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Los mundiales ¿fallidos? Del TRI

2020.05.05 09:48 AlbrTO_1387 Los mundiales ¿fallidos? Del TRI

México en los mundiales.
Tengo una idea que quisiera discutir aqui con ustedes.
Todos creemos que a la Selección Mexicana le va mal por que son malos y por que no tienen garra y mas ideas idiotas de una mentalidad pesimista, de desacreditar triunfos, malinchismo y traición que es parte de nuestra cultura por que no queremos evolucionar, pero veamos unos datos interesantes
México juega en Concacaf en donde si a caso USA y Costa Rica juegan con un estilo que te permite entrenar y jugar a buen nivel (no menosprecio las demas selecciones pero pues solo juegan a chingarse a México y para quien juega fútbol sabe que eso es con base a patadas y mañas, no fútbol) y son muy pocos partidos los que tiene para afinar el equipo, eso y que a la FMF le importa más el dinero que el crecimiento del juego (Partidos Moleros), la falta de compromiso del mexicano en general (todo el maldito mundo llega tarde a las citas en México), los programas de chismes de ESPN que hacen trizas con su destructiva crítica y pesimismo malinchista hacia "El Tri", pues no deja mucho donde evolucionar. Eso y muchos factores mas que desconozco
1998
"El Tri" le gana a Corea del sur, empata contra Bélgica y empata contra Holanda. En Octavos de final pierde contra Alemania 2 a 1.
No me parece un mal mundial, se hace lo mejor que se puede hacer con lo que se tiene.
2002
"El Tri" le gana a Croacia, le gana a Ecuador y empata contra Italia (Señor Gol de Borgueti). Pierde en Octavos contra USA quien pierde contra Alemania quien queda campeon. Brasil quedó campeón ya me lo hicieron saber gracias
El 2015 se confirma que hubo amaño de partidos. A Italia se le anularon 2 goles contra "El Tri". Pero así es el fútbol, a veces la suerte juega de nuestro lado.
Este mundial para mí si es uno malo por que México jamás pensó en el partido contra USA, se confiaron y la soberbia no los dejó ver el rival que tenian de frente, no es bueno sentarse a disfrutar las mieles del triunfo.
2006
"El Tri" le gana a Irán, empata con Angola y pierde contra Portugal. Octavos de final México pierde contra Argentina con un golazo de Maxi Rodríguez. Argentina pierde contra Alemania, Alemania contra Italia e Italia contra Francia (Campeón del torneo). **Italia quedó campeón **
A mi parecer ya venían mal. Hubo 2 partidos previos con derrotas consecutivas. Francia 1-0 Mexico y Holanda 2-1 México. Eso te afecta a nivel mental y con un machismo tóxico, el mexicano no se debe "awitar" por nada. C'mon. (Creo también que aqui fue el chisme de La Volpe con la podologa, pero Wikipedia no tiene info al respecto)El chisme del 2002 fue el misticismo del DT, la podologa fue en chivas
Con todo esto. De nuevo "El Tri" hizo lo que sabe hacer, sacar la garra y pelear con todo, la final la misma suerte que nos ayudó el mundial pasado contra Italia, se fue del lado de Argentina.
2010
"El Tri" le empata con el anfitrión Sudáfrica (ya saben, amaños de partido), le gana a Francia y pierde contra Uruguay. Es la primera vez que yo recuerde un triunfo así para "El Tri" y muchos minimizaron ese triunfo por que Francia venía mal (y que culpa tenía "El Tri" de eso?); Por qué degradar un triunfo sobre la selección que quedó campeón un torneo antes? En fin... En Octavos pierde 3-1 contra Argentina. Recuerdo que 1 de los goles de Argentina fue fuera de lugar pero aun no habia VAR. Ni hablar.
Argentina pierde contra Alemania, Alemania contra España, y España queda campeón del torneo.
