio funcionamiento de ese mercado refuta, por no hablar de la actual recesión profunda. Beijing cree que su enorme inversión en bonos del tesoro estadounidense contendrá la beligerancia de Estados Unidos; pero al convertirse en el principal prestamista de ese país, el gobierno chino contribuye directamente al astronómico gasto militar de Washington, que supera al de los siguientes catorce países con mayor gasto juntos. Las principales fuerzas de esa máquina militar están apuntadas hoy contra China.
Junto con el cerco militar de China y el fomento de fuerzas contrarrevolucionarias internas, los imperialistas están aumentando la presión económica, desde el proteccionismo antichino que impulsan tanto los políticos demócratas y republicanos como la dirigencia sindical, hasta los pactos comerciales con aliados estadounidenses de la región Asia-Pacífico. Mientras Beijing intenta disipar la hostilidad con sus vecinos fortaleciendo sus lazos económicos, Estados Unidos está impulsando el tratado comercial del Acuerdo de Asociación Transpacífico con Australia, Vietnam y otros seis países, que siguió al recientemente firmado Tratado de Libre Comercio con Corea del Sur. El restablecimiento de las relaciones diplomáticas plenas de Estados Unidos con Myanmar también es una cuña dirigida contra China, que tiene proyectos hidroeléctricos y de ductos en ese país.
¿Qué está en juego en el Mar de China Meridional?
En el documento que anuncia el giro de Estados Unidos a la región del Pacífico asiático, Hillary Clinton declaró el compromiso de los imperialistas de “asegurar la transparencia en la actividad militar de los principales actores de la zona” (léase China), contrarrestar los supuestos “esfuerzos de proliferación” de Corea del Norte y “defender la libertad de navegación por el Mar de China Meridional” (“America’s Pacific Century” [El siglo del Pacífico estadounidense], Foreign Policy, noviembre de 2011). Clinton detalla los pasos que Estados Unidos ha dado para reforzar sus alianzas en la región, incluyendo con Filipinas, donde los buques de guerra estadounidenses aumentarán sus “visitas” en el próximo periodo. En respuesta a las maquinaciones estadounidenses, el general Ma Xiaotian, jefe adjunto del estado mayor del Ejército de Liberación Popular (ELP) chino, advirtió tajantemente: “La cuestión de China Meridional no es asunto de Estados Unidos”.
Oficialmente, Estados Unidos niega cualquier intención de entablar una guerra por disputas territoriales en el Mar de China Meridional, afirmando que todos los interesados deben acatar las leyes internacionales. Estados Unidos, cabe señalar, nunca se ha molestado en firmar el tratado internacional respecto a disputas marítimas, suponiendo que su abrumador poderío militar y sus alianzas regionales están por encima de semejantes formalidades.
El Mar de China Meridional es un paso marítimo de importancia estratégica por el que circula la mitad del tonelaje de tráfico mercante mundial, incluyendo el 80 por ciento de las importaciones de crudo tanto de China como de Japón. Ya sea enteramente o en parte, la propiedad de los arrecifes y bancos de arena del Mar de China Meridional está en disputa entre los estados obreros de China y Vietnam y los capitalistas Malasia, Brunei, Filipinas y Taiwán. Actualmente China controla las Paracels, que están cerca de la franja costera del sureste, y buena parte de las más distantes Spratlys. El Mar de China Meridional siempre ha ofrecido una zona rica para la pesca, que actualmente provee el diez por ciento de la pesca mundial anual. También se cree que sus aguas esconden grandes yacimientos inexplorados de petróleo y gas natural. China calcula que la cantidad de petróleo llega a un 80 por ciento de las reservas demostradas de Arabia Saudita.
El Mar de China Meridional se conecta con el Océano Índico mediante el Estrecho de Malaca, que pasa entre Indonesia y Malasia y que sería un potencial cuello de botella para las importaciones chinas de petróleo y hierro. Dejando ver las intenciones imperialistas de dominar este crucial pasaje, en su artículo de Foreign Policy, Hillary Clinton alabó la expansión de la alianza de Estados Unidos con Australia “de una asociación del Pacífico a una Indo-Pacífica”.
En cualquier conflicto militar entre China o Vietnam y Estados Unidos, Filipinas o cualquier otro país capitalista, el deber del proletariado internacionalmente es asumir la defensa de los estados obreros. El grueso de la izquierda estadounidense —desde la International Socialist Organization [Organización Socialista Internacional] y los diversos remanentes maoístas hasta el ultraestalinista Progressive Labor Party [Partido Laboral Progresista]— declara a China capitalista o incluso imperialista, o irremediablemente en vías de serlo. Estos grupos guardan silencio respecto a las maquinaciones estadounidenses o bien, como en el caso del estrafalario Socialist Workers Party [Partido Obrero Socialista] de Jack Barnes, hacen eco de los propagandistas burgueses describiendo el conflicto como si tuviera lugar entre “potencias rivales” que se ven sacudidas por la “cada vez más profunda crisis del capitalismo mundial” (Militant, 30 de abril).
Por su parte, el Workers World Party (WWP, Partido Mundo Obrero) protesta contra la creciente beligerancia estadounidense, señalando con razón que “Washington y Wall Street no estarán satisfechos hasta haber recolonizado completamente China” (“U.S. Remains Hostile to China” [EE.UU. sigue siendo hostil a China], Workers World, 31 de mayo). Pero su defensa de China parte de su apoyo a un sector de la burocracia estalinista (representada, según el WWP, por el depuesto líder partidista de Chongking, Bo Xilai) supuestamente comprometida con la defensa de la propiedad estatal contra quienes quieren hacerle más concesiones al capital internacional. Esta posición llevó al WWP a apoyar la sangrienta represión del levantamiento de la Plaza Tiananmen en 1989, una revolución política incipiente.
Lo que Trotsky observó en La revolución traicionada respecto al régimen de Stalin es igualmente certero respecto al actual PCCh: la burocracia privilegiada y parasitaria “no proporciona ninguna garantía moral en la orientación socialista de su política. Continúa defendiendo la propiedad nacionalizada por miedo al proletariado”. La burocracia china ciertamente tiene muchas razones para temerle a la clase obrera, tanto de las empresas privadas como de las estatales, como se ha visto en las repetidas olas de huelgas y protestas a gran escala que los obreros han realizado en defensa de sus medios de subsistencia, para no hablar del descontento de los campesinos enfurecidos por la corrupción oficial.
Oponerse a las maniobras imperialistas en el este y el sureste asiáticos es fundamental para una perspectiva revolucionaria. Los altercados nacionalistas por la propiedad de las rocas e islotes deshabitados del Mar de China Meridional son algo totalmente distinto. Como marxistas revolucionarios, no tomamos lado en esas disputas territoriales y condenamos en particular las criminales riñas respecto a los derechos de exploración y pesca que han hecho que se enfrenten los regímenes estalinistas de Beijing y Hanoi. Estas riñas han llevado ya a choques militares francos en 1988 y 2011, así como a acciones policiacas menores, como la del Golfo de Tonkín de 2005, cuando la marina del ELP mató a tiros a nueve pescadores vietnamitas. Bajo un gobierno de consejos obreros y campesinos, China y Vietnam cooperarían para desarrollar los recursos naturales del área defendiéndose mutuamente del imperialismo.
Defender a China frente al imperialismo incluye oponerse a la ayuda militar que Estados Unidos le da a Taiwán, donde gobierna la clase burguesa que huyó de la Revolución de 1949. El 18 de mayo, el congreso estadounidense aprobó la venta de 66 aviones de combate F-16 a Taiwán. Apenas unas horas después, el Departamento de Defensa rindió ante el congreso su informe anual sobre China, donde señalaba que “el ELP sigue desarrollando la capacidad” para disuadir a Taiwán de declarar su independencia, negarle a Estados Unidos una intervención efectiva en la crisis del Estrecho de Taiwán y derrotar a las fuerzas taiwanesas en caso de un conflicto militar. Desde 1950, cuando, con el estallido de la Guerra de Corea, Estados Unidos mandó a su VII Flota a las aguas que separan Taiwán de la China continental, Washington ha considerado a la isla su “portaviones inhundible”, es decir, como un puñal apuntando al corazón de la China continental.
El imperialismo japonés también ha comprometido sus fuerzas para apoyar al Taiwán capitalista en un conflicto militar con China. Después de que Estados Unidos y Japón emitieran en febrero de 2005 una declaración que afirmaba que Taiwán era “una preocupación de seguridad mutua”, las secciones estadounidense y japonesa de la LCI escribimos en una declaración conjunta: “Desde la antigüedad Taiwán ha sido parte de China, y los trotskistas estaremos del lado de China en caso de cualquier conflicto con el imperialismo respecto a Taiwán” (WV No. 844, 18 de marzo de 2005). Al oponernos a la política del PCCh de “un país, dos sistemas” de reunificarse con Taiwán manteniendo ahí la propiedad capitalista, llamamos a la reunificación revolucionaria de China mediante una revolución política contra el régimen estalinista en el continente, una revolución socialista en Taiwán que derroque a la burguesía y la expropiación de los capitalistas de Hong Kong.
China, al igual que Corea del Norte, está directamente amenazada por la alianza militar reforzada de Estados Unidos y Japón. Japón, por ejemplo, ha sido clave para permitir a Estados Unidos instalar un sistema de defensa contra misiles que amenaza a los dos estados obreros. La SL/U.S. y el Grupo Espartaquista de Japón llaman a aplastar la alianza contrarrevolucionaria de Estados Unidos y Japón mediante la revolución obrera en ambos lados del Pacífico.
Frenesí antichino en Filipinas
La más álgida de las disputas recientes del Mar de China Meridional comenzó en abril, cuando Filipinas envió una fragata (proporcionada por Estados Unidos) para abordar barcos pesqueros chinos, que supuestamente llevaban corales “ilegalmente cosechados”. Entonces China envió a la zona dos naves de vigilancia marítima. Durante el auge mismo de la tensión, a finales de abril, Estados Unidos y Filipinas llevaron a cabo unos ejercicios militares previamente planeados, que incluían aproximadamente a 4 mil 500 infantes de marina, cerca de las Islas Palawán y del Arrecife Scarborough. Tanto China como Filipinas empezaron a retirar sus embarcaciones al comenzar la temporada de tifones.
El gobierno de Benigno Aquino en Manila ha intentado lanzar una cruzada nacionalista antichina respecto al Arrecife Scarborough —que en Filipinas llaman Panatag y en China Huangyan— y ha utilizado el incidente para obtener más ayuda de sus patrones en Washington. Filipinas ha llamado a Vietnam y otros países miembros de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN) a hacer a un lado sus disputas respecto al Mar de China Meridional y unirse contra China. Bajo la predecesora de Aquino, Gloria Arroyo, Filipinas abandonó un acuerdo para emprender un proyecto de desarrollo conjunto con China y Vietnam cuando las noticias del pacto detonaron un escándalo nacionalista antichino.
El pasado noviembre, Hillary Clinton se comprometió a que Estados Unidos reforzaría la capacidad naval de Filipinas sobre la base del Tratado de Defensa Mutua firmado en 1951, dos años después del derrocamiento del capitalismo en China. Japón, que envió tres buques de guerra a Filipinas en una “visita de buena voluntad” en mayo, aceptó entrenar y equipar a la guardia costera filipina, mientras Corea del Sur le ayudará a modernizar su ejército. En abril, el gobierno de Obama aprobó triplicar las ventas militares a Filipinas con respecto al año anterior. Esto es un peligro inminente para los obreros, campesinos y musulmanes moros que han sufrido una represión brutal a manos de las fuerzas armadas filipinas.
En una visita en junio a la Casa Blanca, Aquino hizo una petición directa por mayor presencia militar estadounidense en su antigua colonia para contrarrestar las “intenciones” de China, y obtuvo el compromiso de Estados Unidos de ayudarle a construir instalaciones especiales y a entrenar personal para monitorear los movimientos marítimos en el Mar de China Meridional. Además de nuevas maniobras conjuntas, Manila ya dio el visto bueno a que Estados Unidos vuelva a usar las gigantescas bases aéreas y navales de Clark y la Bahía de Súbic, que habían sido clausuradas a principios de los años 90.
Diversas organizaciones “socialistas” han ayudado a la campaña antichina espoleando la histeria nacionalista en torno al Arrecife Scarborough. La poca asistencia a las manifestaciones en Manila demostró que las masas no están tragándose el intento de Aquino de desviar la atención de su insoportable miseria social y económica a una cruzada contra China. Pero no ha sido por falta de esfuerzo del socialdemócrata AKBAYAN. Contando entre sus líderes al principal asesor político de Aquino y a otros funcionarios de gobierno, AKBAYAN organizó el 11 de marzo una marcha al consulado chino como parte del “día de acción global contra la intimidación china en el Mar Occidental de Filipinas”. El año pasado, Walden Bello, un académico consentido de la izquierda reformista internacional, se unió a otro legislador de AKBAYAN para proponer que el territorio marítimo en disputa fuera rebautizado Mar Occidental de Filipinas, el nombre que ahora usan los voceros del gobierno.
En cuanto al Partido Comunista de Filipinas (PCF), su declaración del 21 de abril exige que Estados Unidos detenga su “intervencionismo en Filipinas y el Pacífico asiático”, demandando al mismo tiempo que la “capitalista” China “se haga a un lado” y retire sus buques patrulla, afirmando la “soberanía nacional y la integridad territorial” de Filipinas sobre las áreas en disputa. Detrás de las pretensiones combativas del maoísta PCF hay un programa de colaboración de clases que ata la suerte de los profundamente empobrecidos obreros y campesinos a la de una inexistente ala “progresista” de la burguesía nacional. Así, lo que impulsa la guerra de guerrillas rural del PCF es la esperanza de que las negociaciones de paz lleven a un gobierno burgués de coalición que supuestamente extenderá la democracia y llevará a cabo la reforma agraria y la industrialización.
Bajo cualquier forma de dominio capitalista, Filipinas seguirá siendo una sociedad profundamente empobrecida bajo la bota de los imperialistas y el puño opresivo de la Iglesia Católica. La clase obrera filipina debe ser arrancada de la colaboración de clases nacionalista y conquistada a la perspectiva trotskista de la revolución permanente: la toma del poder por el proletariado a la cabeza de todos los pobres de la ciudad y el campo y la extensión internacional de la revolución socialista, incluyendo de manera crucial a los centros imperialistas.
Traiciones estalinistas chinas y vietnamitas
Algo particularmente peligroso para el proletariado mundial es el intento por parte del imperialismo estadounidense de aprovechar las disputas en el Mar de China Meridional para asegurarse el apoyo de Vietnam contra China. Estados Unidos sufrió una resonante derrota a manos de los obreros y campesinos vietnamitas, simbolizada por la aterrorizada huida en helicóptero de los agentes estadounidenses y sus títeres locales de Saigón en abril de 1975. Con la derrota militar de Estados Unidos y sus secuaces capitalistas asesinos de Vietnam del Sur, el país se reunificó como un estado obrero burocráticamente deformado, una victoria de los obreros del mundo. 20 años después, Estados Unidos normalizó sus relaciones con Vietnam. Y, conforme Hanoi impulsaba su propio programa de “reformas de mercado”, Estados Unidos empezó a estrechar lazos militares con Vietnam, marcados por las repetidas visitas de buques de guerra estadounidenses. El régimen vietnamita recientemente ha declarado su intención de permitirle a los navíos estadounidenses y de otros países el acceso a la Bahía de Cam Ranh, un fondeadero de aguas profundas para las rutas marítimas del Mar de China Meridional que fue una de las principales bases de Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam.
Hace dos años, Vietnam usó su presidencia del consorcio ASEAN, que no incluye a China, para poner en el orden del día el tema del Mar de China Meridional, lo que llevó a la declaración de Hillary Clinton de julio de 2010 en el Foro Regional de la ASEAN de que la libertad de navegación en el área es de “interés nacional” para Estados Unidos. Meses después, un diplomático vietnamita dijo al Grupo Internacional de Crisis, un organismo imperialista consultivo, que antes de la declaración de Clinton los chinos no tomaban a Vietnam muy en serio, pero “ahora nos escuchan”.
A finales de junio, el gobierno vietnamita declaró su soberanía y jurisdicción sobre las islas Paracels y Spratlys, lo que llevó a China a responder elevando el estatus administrativo que le concede a esas islas. Con Vietnam patrullando por aire las Spratlys, China recién ha enviado al área patrullas “listas para el combate”. La insistencia de Beijing de que China tiene derecho a poseer esas islas y casi todo el Mar de China Meridional se basa en alegatos que se remontan al siglo XV, si no es que antes. En el Atlantic (junio de 2012), el analista militar estadounidense Robert Kaplan reporta que un funcionario vietnamita respondió a esos alegatos afirmando que, cuando China ocupó Vietnam hace seis siglos, no ocupó las Paracels ni las Spratlys. “Si ese grupo de islas pertenecía a China —preguntó el funcionario—, ¿por qué los emperadores Ming no lo incluían en sus mapas?”
El nacionalismo grotesco y retrógrada de ambos regímenes estalinistas no puede sino minar la defensa de las conquistas sociales de las revoluciones que derrocaron el dominio capitalista. De hecho, cuando en el verano de 2011 el gobierno vietnamita impulsaba protestas semanales antichinas en Hanoi, los emigrados anticomunistas vietnamitas en Seattle, París y otras ciudades se unieron a la campaña organizando sus propias manifestaciones. Hanoi puso fin a las protestas en agosto, temiendo que éstas obstaculizaran sus intentos de negociación con Beijing.
La antipatía nacionalista vietnamita con respecto a China, rasgo central de la conciencia popular basada en siglos de opresión a manos de los gobernantes dinásticos chinos, se ha visto reforzada por las repetidas traiciones de los estalinistas del PCCh a los obreros y campesinos vietnamitas, producto de la alianza antisoviética que entabló Mao con Estados Unidos. A finales de los años 50 y durante los 60, el antagonismo de los regímenes estalinistas de Moscú y Beijing —marcado, por ejemplo, por la negativa del Kremlin a ayudar a China en su guerra fronteriza de 1959 con la India— se convirtió en una escisión hecha y derecha. En poco tiempo, Mao ya estaba proclamando que el “socialimperialismo soviético” era un peligro aun mayor que el imperialismo estadounidense, encajando bien con la meta estratégica estadounidense de destruir al estado obrero degenerado soviético. La frontera sino-soviética llegó a ser una de las más militarizadas del mundo.