Cabe resaltar que el factor anímico de los jugadores se vio mermado por su director Técnico, Javier Aguirre, quien días antes dio declaraciones traicioneras en contra de "El Tri", nuevamente los jugadores hicieron lo que mejor saben hacer, dar el todo y ver que pasa.
La cultura de la traición, el pesimismo y negativad que tenemos muy pero muy arraigadas en la sangre cobró factura, el no apoyo del propio DT, minimizar un gran triunfo.
** 2 mundiales sin avanzar por una mentalidad negativa, sera acaso que se necesita un buen líder al frente de "El Tri" **
2014
Se gana contra Camerún, empata con Brasil (Atajando de Memo Ochoa) y gana contra Croacia. Este equipo era muy sólido y venía (a mi parecer) motivado por el buen resultado de la fase de grupos. Nuevamente las críticas por la prensa deportiva fueron muy duras pues no fue suficiente el empate contra Brasil quien jugaba de local (Brasileño brasileñooo yo te quiero preguntaaar, que se siente ser visitaante cuando juegas de local, esa porra estaba bien chingona) ¿Por qué no festejar y aceptar ese triunfo anímico?
Octavos de final contra Holanda y aqui que pasó?
Vas ganando todo el partido y no crees que lo puedes ganar, a que se deberá el miedo al éxito, veamos un poco de historia sobre éxitos de "El Tri"
-2005, 4 lugar en la Copa Confederaciones, fue el caballo negro de ese torneo. Un muy buen partido contra Alemania que termino en una derrota de 4-3, o sea meterle 3 goles a Alemania no es lo mismo que meterle 3 goles a el equipo del barrio, por favor, eso señores es un triunfo.
-2010 se hizo minimizó la victoria contra Francia, la selección que habia sido campeona en el torneo pasado.
-2014 se minimiza el empate contra Brasil.
De nuevo los pequeños triunfos no son suficientes y se minimizan.
Tal vez para alguien son pocos los triunfos, pero al fin y al cabo son triunfos, debemos aprender a aceptar un triunfo tal y como es y seguir moviendose, no es para regocijarse en las mieles del éxito (lo que pasó en 2002 contra USA es un claro ejemplo de lo dañino que puede ser sentarse en las mieles del triunfo), es simplemente aceptarlo con humildad y seguir adelante.
El partido contra Holanda lo pierde "El Tri" por la mentalidad de derrota que traemos acarreando desde la infancia: "Si vas a hacer las cosas hazlas bien si no, no lo hagas; ¡oh! le ganaste a tal persona, pues de seguro esa otra persona no era rival para ti, ganale al grandote aquel, al mas rápido, al mejor y a ver que tal; ¿Persiste contra el mejor? Claro que esperabas si eres basura para la competencia, mejor ve y compite con uno malo; ¿Ganaste el torneo? Pff torneo patito mejor haz otra cosa"..... Ejemplos como esos hay miles y por esos mismos ejemplos perdió "El Tri" ese partido contra Holanda. La prensa como carroñeros se le fueron con todo a los jugadores y al Técnico "Piojo Herrera" pero y los directivos de la FMF, por que no los tocan a ellos? Todos esos partidos moleros, la falta de compromiso con la afición, el manejo de jugadores estancados en México (Oribe Peralta jamas fue a Europa por que no lo dejaron, si asi era bueno, imaginense) a quienes les pagan una millonada en vez de que los dejen ir a evolucionar. En fin...
2018
Se le gana a Alemania (Otra vez, se le gana a un campeón del torneo) a Corea del Sur y pierde contra Suecia. Octavos contra Brasil y se pierde.
De nuevo a minimizar el triunfo contra Alemania, pero si Alemania jamas bajó las manos contra "El Tri". En mi opinión personal, creo que ahora los del golpe anímico fueron los alemanes quienes no supieron que pasó con "El Tri" y como un equipo de media tabla les ganó con un muy buen partido se fútbol y no estaban acostumbrados a perder con un equipo de media tabla.