Mientras la mayor parte de la Nueva Izquierda se entusiasmaba con la catastrófica “Revolución Cultural” de Mao, la Spartacist League advirtió previsoramente que la línea antisoviética de la burocracia del PCCh significaba que “no puede descartarse el peligro de una alianza imperialista con China contra los rusos” (“Chinese Menshevism” [Menchevismo chino], Spartacist [Edición en inglés] No. 15-16, abril-mayo de 1970). El artículo concluía:
“El trotskismo...es hoy la única tendencia que defiende la unidad comunista contra el imperialismo. Las camarillas que dirigen la Unión Soviética y China, cada una comprometida con la política estalinista básica del ‘socialismo en un solo país’ (el propio), deben ser derrocadas por la revolución política y sus medidas contrarrevolucionarias deben ser remplazadas por un compromiso firme con el internacionalismo revolucionario y proletario”.
La alianza quedó sellada en 1972 con la visita de Richard Nixon a China, donde se reunió con Mao mientras las bombas estadounidenses llovían sobre los heroicos vietnamitas. En 1979, apenas cuatro años después de la victoria de la Revolución Vietnamita, China invadió Vietnam y sufrió una contundente derrota a manos de sus combatientes fogueados en la batalla. El cobarde ataque de China, en el que actuó como peón de los derrotados imperialistas estadounidenses, vino como secuela de la visita del líder chino Deng Xiaoping a Estados Unidos, parte de su campaña para atraer a China inversión capitalista extranjera. Su régimen procedió a darle apoyo material a los reaccionarios degolladores muyajedín que combatían a las fuerzas del Ejército Soviético en Afganistán, una de las muchas formas en que el PCCh contribuyó, desde tiempos de Mao, a la caída del estado obrero soviético. Ahora se ha cerrado el ciclo de traiciones estalinistas con el reacercamiento de Vietnam al imperialismo estadounidense, que hoy, como antes, es el principal enemigo de los trabajadores del planeta.
¡Reforjar la IV Internacional!
La LCI, que luchó hasta el final por la defensa de la Unión Soviética ante la contrarrevolución capitalista, es la única en sostener el programa trotskista de defensa de los estados obreros deformados que quedan, como parte de nuestra lucha por nuevas revoluciones de Octubre. Como Trotsky dejó en claro en “La URSS en guerra” (septiembre de 1939), para la IV Internacional, que se había fundado un año antes, la cuestión de derrocar a la burocracia soviética “está subordinada a la cuestión de preservar la propiedad estatal de los medios de producción en la URSS” y la preservación de esa propiedad estatal “está subordinada para nosotros a la cuestión de la revolución proletaria mundial”.
La destrucción de la Unión Soviética hizo retroceder la conciencia proletaria, si bien de manera desigual, en todo el mundo, lo que resultó en un nivel históricamente bajo de identificación con el comunismo como programa para liberar a la humanidad de las carencias, la opresión y la guerra. Sin embargo, el funcionamiento mismo del sistema capitalista siembra las semillas de la lucha social y de clase, que ya se anuncia en las luchas de los obreros de Grecia y otras partes contra los dictados de austeridad de los banqueros y sus gobiernos.
Lo que hay que hacer es forjar partidos proletarios de vanguardia como secciones de una IV Internacional reforjada, partido mundial de la revolución socialista. Como sección estadounidense de la LCI, la Spartacist League tiene la misión de construir un partido obrero revolucionario en las entrañas del monstruo imperialista. Cuando los obreros se apoderen de la riqueza industrial que hoy se le exprime a la clase obrera para la ganancia de los patrones, comenzaremos a construir una economía socialista planificada a escala mundial. Entonces, algunos crímenes históricos podrán enmendarse y algunas deudas podrán cobrarse finalmente ―como las decenas de miles de millones de dólares que Estados Unidos le debe a los vietnamitas y a los demás países que han sido dañados por los tanques y bombas estadounidenses―, y la maquinaria de guerra que los imperialistas usan para defender sus ganancias mediante la sangre y el terror será destruida de una vez y para siempre.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/36/china.html
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2016.05.21 16:25 ShaunaDorothy Declaración de la LCI para las protestas de Praga contra el FMI y el Banco Mundial ¡Aplastar la explotación imperialista mediante la revolución socialista mundial! (noviembre de 2000)

https://archive.is/feRdA
A continuación publicamos una declaración de la Liga Comunista Internacional, emitida el 16 de septiembre pasado, dirigida a las protestas planeadas contra el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) en Praga ese mismo mes. Las protestas contra la "globalización" se han convertido en un foco de actividad internacionalmente, y han sido objeto de viciosos ataques y terror policiacos, incluyendo arrestos masivos. Exigimos la inmediata liberación de todos los arrestados y el levantamiento de todos los cargos.
Los jóvenes radicalizados atraídos a estas protestas quieren superar el odioso empobrecimiento de las masas en el "Sur Global" que se justifica y forza en nombre del capitalismo del "libre mercado". Sin embargo, los organizadores de la campaña contra la "globalización" buscan encauzar estas preocupaciones y la lucha por la justicia social hacia apelaciones nacional-chovinistas a su propia burguesía.
La demanda principal de la protesta de Seattle fue que la Casa Blanca de Clinton presionara a la OMC para que adoptara y forzara una ley de normas internacionales para el trabajo y el medio ambiente. Además, la protesta estuvo dominada políticamente por la burocracia sindical de la AFL-CIO, que puso en escena una orgía anticomunista contra China y de proteccionismo chovinista. Las manifestaciones en Washington unos meses después se enfocaron en apelaciones liberales a los dirigentes del Banco Mundial para que cancelaran la deuda de los países del "Tercer Mundo".
Los organizadores de estas movilizaciones denuncian molestos al FMI, la OMC y el Banco Mundial por ser antidemocráticos y estar bajo el control de grandes corporaciones "trasnacionales". Al mismo tiempo, apelan a los gobiernos "democráticos" de América del Norte y Europa Occidental. En realidad, el estado capitalista estado u ni dense es el instrumento político fundamental de los bancos de Wall Street, General Motors, Boeing y otros; el estado capitalista alemán cumple el mismo propósito para los bancos de Frankfurt, Daimler-Benz y Siemens; etc. Las instituciones económicas internacionales como el FMI y la OMC están dominadas políticamente por los estados imperialistas principales, mientras que se convierten cada vez más en una arena de conflictos entre ellos.
En México, entre los principales porristas del "espíritu de Seattle" se encuentran la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) y su grupo juvenil Contracorriente. En su periódico Estrategia Obrera núm. 14 (octubre de 2000) ensalzan las manifestaciones como "una nueva vanguardia anticapitalista" sin mencionar una sola palabra sobre sus ilusiones en el imperialismo "democrático" ni sobre la contrarrevolución capitalista que ha dado pie a la embestida burguesa antiproletaria a nivel mundial. La LTS apoyó esos movimientos contrarrevolucionarios en Europa Oriental y la URSS sin cuyo triunfo, para empezar, no se habrían reunido el FMI y el BM en Praga, capital del antiguo estado obrero checoslovaco. Con una verborrea nacionalista tercermundista antiestadounidense, el artículo de la LTS no menciona ni por equivocación al enemigo principal de los obreros y jóvenes radicalizados en México: la burguesía mexicana lacaya de los imperialistas.
En oposición fundamental a los principales impulsores seudoizquierdistas del "imperialismo de los derechos humanos", la Liga Comunista Internacional lucha por la liberación de los obreros, campesinos y otros trabajadores, de la explotación, la pobreza y la degradación social mediante revoluciones proletarias tanto en los centros imperialistas como contra sus lacayos en los países neocoloniales, estableciendo así la base para una economía socialista planificada internacional.
¿"Convertir a Praga en Seattle"? ¡Si no hubiera sido por la contrarrevolución que destruyó Europa Oriental y la antigua Unión Soviética hace una década, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional no se estarían reuniendo en Praga! La "revolución de terciopelo" desmembró a Checoslovaquia y ahora el pueblo trabajador, las mujeres y las minorías nacionales y étnicas sufren la cruda explotación, el empobrecimiento y las depredaciones del mercado capitalista. En cuanto a las ilusiones de "libertad", hoy las fuerzas policiacas especialmente entrenadas por el FBI estadounidense y apoyadas por la OTAN amenazan las manifestaciones obreras e izquierdistas con un reforzamiento brutal de la "ley y el orden" de los banqueros imperialistas.