Contra Brasil pues todo esta historia que les acabo de contar salió a relucir; La soberbia, el miedo al éxito, pesimismo y demas inseguridades que traemos acarreando desde la infancia cobran factura en momentos asi.
"El Tri" no a tenido un solo mundial a modo que en Octavos le toque un equipo fácil, con excepción de USA, se a competido en Octavos 1 vez con Alemania, 2 veces contra Argentina, 1 vez contra Brasil y 1 vez contra Holanda.
La próxima vez que piensen que "El Tri" es un equipo mediocre, piensen en que es una selección con desventajas enormes en comparación con sus anteriores rivales.
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2019.05.20 22:01 contenidospyme ¿A dónde puedo viajar con el pasaporte mexicano sin visa?


El pasaporte mexicano es una identificación oficial que brinda a los mexicanos la facultad de salir del país y entrar a una cantidad importante de países sin la necesidad de tramitar una visa.
De acuerdo a la consultora internacional Henley & Partners, nuestro pasaporte es el 28 más poderoso del mundo de acuerdo con los 139 países a los que puede viajar sin necesidad de visa o tramitarla en el aeropuerto.
Para calificar, la consultora británica otorga puntos a los pasaportes por cada nación en la que permiten entrar sin visado u obtenerlo directamente al entrar, -entre más países pueda visitar, más alta es la calificación del pasaporte.
¿Cómo tramitar el pasaporte?
Se realiza en la Secretaría de Relaciones Exteriores, para ello es necesario llamar por teléfono y solicitar una cita o hacerlo directamente desde internet.
Posteriormente, se tiene que llenar una forma descargable en línea con datos muy básicos como nombre y curp, y asistir a un banco a cobrarlo.
Cabe mencionar que existen diferentes modalidades para tramitar el pasaporte:
Por un año: 610 pesos (modalidad disponible sólo para menores de 3 años).
Por tres años: 1265 pesos.
Por seis años: 1735 pesos.
Por diez años: 2670 pesos.
Una vez que el pasaporte haya sido aprobado, se entrega en un lapso de dos semanas aproximadamente.
Países a los que se puede entrar sin visa:
Estos son los 92 países a los que pueden viajar los mexicanos sin visa, de acuerdo con la Secretaría de Relaciones Exteriores:
Albania, Alemania, Andorra, Antigua y Barbuda, Argentina, Austria, Bahamas, Barbados, Bélgica, Belice, Bolivia, Bosnia y Herzegovina, Botswana, Brasil, Bulgaria, Chile, Chipre, Colombia, Corea del Sur, Costa Rica, Croacia, Dinamarca, Dominica, Ecuador, El Salvador, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Filipinas, Finlandia, Francia, Georgia, Granada, Grecia, Guatemala, Haití, Holanda, Honduras, Hong Kong, Hungría, Indonesia, Irlanda, Islandia, Israel, Italia, Jamaica, Japón, Letonia, Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, Macedonia, Malasia, Malta, Marruecos, Mauricio, Micronesia, Mónaco, Montenegro, Nauru, Nicaragua, Noruega, Nueva Zelanda, Palestina, Panamá, Paraguay, Perú, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, República Dominicana, Rumania, Saharaui, San Cristóbal y Nieves, Samoa, San Marino, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Santa Sede, Serbia, Seychelles, Singapur, Suecia, Suiza, Timor-Leste, Trinidad y Tobago, Túnez, Uruguay, Vanuatu y Venezuela.
En el caso de otros países, como por ejemplo, si usted desea hacer un Tour a Tierra Santa puede tramitar un permiso desde el aeropuerto que le permitirá viajar legalmente por el país por 60 días.
Puedes consultar la lista completa aquí: https://www.passportindex.org/byRank.php
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2016.07.18 15:48 anticasta La guerra civil está llegando a Francia

"Estamos al borde de una guerra civil". Esa cita no vino de un fanático o un loco. No, vino del jefe de la Seguridad Nacional de Francia, la DGSI (Dirección General de la Seguridad interior), Patrick Calvar. De hecho, él ha hablado muchas veces del riesgo de una guerra civil. El 12 de julio, advirtió a una comisión parlamentaria, encargada de una introspección de los ataques terroristas del año 2015, y en torno a los mismos.
En mayo de 2016, ofreció casi el mismo mensaje a otra comisión de parlamentarios, esta vez a cargo de la Defensa Nacional. "Europa", dijo, "está en peligro. El extremismo está en aumento en todas partes, y ahora estamos volviendo nuestra atención a algunos movimientos de extrema derecha que se están preparando para una confrontación".
¿Qué tipo de confrontación? "Enfrentamientos intercomunitarios", dijo, educadamente, para "una guerra contra los musulmanes". "Uno o dos más ataques terroristas", añadió, "y podríamos tal vez ser testigos de una guerra civil".
En febrero de 2016, frente a una comisión del Senado a cargo de la Información de Inteligencia, dijo otra vez: "Estamos ahora mirando a la extrema derecha que está a la espera de más ataques terroristas para entablar una confrontación violenta".
No se sabe si el terrorista al volante del camión, que arremetió contra la multitud el Día de la Bastilla, el 14 julio en Niza y asesinó a más de 80 personas, será el detonante de una guerra civil francesa, pero podría ayudar a ver qué es lo que crea el riesgo en una Francia y otros países, como Alemania o Suecia.
La razón principal es el fracaso del Estado.
  1. Francia está en guerra, pero al enemigo nunca se lo nombra
Francia es el principal objetivo de repetidos ataques islamistas; las carnicerías terroristas islámicas más importantes tuvieron lugar en la revista Charlie Hebdo y el supermercado Hypercacher de Vincennes (2015); el Teatro Bataclan, sus restaurantes cercanos y el estadio Stade de France, (2015); el fallido atentado en el tren Thalys; la decapitación de Hervé Cornara (2015); el asesinato de dos policías en Magnanville en junio (2016), y ahora el atropellamiento con el camión en Niza, en el día de conmemoración de la Revolución Francesa de 1789.
La mayor parte de esos ataques fueron cometidos por musulmanes franceses: ciudadanos que regresaron de Siria (los hermanos Kouachi en Charlie Hebdo), o islamistas franceses (Larossi Abballa que mataron a una familia de la policía en Magnanville, en junio de 2016), que más tarde afirmaron su lealtad a Estado Islámico (ISIS). El asesino del camión en Niza era un tunecino, pero estaba casado con una francesa, con la que tuvo tres hijos, y vivía tranquilamente en esa ciudad hasta que decidió asesinar a más de 80 personas y herir a varias docenas más.
Después de cada uno de estos trágicos episodios, el presidente François Hollande se ha negado a nombrar al enemigo, se negó a nombrar al islamismo -y especialmente se negó a nombrar a los islamistas franceses- como el enemigo de los ciudadanos franceses.
Para Hollande, el enemigo es una abstracción: "terrorismo" o "fanáticos". Incluso cuando el presidente se atreve a nombrar al "islamismo" como el enemigo, se niega a decir que va a cerrar todas las mezquitas salafistas, prohibir las organizaciones de la Hermandad Musulmana y salafistas en Francia, o prohibir velos para las mujeres en la calle y en la universidad. No, en cambio, el presidente francés reafirma su determinación por las acciones militares en el extranjero: "Vamos a reforzar nuestras acciones en Siria e Irak", dijo el presidente después del ataque en Niza.
Para el presidente de Francia, el despliegue de soldados en su patria es solamente para acciones defensivas: una política de disuasión, no un rearme ofensivo de la República en contra de un enemigo interno.