A pesar de toda la palabrería sobre la preocupación por las masas trabajadoras, el llamado oficial para un "día global de acción" en Praga no dice nada sobre el tratamiento de choque capitalista que llevó a una precipitación en la expectativa de vida y devolvió la hambruna a Rusia, echó hacia atrás el derecho de las mujeres al aborto a lo largo de Europa Oriental y dio pie a la emergencia de una plaga parda de terror fascista dirigida especialmente contra inmigrantes y romaníes (gitanos). La guerra de los Balcanes del año pasado hundió a Serbia en una devastación peor que la de los nazis de Hitler. El resultante desastre económico, social y ecológico tampoco mereció mención en el manifiesto oficial para Praga. ¿Por qué sucede esto? Porque los supuestos izquierdistas que organizaron la protesta "antiglobalización" de este año son principalmente la mismísima gente que apoyó la guerra imperialista contra Serbia a nombre de la preocupación "humanitaria" por los albaneses kosovares. Son también los mismos "izquierdistas" que se unieron a sus propios gobernantes capitalistas para luchar por la destrucción de la Unión Soviética y los estados obreros deformados de Europa Oriental y quienes apoyaron la elección de la sangrienta camarilla de falsos "socialistas", "ex comunistas" y dirigentes "laboristas" que actualmente gobiernan la Europa capitalista.
Nosotros, camaradas de la Liga Comunista Internacional (LCI), estamos orgullosos de luchar por el auténtico comunismo de los bolcheviques de Lenin y Trotsky. Nuestra perspectiva es proletaria, revolucionaria e internacionalista. Reconocemos que el conflicto fundamental en la sociedad es la lucha del trabajo contra el capital. Debido a su papel central en la producción, el proletariado tiene el poder social para tirar a los explotadores capitalistas y a todo su sistema de explotación de clase, la opresión racial, sexual y nacional y la guerra imperialista. El proletariado tiene el poder y el interés de clase para crear una sociedad —inicialmente un estado obrero— sobre la base de la propiedad colectiva y una economía racional e internacionalmente planificada, llevando a una sociedad comunista sin clases y a la extinción del estado. Alcanzar esta meta requiere de la construcción de un partido leninista-trotskista igualitario internacional. Luchamos por convertirnos en el partido capaz de dirigir revoluciones socialistas internacionales.
Sostener las conquistas proletarias ya arrebatadas a la clase capitalista es parte integral de nuestra lucha. Es por eso que nosotros los trotskistas luchábamos por la defensa militar incondicional de la Unión Soviética y de los estados obreros deformados de Europa Oriental contra el ataque imperialista y la restauración capitalista. Con todos los recursos a nuestro alcance, luchamos en 1989-90 en la RDA [Alemania Oriental] por dirigir una revolución política obrera, manteniendo las formas de propiedad colectiva y reemplazando a los falsos dirigentes estalinistas por un gobierno de consejos obreros. Esto pudo haber sido la guía para la resistencia contra la restauración capitalista a lo largo de Europa Oriental y para la revolución socialista proletaria en occidente. La LCI luchó de nuevo por despertar a los obreros soviéticos para preservar y extender las conquistas de la Revolución Rusa de 1917, que había sido asquerosamente traicionada por décadas de falsa dirección estalinista, pero que no fue derrocada hasta 1991-92. Hoy, el destino del estado obrero deformado chino y la vida de miles de millones de trabajadores en China, a lo largo de Asia y alrededor del mundo, penden en la balanza. Luchamos por la defensa militar incondicional del estado obrero chino contra las renovadas maquinaciones militares e intromisiones económicas imperialistas. Las conquistas de la Revolución China de 1949 están amenazadas por las "reformas" económicas de mercado de los estalinistas chinos, pero estos ataques también han engendrado una revuelta proletaria significativa. Es necesario un partido trotskista para dirigir al proletariado a la victoria mediante una revolución política obrera para preservar y extender las conquistas de la Revolución China de 1949.
Las devastadoras consecuencias mundiales de la contrarrevolución capitalista también destruyeron las teorías antimarxistas del "capitalismo de estado", adoptadas por la Tendencia Socialista Internacional del fallecido Tony Cliff y los estrafalarios y siempre cambiantes "ideólogos" de la Liga por una Internacional Comunista Revolucionaria (LICR, o sea Workers Power) y otros renegados del marxismo (ver "La bancarrota de las teorías sobre ‘una nueva clase’", Spartacist [edición en español] núm. 30, primavera de 2000). Según los cliffistas, la contrarrevolución en la antigua URSS fue simplemente un "paso a un lado" de una forma de capitalismo a otra. Su antisovietismo rabioso de la Guerra Fría se expresó en aquel momento: "El comunismo colapsó.... Es un hecho que debe regocijar a todo socialista." (Socialist Worker, [Gran Bretaña], 31 de agosto de 1991).
Hoy, el proletariado fue arrojado hacia atrás en todo el mundo, y los imperialistas de EE.UU., sin el freno del poderío militar soviético, pueden andar sin miramientos por todo el planeta, utilizando algunas veces a la Organización de las Naciones Unidas como hoja de parra, en volviendo intervenciones militares globales en el manto del "humanitarismo". Los imperialismos rivales, especialmente Alemania y Japón, sin la restricción de la unidad antisoviética de la Guerra Fría, buscan aplacar sus propios apetitos por controlar los mercados mundiales y proyectar concomitantemente su poder militar. Estos intereses nacionales en conflicto llevaron a la ruptura de las pláticas de la OMC en Seattle el año pasado. Estas rivalidades interimperialistas demarcan guerras futuras con armas nucleares, lo cual amenaza con extinguir la vida en el planeta.
Así, la tarea de quitar el poder a los explotadores capitalistas es ahora más urgente que nunca. Sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario. Hoy, las premisas básicas del marxismo auténtico deben ser motivadas contra la falsa identificación prevaleciente del colapso del estalinismo con el fracaso del comunismo. El dominio estalinista no era comunismo, sino su perversión grotesca. La burocracia estalinista, una casta parasitaria empotrada sobre el estado obrero como la burocracia asentada sobre un sindicato, surgió en el estado obrero degenerado soviético bajo condiciones de atraso económico y aislamiento debido al fracaso por extender la revolución a cualquiera de los países capitalistas avanzados. Los estalinistas dijeron que construían el "socialismo en un solo país", algo imposible, como explicó León Trotsky (y Marx y Engels antes que él), ya que el socialismo es necesariamente de extensión internacional. El "socialismo en un solo país" fue una justificación para vender revoluciones internacionalmente para aplacar al imperialismo mundial. Como lo explicó de manera brillante Trotsky en La revolución traicionada (1936), las contradicciones de la sociedad soviética no podían durar por siempre: "¿Devorará el burócrata al estado obrero, o la clase obrera lo limpiará de burócratas?" Esa contradicción se resolvió amargamente por la negativa.
Marxismo contra anarquismo y "globalización"
La gente que se llama a sí misma "anarquista" reúne una gama que va desde los golpeadores pequeñoburgueses derechistas que odian a la clase obrera y atacan a los comunistas, hasta revolucionarios subjetivos que se solidarizan con el proletariado y buscan genuinamente derrocar a la burguesía. En el último caso, el atractivo del anarquismo es un rechazo saludable al reformismo parlamentario de los socialdemócratas, los ex estalinistas y los falsos izquierdistas que promueven y mantienen el orden capitalista. De hecho, por oponerse a los falsificadores reformistas del marxismo, el mismo Lenin fue denunciado como anarquista. Cuando el líder bolchevique llegó a Rusia en abril de 1917 y llamó por una revolución obrera para derrocar al gobierno provisional capitalista, los mencheviques denunciaron a Lenin como "un candidato... ¡al trono de Bakunin!" (Sujánov, The Russian Revolution, 1917: A personal record [La Revolución Rusa, 1917: Un registro personal, 1984]). (Bakunin era el líder anarquista de la I Internacional). Como lo puso Lenin en El estado y la revolución: "Los oportunistas de la socialdemocracia actual tomaron las formas políticas burguesas del estado democrático parlamentario como límite del que no podía pasarse y se rompieron la frente de tanto prosternarse ante este ‘modelo’, considerando como anarquismo toda aspiración a romper estas formas."
No es sorprendente que haya algún resurgimiento de las creencias anarquistas, fertilizadas por el triunfalismo burgués multilateral de que "el comunismo ha muerto". La Revolución Rusa redefinió a la izquierda internacionalmente y su desmantelamiento final tiene un efecto similar a la inversa. Cuando el nuevo estado obrero era en los hechos un faro para la liberación, en el clímax de los levantamientos revolucionarios internacionales fomentados por la Revolución Rusa, los mejores de los militantes anarquistas y sindicalistas (por ejemplo James P. Cannon, Víctor Serge y Alfred Rosmer) se convirtieron en luchadores dedicados y disciplinados por el comunismo de Lenin y Trotsky. Antes de su ruptura final con el marxismo, Serge el anarquista increpó a los socialdemócratas, que llevaron a los obreros a la carnicería imperialista de la Primera Guerra Mundial y viajó a la Rusia soviética a apoyar al nuevo estado obrero. En el curso de la lucha contra los revanchistas contrarrevolucionarios (a quienes algunos anarquistas apoyaron de manera criminal), Serge se unió al Partido Bolchevique y escribió a sus amigos anarquistas franceses para motivar al comunismo contra el anarquismo:
"¿Qué es el Partido Comunista en épocas de revolución? Es la élite revolucionaria, poderosamente organizada, disciplinada, obedeciendo a una dirección congruente, avanzando hacia una sola meta claramente definida por los caminos trazados para ésta, mediante una doctrina científica. Siendo una fuerza tal, el partido es el producto de la necesidad; es decir, son las leyes de la historia misma. Esa élite revolucionaria que en época de violencia permanece desorganizada, indisciplinada, sin una dirección congruente y abierta a impulsos variables o contradictorios, se dirige al suicidio. No es posible ningún punto de vista contrario a esta conclusión."
—La vie ouvrière, 21 de marzo de 1922; reimpreso en The Serge-Trotsky Papers [Los archivos de Serge-Trotsky], Cotterill, ed. (1994)
La difusa popularidad del "anarquismo" entre la juventud actual es por sí misma un reflejo del retroceso en la conciencia política en el nuevo periodo político que comenzó con la derrota colosal que fue la contrarrevolución capitalista en la URSS y en Europa Oriental. En el fondo, el anarquismo es una forma de idealismo democrático radical que apela a la supuesta bondad innata, incluso de los imperialistas más rapaces, para servir a la humanidad. La Liga de los Justos (que cambió de nombre a Liga de los Comunistas alrededor del ingreso de Karl Marx en 1847) tenía como consigna principal "Todos los hombres son hermanos". Observando que había algunos hombres de los que no era ni quería ser hermano, Marx convenció a sus camaradas de cambiar la consigna a "¡Proletarios de todos los países, uníos!"
Históricamente, el anarquismo ha probado ser un obstáculo colaboracionista de clase para la liberación de los oprimidos. Uniéndose a los Ejércitos Blancos contrarrevolucionarios, algunos anarquistas saludaron el levantamiento de Kronstadt contra la Revolución Rusa, y Kronstadt sigue siendo una piedra de toque anticomunista para los anarquistas de hoy. Durante la Guerra Civil española, los anarquistas se convirtieron en ministros del gobierno del frente popular que desarmó y reprimió la lucha armada de los obreros contra el capitalismo, abriendo el camino a las décadas de dictadura franquista.
Hoy, las diferencias fundamentales entre el marxismo revolucionario y el idealismo liberal anarquista también se pueden ver en las protestas contra la "globalización". La noción de que las grandes corporaciones capitalistas trascienden actualmente el sistema de estado-nación y dominan el mundo a través de instituciones como el FMI y la OMC es falsa hasta la médula. La "globalización" es una versión actual de la idea del "ultraimperialismo" propuesta por el socialdemócrata alemán Karl Kautsky, quien arguyó que los capitalistas de diferentes países pueden resolver sus conflictos de intereses con medios pacíficos (incluso democráticos). Como señalamos en nuestro folleto Imperialism, the "Global Economy" and Labor Reformism [El imperialismo, la "economía global" y el reformismo obrero]: "Las firmas llamadas multinacionales o trasnacionales no operan por encima ni independientemente del sistema de estado-nación; más bien, dependen vitalmente de sus estados burgueses nacionales para proteger sus inversiones más allá de sus fronteras de la oposición popular y de los estados capitalistas rivales. De allí que los estados imperialistas deben mantener poderosas fuerzas militares y la correspondiente base industrial doméstica."
Muchas organizaciones que apoyan la movilización de Praga piden un "control democrático" del FMI o del Banco Mundial para mejorar las condiciones de la gente del "Sur Global" (Asia, África y América Latina). El PDS alemán (Partido del Socialismo Democrático) argumenta que el trabajo del FMI y del Banco Mundial debe hacerse más transparente y está por una Organización de las Naciones Unidas genuinamente internacional. Hemos llamado "imperialismo de los derechos humanos" a estas apelaciones a la acción, en nombre de los obreros y de los oprimidos, a los opresores y amos directos imperialistas. No sólo son absurdas, sino que estas apelaciones a que el imperialismo se vuelva de alguna manera más responsable y humanitario, son reaccionarias porque crean ilusiones mortales en que la dictadura de la burguesía en sus adornos "democráticos" pueden de alguna manera ser el agente del cambio social a favor de los obreros y de los oprimidos. Esta mentira ata a los explotados a sus explotadores y traza un callejón sin salida para la lucha social.
La idea de que una Organización de las Naciones Unidas "global" puede actuar a favor de los intereses de la humanidad es una mentira que enmascara los mecanismos económicos del imperialismo capitalista. El imperialismo no es una política basada en "malas ideas", sino que es integral para el funcionamiento del sistema basado en la propiedad privada, la extracción de ganancias y la necesidad del capitalismo de conquistar nuevos mercados. Como explicó Lenin respecto a la antecesora de la ONU, la Liga de las Naciones: "Resultó que la Liga de las Naciones no existe, que la alianza de las potencias capitalistas es puro engaño y que, en realidad, es una alianza de asaltantes, cada uno de los cuales trata de arrebatar algo al otro.... La propiedad privada es un robo, y un Estado basado en la propiedad privada es un Estado de asaltantes que hacen la guerra para el reparto del botín." (Discurso en la conferencia de presidentes de comités ejecutivos de distritos, subdistritos rurales y aldeas de la provincia de Moscú", 15 de octubre de 1920).
La primera intervención de la ONU (1950-53) fue una "acción policiaca" contra los estados obreros deformados norcoreano y chino, masacrando a hasta cuatro millones de corea nos. Una década después, la intervención militar asesina en el antiguo Congo Belga fue dirigida bajo los auspicios de la ONU e incluyó el asesinato del nacionalista de izquierda Patrice Lumumba. En el extremo izquierdo del espectro anarquista aparece un artículo en la "página de internet A-Infos" anarquista, que sobresale entre los constructores de la manifestación de Praga por su aguda oposición a rogarle al enemigo de clase que actúe con moralidad y "cancele la deuda del Tercer Mundo". Llaman a aplastar al FMI y al Banco Mundial, y proponen: "Las demandas directas se colocarán no sobre los apaciguadores y compañía, sino sobre las organizaciones obreras y sus direcciones reformistas para desechar al FMI-Banco Mundial y para cancelar la deuda trillonaria ¡YA!" Pero el mundo no se cambiará mediante consignas lanzadas en una gran manifestación o incluso en una gran huelga, y las direcciones reformistas a las que llaman apoyan al imperialismo capitalista. ¿Cómo llegamos entonces del capitalismo al socialismo? Esa es la pregunta para la cual el anarquismo no tiene respuesta.
La teoría marxista y el modelo de los bolcheviques de Lenin dirigiendo a la clase obrera al poder estatal en la Revolución Rusa de octubre de 1917 es la única solución revolucionaria. Los obreros no pueden tomar la maquinaria del estado capitalista y "reformarla" en el interés de los oprimidos. Deben luchar por el poder, aplastando al estado capitalista y creando un estado obrero –una dictadura del proletariado— que aplastará la resistencia contrarrevolucionaria de los antiguos gobernantes capitalistas. Los bolcheviques de Lenin cancelaron la deuda acumulada por el zar y la burguesía rusa al tomar el poder y negarse a pagarla. Esto fue parte de la perspectiva revolucionaria internacionalista de los bolcheviques; contra el apaciguamiento del imperialismo, lucharon por extender el Octubre ruso a una revolución socialista mundial. Entendieron que no podía construirse el socialismo en un solo país.
Contra los aspectos reaccionarios predicados por los anarquistas tradicionales como Prudhon y de los que hoy hacen eco los "verdes" pequeñoburgueses, de que los trabajadores no deben aspirar al bienestar, sino que deben vivir en una existencia espartana comunal, nosotros los marxistas luchamos por la eliminación de la escasez, por una sociedad donde los trabajadores disfruten los frutos de su trabajo que hoy expropian los capitalistas. Decirle a los trabajadores que "aprieten el cinturón" es, de hecho, el programa del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, mediante las políticas hambreadoras de "austeridad" impuestas a las masas del "Tercer Mundo". En nombre de "defender al medio ambiente", los partidos verdes que están ahora en las coaliciones gobernantes en Alemania y en Francia son aún más agresivos que los socialdemócratas imponiendo la "austeridad" capitalista. Frente a las recientes protestas masivas contra los precios extorsionados del combustible, los verdes franceses se opusieron a la concesión del primer ministro socialista de reducir el impuesto al combustible en un 15 por ciento.
En contraste con el impulso anarquista/verde de detener el avance técnico y reducir el nivel de consumo, nosotros los marxistas tomamos el lado de Big Bill Haywood, un dirigente de los IWW (Obreros Industriales del Mundo, conocidos como los "Wobblies"). Cuando un camarada le reprochó que fumara un buen puro, respondió: "¡Nada es demasiado bueno para el proletariado!" Los marxistas reconocemos que la historia del progreso humano ha sido una lucha por dominar a las fuerzas de la naturaleza. El desarrollo de la agricultura y la domesticación de animales fue una incursión exitosa dentro de la "ecología natural" del planeta, que creó un excedente social, abriendo un camino hacia delante partiendo de la breve y brutal lucha por la subsistencia diaria en la sociedad humana temprana. Para extender a las masas empobrecidas del "Tercer Mundo" todas las cosas de las que gozan los izquierdistas pequeñoburgueses occidentales —electricidad, escuelas, agua limpia potable, medicinas, transporte público, computadoras— se requiere un gigantesco avance en la capacidad industrial y técnica. Ese avance requiere de una revolución internacional victoriosa dirigida por una vanguardia revolucionaria consciente, para hacer consciente a la clase obrera de su misión y para arrebatarla del grillete de los reformistas y seudorrevolucionarios, lacayos del capitalismo.