Así, frente a este fracaso de nuestra elite -que fue elegida para guiar al país a través de los peligros nacionales e internacionales-¿cuán asombroso es si los grupos paramilitares se están organizando para tomar represalias?
Como Mathieu Bock-Côté, sociólogo en Francia y Canadá, dice en Le Figaro:
"Las élites occidentales, con una obstinación suicida, se resisten a nombrar al enemigo. Frente a los ataques en Bruselas o París, prefieren imaginar una lucha filosófica entre la democracia y el terrorismo, entre la sociedad abierta y el fanatismo, entre la civilización y la barbarie".
  1. La guerra civil ya ha comenzado y nadie quiere llamarla por su nombre
La guerra civil comenzó hace dieciséis años, con la Segunda Intifada. Cuando los palestinos ejecutaron ataques suicidas en Tel Aviv y Jerusalén; los musulmanes franceses comenzaron a aterrorizar a los judíos que viven en paz en Francia. Durante dieciséis años, los judíos - en Francia - fueron asesinados, atacados, torturados y apuñalados por ciudadanos musulmanes franceses, supuestamente para vengar a la población palestina en Cisjordania. Cuando un grupo de ciudadanos franceses que son musulmanes declara la guerra a otro grupo de ciudadanos franceses que son judíos, ¿cómo lo llama a eso? Para el establishment francés, no es una guerra civil, sólo un lamentable malentendido entre dos comunidades "étnicas".
Hasta ahora, nadie quería establecer una conexión entre estos ataques y el ataque asesino en Niza contra personas que no eran necesariamente judías - y llámela por su nombre: una guerra civil.
Para el muy políticamente correcto establishment francés, el peligro de una guerra civil comenzará solamente si alguien toma represalias contra los musulmanes franceses; si todo el mundo solamente se somete a sus demandas, todo está bien. Hasta ahora, nadie pensaba que los ataques terroristas contra los judíos por parte de los musulmanes franceses; contra los periodistas de Charlie Hebdo por los musulmanes franceses; contra un empresario que fue decapitado hace un año por un musulmán francés; contra el joven Ilan Halimi por parte de un grupo de musulmanes; contra los niños escolares de Toulouse por un musulmán francés; contra de los pasajeros del tren Thalys por un musulmán francés, contra las personas inocentes en Niza por un musulmán casi francés eran los síntomas de una guerra civil. Estas matanzas siguen siendo vistas, hasta hoy en día, como algo parecido a un trágico malentendido.
  1. El establishment francés cree que el enemigo son los pobres, los viejos y los decepcionados
En Francia, ¿quiénes son los que más se quejan de la inmigración musulmana? ¿Los que más sufren del islamismo local? ¿Quiénes más le gusta beber una copa de vino o comer un sándwich de jamón y mantequilla? Los pobres y los viejos que viven cerca de las comunidades musulmanas, porque no tienen dinero para mudarse a otro lugar.
Hoy en día, como resultado, millones de pobres y ancianos en Francia están dispuestos a elegir a Marine Le Pen, presidente del derechista Frente Nacional, como próximo presidente de la República; por la sencilla razón de que el único partido que quiere luchar contra la inmigración ilegal es el Frente Nacional.
Sin embargo, debido a que estos ancianos y pobres franceses quieren votar por el Frente Nacional, se han convertido en el enemigo del establishment francés, de derecha e izquierda. ¿Qué les está diciendo el Frente Nacional a estas personas? "Vamos a restaurar a Francia como nación de los franceses". Y los pobres y los viejos le creen, porque no tienen otra opción.
Del mismo modo, los pobres y los ancianos en Gran Bretaña no tuvieron más remedio que votar por el Brexit. Tomaron la primera herramienta que les dieron para expresar su decepción por vivir en una sociedad que ya no les gusta. No votaron para decir, "maten a estos musulmanes que están transformando mi país, robando mi trabajo y chupando mis impuestos". Ellos sólo están protestando contra una sociedad a la que una élite globalizada había comenzado a transformar sin su consentimiento.