Es precisamente el servicio leal de los "verdes" nacionalistas burgueses a la clase dominante lo que los lleva a ignorar los más grandes desastres ecológicos del planeta. Así, Joschka Fisher, el ministro verde de asuntos exteriores del IV Reich, apoyó el bombardeo a Serbia de manera vociferante. Los Balcanes están ahora asolados por las cápsulas de uranio residuales y el agua envenenada, y la destrucción de la infraestructura industrial y social moderna significa que la verdadera cuenta de muertos de la guerra de los Balcanes será engrosada por muchos años. Con "verdes" como estos, ¿quién necesita al Doctor Insólito, a I.G. Farben o a la Dow Chemical Company?
De la misma manera, la Guerra del Golfo contra Irak en 1991 destruyó una de las sociedades más avanzadas en la región. Hace diez años, la tasa de mortandad infantil en Irak estaba entre las más bajas del mundo y hoy es la mayor; una sociedad cuya avasalladora mayoría sabía leer y escribir y tenía acceso al servicio médico, ahora muere literalmente de hambre, gracias al bloqueo continuo de la Organización de las Naciones Unidas. Los llamados "izquierdistas" que se opusieron a la guerra devastadora contra Irak contrapusieron las sanciones de la ONU como una alternativa "humanitaria". La LCI se opuso a las sanciones como un acto de guerra que ha matado a más gente que las bombas. El apoyo de la falsa izquierda a los sangrientos crímenes del "imperialismo de los derechos humanos" es la única explicación del estruendoso silencio sobre estas cuestiones en cualquier propaganda oficial para las protestas "anti-globalización" en Seattle, Washington D.C. y Praga. La LCR francesa llamó abiertamente por una intervención militar imperialista en Kosovo bajo el control de la OCSE [Organización para la Cooperación y la Seguridad Europea] o de la ONU (Rouge, 1º de abril de 1999). La LICR (Workers Power) hizo campaña abiertamente por la derrota de las fuerzas serbias ante el ELK, herramienta del imperialismo de la OTAN; compartió una plataforma en Londres con entusiastas del bombardeo de la OTAN y celebró el retiro de las fuerzas serbias, proclamando estúpidamente que "en la secuela de la victoria de la OTAN en Kosovo una situación prerrevolucionaria está madurando" ("La lucha por derrotar a Milosevic en Serbia", 11 de agosto de 1999, declaración de la LICR).
En contraste, la LCI luchó en todas partes por la defensa militar de Serbia contra el imperialismo de EE.UU./ONU/OTAN, sin dar ni un miligramo de apoyo político al chovinista serbio Milosevic, de la misma forma en la que anteriormente luchamos por movilizar al proletariado en la Guerra del Golfo por la derrota del imperialismo y tomamos abiertamente la defensa de Irak (ver la declaración de la LCI sobre la guerra en los Balcanes, abril de 1999 en Spartacist [núm. 30]). Los internacionalistas revolucionarios luchan por la derrota de "su propia" burguesía y por la defensa de las víctimas de la guerra imperialista. La orgía de socialchovinismo de los supuestos izquierdistas es un reflejo directo de su apoyo a los gobiernos europeos que impulsaron la Guerra de los Balcanes. Hace dos años, el SWP británico [el cliffista Socialist Workers Party] hizo una campaña a favor de y se declaró a sí mismo "por encima de la luna" por la elección de Tony Blair, quien era el más grande halcón de la OTAN en Europa. Mientras que posaban a la izquierda en la guerra en los Balcanes contra la cobarde multitud del "pobrecito Kosovo", el SWP mostró su juego en su repugnante apoyo al "Nuevo" Laborismo de Tony Benn, cuya oposición a la guerra estuvo empapada del antiamericanismo chovinista de la "Pequeña Inglaterra". ¡Argüir que los cerdos imperialistas de Europa deben dirigir directamente la guerra en lugar de los estadounidenses difícilmente es un movimiento contra la guerra!
Al extremo derecho de este espectro nacionalista están los fascistas. El año pasado, los nazis alemanes marcharon contra la guerra en los Balcanes con consignas como "¡Ni una gota de sangre alemana por los intereses extranjeros!" El antiamericanismo nacionalista con el que el movimiento europeo contra la "globalización" se empapa profundamente, se transforma en fascismo abierto. Las organizaciones fascistas checas planean montar una provocación para su programa genocida en Praga el 23 de septiembre.
En el crisol de la primera guerra de importancia en Europa en cincuenta años, los falsos "trotskistas" demostraron ser productos en descomposición de la "muerte del comunismo". Hoy compiten por la posición para arrebatar el control del "movimiento antiglobalización". Sólo un tonto puede confiar en que los grupos que ayudaron a llevar a los actuales gobiernos capitalistas europeos al poder puedan ahora luchar contra estos gobiernos, sus bancos e instituciones en el interés de los oprimidos. Lejos de ser una alternativa marxista al anarquismo, los seudotrotskistas son oponentes activos del marxismo revolucionario encarnado en el programa y la prácticas de la LCI.
Las bases materiales del oportunismo y el chovinismo nacional
La ideología burguesa —por ejemplo el nacionalismo, el patriotismo, el racismo y la religión— penetra dentro de la clase obrera centralmente a través de la agencia de los "lugartenientes del capital dentro del movimiento obrero", las burocracias sindicales parasitarias basadas en un estrato superior privilegiado de la clase obrera. Si no son reemplazados por una dirección revolucionaria, estos reformistas dejarán a la clase obrera indefensa frente a los ataques capitalistas y permitirán que se destruya a las organizaciones del proletariado, o las dejarán impotentes al atar crecientemente a los sindicatos al estado capitalista. En su trabajo de 1916, El imperialismo, fase superior del capitalismo, Lenin explicó:
"La obtención de elevadas ganancias monopolistas por los capitalistas de una de las numerosas ramas de la industria, de uno de los numerosos países, etc., da a los mismos la posibilidad económica de sobornar a ciertos sectores obreros, y, temporalmente, a una minoría bastante considerable de los mismos, atrayéndolos al lado de la burguesía de una determinada rama industrial o de una determinada nación contra todas las demás. El antagonismo cada día más intenso de las naciones imperialistas, provocado por el reparto del mundo, refuerza esta tendencia. Es así como se crea el lazo entre el imperialismo y el oportunismo... Lo más peligroso en este sentido son las gentes [como el menchevique Mártov] que no desean comprender que la lucha contra el imperialismo, si no se haya ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo, es una frase vacía y falsa."
El chovinismo nacional y la cobarde capitulación de los organizadores de un movimiento contra la "globalización" son abundantemente evidentes. Así, los organizadores sindicales de la protesta de Seattle contra la OMC se unieron a las fuerzas anticomunistas de extrema derecha, denunciando el "trabajo esclavizado" en los estados obreros deformados chino y vietnamita. Se arrojó acero chino a la bahía y los letreros proclamaban "Primero la gente, no China". Ilustrando por qué Trotsky describió a la burocracia obrera norteamericana como la herramienta ideal de Wall Street para el dominio imperialista de América Latina, las cúpulas sindicales norteamericanas hicieron una campaña para vetar a los camioneros mexicanos de trabajar en EE.UU. No por nada, en América Latina la AFL-CIO es popularmente conocida como la "AFL-CIA". ¡Increíblemente, la Rifondazzione Comunista italiana y los seudotrotskistas del agrupamiento Proposta sostienen a la "dirección" de la AFL-CIA como un modelo a imitar para los trabajadores europeos (véase Proposta núm. 27, enero de 2000)!
Antes de Praga, el SWP británico trabajó poderosamente en la promoción de una manifestación sindical laborista en defensa de salvar los empleos británicos de la fábrica automotriz Rover. Esta manifestación fue un mar de banderas inglesas y de virulento chovinismo antialemán que pone a los obreros británicos contra los alemanes y ata a los primeros a la clase dominante británica. Consignas como "La Gran Bretaña ganó dos guerras mundiales—ganemos la tercera" dan una probada del veneno. Después de lo sucedido en Rover, el SWP se enterró en una campaña a favor de Ken Livingstone a la alcaldía de Londres; un político laborista que fue un vociferante exponente del terror imperialista contra Serbia y desató a la fuerza policiaca en casa. Cuando los manifestantes anarquistas profanaron irreverentemente los símbolos del imperialismo británico en una protesta del Día del Trabajo en Londres, el SWP se alejó por temor de avergonzar a su candidato a la alcaldía de Londres, el "Rojo" Ken Livingstone. Livingstone endosó la represión policiaca a los manifestantes del Día del Trabajo, muchos de los cuales continúan languideciendo en prisión o enfrentan cargos.
En Francia, José Bové dirige masas en protesta contra McDonald’s y las incursiones de la comida rápida norteamericana dentro del pala dar francés. Nuestro interés es organizar a las fuerzas laborales terriblemente mal pagadas en estas cadenas de comida rápida, sin importar cuál sea su propiedad nacional o su "cuisine". Además, si las preferencias culturales o culinarias son sinónimo de "imperialismo"; entonces, para las pocas luces de Bové, mejor preocupémonos por los italianos, porque la gente adora la pizza y ahora se vende en todas partes desde las Islas Aleutianas hasta el Amazonas. ¡¿O fue "imperialismo" cuando una máquina particular alemana, o sea, la imprenta, conquistó el mundo e hizo posible la alfabetización masiva?!
Hablando más en serio, el chovinismo nacional y el oportunismo de las cúpulas obreras de la falsa izquierda envenenan la conciencia de clase y la solidaridad entre los obreros al fomentar las divisiones religiosas, nacionales y étnicas. En años recientes, esto ha alcanzado un grado febril en el frenesí antiinmigrante. Esto amenaza la unidad y la integridad del proletariado como clase para resistir los ataques de los capitalistas y su estado. Como se señaló en la declaración de principios de la LCI (Spartacist [edición en español] núm. 29, otoño-invierno de 1998):
"El capitalismo moderno, es decir, el imperialismo, que alcanza todas las regiones del planeta, en el curso de la lucha de clases y conforme la necesidad económica lo exige, introduce al proletariado por sus estratos más bajos nuevas fuentes de mano de obra más barata, principalmente inmigrantes de otras regiones del mundo, más pobres y menos desarrolladas; trabajadores con pocos derechos que son considerados más desechables en tiempos de contracción económica. Así, el capitalismo, en forma continua crea estratos diferentes entre los obreros; mientras, simultáneamente, amalgama obreros de muchas tierras diferentes."
En el acuerdo Schengen, las potencias europeas cerraron sus fronteras a los inmigrantes, muchos de los cuales huyeron de la destrucción contrarrevolucionaria de Europa Oriental. Las políticas racistas antiinmigrantes de los socialdemócratas actualmente en el gobierno hacen eco a la demagogia de los nazis de "el barco está lleno" y ciertamente alimentan el terror fascista. Mientras tanto, los gobiernos socialdemócratas de frente popular a lo largo de Europa (gobiernos de coalición que involucran a partidos obreros reformistas y a partidos burgueses) arrullan peligrosamente a los obreros con ilusiones parlamentarias de que los socialdemócratas, cuyas propias políticas han pavimentado el camino a los fascistas, "prohibirán" a los fascistas. Tales prohibiciones han servido históricamente sólo para retocar la imagen de la misma burguesía que recurre al fascismo cuando ve amenazado su dominio. Históricamente, tales prohibiciones contra los "extremistas" se han utilizado contra la izquierda, no contra la derecha. En Alemania, en el periodo inmediato de la posguerra, en 1952, se prohibió un pequeño partido neonazi para retocar cosméticamente las credenciales "democráticas" de los herederos del III Reich, quienes reconstruyeron a la Alemania capitalista bajo los auspicios del imperialismo estadounidense. El verdadero propósito fue "justificar" una prohibición constitucional contra el Partido Comunista Alemán en 1956. Exigimos: ¡Plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes! ¡Ninguna con fianza en el estado burgués! ¡Por movilizaciones obreras y de minorías para detener a los fascistas!
El partido es el instrumento de la revolución socialista
El partido leninista es el instrumento para llevar la conciencia revolucionaria al proletariado, para organizar las luchas proletarias y guiarlas a la consolidación victoriosa en una revolución socialista. Un partido revolucionario debe luchar contra todos los casos de injusticia social y contra todas las manifestaciones de opresión. Es central a nuestra tarea el combatir todos los casos de opresión a las mujeres y "toda la antigua basura" que ha regresado con el oscurantismo religioso, los ataques contra los derechos al aborto y el fanatismo antigay. Soldar la audacia de la juventud al poder social del proletariado es crucial a la lucha por una nueva sociedad socialista.
Nuestro objetivo es una dirección revolucionaria cuyos cuadros deben probarse y entrenarse en la lucha de clases. El camino hacia delante es que las ahora pequeñas fuerzas adheridas al programa de Lenin y Trotsky forjen partidos con la experiencia, la voluntad revolucionaria y la autoridad entre las masas para dirigir revoluciones proletarias exitosas. Nada menos que una IV Internacional trotskista reforjada será suficiente para la tarea de dirigir a los obreros y a los oprimidos a la victoria del socialismo mundial. No tenemos ilusiones en que éste será un camino fácil y reconocemos que la posesión de la tecnología para un holocausto nuclear por una clase dominante irracional y genocida acorta las posibilidades: no queda mucho tiempo.
Nos guiamos por el programa y las prácticas del comunismo auténtico. Como escribió Trotsky en "La agonía del capitalismo y las tareas de la IV Internacional" (1938):
"Mirar la realidad de frente, no ceder a la línea de menor resistencia; llamar al pan pan y al vino vino; decir la verdad a las masas, por amarga que sea; no tener miedo de los obstáculos; ser exacto tanto en las cosas pequeñas como en las grandes; basar el programa propio en la lógica de la lucha de clases; ser audaz cuando llega la hora de la acción: tales son las reglas de la IV Internacional."
¡Únete a la Liga Comunista Internacional!
http://www.icl-fi.org/espanol/oldsite/PRAGUE.HTM
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2014.10.26 18:43 jartitodemundo ¿Por qué hoy estoy con Podemos

Hola compañeros, Me gustaría explicar por qué hoy estoy con podemos.
Para ello siento la necesidad de dar un repaso a la España por mi vivida.
La España que yo conozco, imagino que a la gente de mi edad le sonará haber vivido en una España parecida a la mía, con un sentimiento parecido al mío y con una tristeza similar, por vivir y pertenecer a un país así.
Tengo 51 años, empecé a conocer la política con cierta ilusión en la adolescencia, muerto Franco parecía que entrabamos en un país mejor, con una transición hacia la democracia, un término lejano pero que creaba esperanza. Los herederos de la dictadura entraron en el juego con un gran partido creado por aquel ministro fiel al régimen, pero capaz de adaptar su discurso a los nuevos tiempos, aunque sólo fue necesario adaptar el discurso popular para aglutinar a toda esa herencia del poder fascista, más todos aquellos sumisos que, por simpatía ideológica, herencia familiar o simplemente esa idea de una buena parte del pueblo, la que aspira un día a poder ser como ellos y que piensa sin más ideología que si estas al lado del poder y el dinero es más fácil llegar a él (creo que por desgracia en este país son muchos).
Junto al el miedo popular implantado en el subconsciente en décadas de dictadura a la disidencia política del poder existente y sus consecuencias y que, por increíble que parezca, siguen quedando resquicios generaciones después.
Esto les mantenía con gran parte de apoyo popular, poder político y todo el poder económico que nunca perderían. Le llamaron Alianza Popular.
Pudieron resurgir de la clandestinidad aquellos partidos desterrados y sobre todo un PSOE, aquel “Felipe González”, recordáis cuando su discurso político de principios de los 80 era tan similar en muchos casos al discurso que hoy escuchamos en Podemos, que proclamaba una política social y una igualdad que tanto se necesitaba y que ilusionó a gran parte del pueblo.
Para un adolescente era una nueva era en la que el pueblo llano tenía algo que decir y discutir a aquellos poderes asentados en sus sillones, insensibles a las calamidades de su pueblo y con el único propósito de aumentar patrimonio y poder.
Ganó el PSOE las elecciones, parecía un país distinto donde se conseguían grandes logros sociales y España avanzaba a grandes pasos para ser un país que cada vez se asimilaba más a aquellos envidiados países europeos, ¿fue solo ilusión o realidad?
Sólo una parte fue realidad, y es obligado reconocer aquellos logros sociales que nos hicieron más grandes como pueblo.
Pero solo tuvieron que pasar unos pocos años para el gran fiasco y que esto se convirtiera en el país de siempre pero con discursos de libertades, comenzamos a reconocer el enchufismo y amiguismo de siempre (en Andalucía sólo hay que repasar los 30 años de Chávez), la codicia de aquellos que ostentaban el poder, el caciquismo socialista que en poco se diferenciaba del anterior y que simplemente se sumaba al ya existente pero con tintes modernos y progres.
Lástima, a partir de aquí vuelve a mí la incredulidad en la política, aquel sentimiento de cuando dejabas de ser niño y comenzabas a ser un adolescente rebelde vuelve a ti, todo está diseñado para el beneficio de unos cuantos y todos esos cuantos son lo mismo con distinto nombre y ante esto, todo un pueblo se siente incapaz de verlo y oponerse. Volvemos a ser el rebaño sumiso y vuelve a resonar y tronar en mi mente aquella frase de “El pueblo tiene lo que se merece”, que te hace sentir que no quieres pertenecer a ese pueblo y te obliga a odiar y alejarte todo lo posible de la política y sus falsos representantes.
Llegó la globalización, esa expansión salvaje del capitalismo que hizo que las grandes empresas pasaran de tener mucho poder, a tenerlo todo y poder gobernar el mundo a su antojo con ese nuevo partido llamado “MERCADO”.
Nuestro gobierno PSOE y sus dirigentes comenzaron a mirar seriamente su futuro, y digo bien, su futuro que no el del país, con buenas relaciones con las grandes empresas y la consiguiente venta de lo público a cambio de un futuro dorado para ellos y los suyos.
La corrupción ya campaba sin control y el pueblo decidió poner fin a ese ciclo, entonces votó a la que, siempre según ellos, era la única alternativa. PP y su nuevo presidente José Mª Aznar.
Por fin, los hijos y nietos del régimen habían recuperado el poder perdido durante años y comenzó el “España va bien”.
Y tanto que iba bien, pero solo para sus círculos.
Todo empezó con la liberalización del suelo. Que excelente idea !!!!
Los políticos con sus mordidas se hacían ricos, sus familias hacían grandes negocios, los amigos hacían grandes y lucrativas sus constructoras y empresas afines, los bancos daban préstamos suculentos a diestro y siniestro para el ladrillo, (las familias españolas pasaban a pertenecerles de por vida) y nuestra juventud abandonaba sus estudios para ser mano de obra poco cualificada y recoger sus golosas migas, con ello ya podían independizarse y comprarse un BMW importado de Alemania, y si te falta dinero para los muebles, también te lo presta el banco.
¡España va bien! ¡Como se gana dinero con la especulación, es maravilloso!
Pero todavía hay algo a mejorar.
Lo público no funciona, debemos poner lo público en manos privadas, así aumentaremos la productividad, haremos que funcione mejor, y ¿quien mejor para hacer esto que nuestros amigos?, se lo daremos a precio de saldo y de paso también aseguraremos, como no, nuestra jubilación dorada.
Nuestras relaciones internacionales se pueden mejorar, y ¿con quién mejor?, Estados Unidos e Inglaterra, joder que más se puede pedir, nos aliamos con ellos, ayudaremos a mi buen amigo Bush a derrocar al eje del mal, que nos amenaza con armas de destrucción masiva y que además y por casualidades de la vida es uno de los mayores productores de petróleo.
¿Qué más puedo pedir como Presidente?, voy a hacer la guerra al lado del más grande, me codeo con las más grandes personalidades a nivel mundial, menudo futuro me espera, esto sí que va a ser una gran jubilación política.
Nuestro gran Presidente decide delegar para dedicarse a temas más importantes y unge con su bendición al beneplácito y leal Mariano Rajoy para su sucesión.
Pero mierda, todo se puede joder, Al Qaeda nos ha hecho el mayor atentado de la historia de este país por meternos en la guerra de Irak, esto nos va estropear las elecciones y no vamos a poder finalizar el principal objetivo, repartirnos las riquezas del país.
Esto hay que evitarlo como sea, a la mierda las víctimas, las investigaciones y la verdad.
Este atentado ha sido perpetrado por la banda terrorista ETA, (hace unos meses ejército de liberación vasco), eso nos hará ganar, por lo tanto hay que paralizar, controlar y desvirtuar todas las investigaciones para que esto sea así, y “todo aquel que diga que no ha sido ETA es un MISERABLE”. Palabra de Acebes, te alabamos Señor.
Pero no, la verdad no se pudo tapar lo suficiente y se jodieron las elecciones. Entonces todo cambió, y el pueblo decidió cambiar de gobierno, (como no y según siempre ellos), y dar su voto a la única alternativa viable de gobierno. PSOE y su nuevo líder Zapatero.
Sin dudar de la buena intención del nuevo Presidente, a este le explota en la boca la burbuja de ladrillo creada en España además de la crisis especulativa mundial, pasando a ser, con la ayuda de los medios de comunicación, el responsable de todos los males de este país y único causante de las miserias, recortes sociales y despropósitos a los que este pueblo debe ser sometido.
Por este motivo y como no de nuevo, el pueblo decide dar en elecciones una mayoría absoluta al único partido capaz de sacarnos de esto, el único partido viable de ejercer un gobierno viable, el partido de la herencia del régimen, a los hijos y nietos, a los únicos capaces de arreglar este país.
Y en eso estamos, ya tenemos un gobierno con mayoría absoluta al que nadie podrá parar en sus objetivos y con una escusa perfecta para conseguirlos, el país está en la miseria por culpa de Zapatero y nosotros lo vamos a terminar de arreglar, y entretenidos entre independentismos y falsas leyes y ejercicios de transparencia , continuando con la estrategia que en su momento fastidió Al Qaeda, desmantelando todo lo público que pueda ser negocio y repartirlo para familia y colegas que es de donde nunca debió de salir, para ellos no existe la corrupción, simplemente es una filosofía y forma de vida, con sus fundaciones para la preparación de sus jóvenes promesas.
La última conocida “El Pequeño Nicolás”, al que al parecer nadie del PP conoce ahora.
Para conseguirlo todavía les queda más de un año, y no dudo que consigan su objetivo en este tiempo, para esto con una herramienta como la mayoría absoluta, si son efectivos.
¿Por qué hoy estoy con podemos?
A partir del 15M, comenzaron a surgir movimientos ciudadanos que denunciaban e intentaban luchar contra tanta injusticia, y en mi mente siempre rondaba la misma pregunta.
Si hay tantos movimientos que quieren cambiar este sistema, si hay tanto ciudadano que quiere ese cambio ¿por qué cada uno va por separado y no hacen una gran fuerza?, si las bases son las mismas ¿por qué cuesta tanto ponerse de acuerdo? ¿Por qué es tan difícil que un humano se ponga de acuerdo con otro para un mismo fin?
Esto me hacía recordar una frase que leí en una pintada hace tiempo.
Qué fácil es aplastar una hormiga, pero muchas hormigas se comen al elefante.
Ante las elecciones europeas, mi desidia y asqueo hacia la política una vez más no me animaban a votar, pero escuché que un grupo llamado Podemos se presentaba a las elecciones, un grupo de gente joven que provenía del movimiento 15M. Esto me bastó para llevarme a la urna y votarles y me animó a querer más información sobre dicho grupo.
Bueno, pues vaya pelotazo, más de un millón de votos de gente hastiada por los políticos, ¿habrá una esperanza?
Comencé a informarme del proyecto y se despertó en mí una ilusión que creía totalmente muerta, empecé a creer de nuevo que algo es posible.
Qué creía yo que era podemos.
Un movimiento que aglutina distintas organizaciones vecinales, corporativas y ciudadanas en defensa de una política para la ciudadanía y no para las élites, un movimiento capaz de desarrollar e implantar unas bases éticas y morales transformadas en leyes con las que exigir a los políticos un comportamiento del cual iba a depender el voto del pueblo y su continuidad en los cargos, lo cual ya me parecía un paso de gigante como comienzo para un país mejor, pero no, ya es mucho más.
La verdad es que no esperaba que la ciudadanía fuese capaz de organizarse y formar un partido político con posibilidades de gobierno, ¡como me alegra haberme equivocado!, aunque tristemente para ello hayamos tenido que ver las orejas y al lobo entero, pero ¿será el partido que haga posible una revolución social?
Es la ciudadanía quien en estos días vota las propuestas para la creación del mismo, y de las que espero salga un partido político con una base solida e inquebrantable de gobierno.
Propuestas éticas, que cumplen mis expectativas y considero de cumplimiento indispensable para cualquiera que aspire a organizar y representarnos, con un comité de garantías certero y ágil que lo garantice.
Mi opción ha sido una, pero podría también haber sido otra, son tan similares. Simplemente he optado por la primera ya que es más clara y concisa al no tener tanto discurso.
Propuestas políticas que me parecen las acertadas y necesarias para salir del pozo en el que estamos, de la misma manera mi voto podría haber sido tanto uno como para otro, personalmente he vuelto a optar por la claridad sin discurso.
Propuestas organizativas, que tanto me van bien la del Circulo de Enfermeras como la de Claro que Podemos como la de Sumando Podemos ya que son similares salvo en un caso en la cuestión de representación, he votado por un solo Secretario General porque creo facilita la representación.
Sólo falta un programa electoral de gobierno a 4 años, tan claro y conciso como las propuestas que votamos estos días, tenemos grandes posibilidades de intervenir de forma importante en el gobierno de este y país y, porque no, gobernar.
Mi mayor apoyo a la persona de Pablo Iglesias como representante de Podemos o Secretario General y los equipos que nos representan, pero considero indispensable la ausencia de cualquier tipo de líder, el liderazgo corresponde al pueblo por lo que es éste el único líder, cualquier persona que cumpla la ética, política, organización y programa electoral y tenga capacidad para desarrollar las funciones podrá representar al partido y la Secretaría General debiera siempre tenerlo y dejarlo muy claro.
Podemos ha despertado en mí una ilusión muerta hace mucho y que nunca pensé que recuperaría junto con la esperanza de pensar que todavía podemos dejar un país mejor a nuestra siguiente generación a la que tanto amamos.
Hay una ilusión mayor para un padre que legar una vida mejor que la suya a sus hijos.
Si esto sigue así, contad conmigo y con toda mi energía y trabajo para conseguirlo.
Hoy creo que sí, QUE PODEMOS.
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