En Francia, las elites globalizadas hicieron una elección. Decidieron que los "malos" votantes en Francia son gente poco racional, demasiado tonta, demasiado racista para ver la belleza de una sociedad abierta a las personas que a menudo no se quieren asimilar, que quieren que usted se asimile a ellos, y que amenazan con matarle si no lo hacen.
Las elites globalizadas hicieron otra elección: tomaron partido en contra de sus propios ancianos y pobres porque esa gente ya no los quieren votar. Las elites globalizadas también optaron por no luchar contra el islamismo, porque los musulmanes votan a nivel mundial a favor de la élite globalizada. Los musulmanes en Europa también ofrecen un gran "zanahoria" para la elite globalizada: votan colectivamente.
En Francia, el 93% de los musulmanes votaron por el actual presidente, François Hollande, en 2012. En Suecia, los socialdemócratas informaron que el 75% de los musulmanes suecos votaron por ellos en las elecciones generales de 2006; y los estudios muestran que el bloque "rojo-verde" consigue un 80-90% de los votos musulmanes.
  1. ¿Es inevitable la guerra civil? ¡Sí!
Si el establishment no quieren ver que la guerra civil ya ha sido declarado primero por los extremistas musulmanes -si ellos no quieren ver que el enemigo no es el Frente Nacional en Francia, la AfD en Alemania, o los Demócratas de Suecia- sino el islamismo en Francia, en Bélgica, en Gran Bretaña, en Suecia; entonces una guerra civil sobrevendrá.
Francia, al igual que Alemania y Suecia, tienen un ejército y una policía lo suficientemente fuertes como para luchar contra un enemigo islamista interno. Pero en primer lugar, tienen que llamarlo por su nombre y tomar medidas en su contra. Si no lo hacen, si dejan a sus ciudadanos nativos en la desesperación, sin otros medios que no sean armarse y tomar represalias. Sí, la guerra civil es inevitable.
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2016.06.07 03:37 ShaunaDorothy Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético (Noviembre de 2015)

https://archive.is/QazK6
Espartaco No. 44 Noviembre de 2015
Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético
Por Joseph Seymour
A continuación publicamos, ligeramente editado, un documento de Joseph Seymour, miembro del Comité Central de la Spartacist League. El documento, fechado el 14 de marzo de 2009, fue una contribución a las discusiones y debates que precedieron a la XIII Conferencia Nacional de la Spartacist League/U.S., sección de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista), ese mismo año y se publicó originalmente en Workers Vanguard No. 949 (1° de enero de 2010).
En el pleno de nuestro Comité Ejecutivo Internacional, celebrado a principios de 2008, hubo una discusión y, creo, diferencias incipientes en torno al contenido del término “muerte del comunismo”, lo cual es clave para entender las condiciones político-ideológicas del mundo postsoviético. En ese entonces, yo argumenté:
“Una cuestión importante al discutir el trabajo en Sudáfrica y México...es si estos países —se ha mencionado a China y Grecia— son una excepción a lo que hemos llamado el ‘retroceso en la conciencia’ y la ideología de la ‘muerte del comunismo’, y en qué sentido lo son. Pero el concepto de excepción implica una norma. Así que, ¿cuál es esa norma? La abrumadora mayoría de nuestra tendencia se ubica en los países capitalistas-imperialistas avanzados de Europa Occidental y Norteamérica... Es aquí donde todos los días, de manera generalizada, encontramos la ideología de la ‘muerte del comunismo’. Y creo que esto ha determinado un cierto entendimiento parcial y deformado de las delineaciones y divisiones políticas radicalmente modificadas en todo el mundo.
“Casi cada vez que usamos el término ‘muerte del comunismo’ lo vinculamos al triunfalismo burgués. No nos referimos al triunfalismo de la burguesía de la India, Egipto o Brasil. Nos referimos al triunfalismo de la burguesía imperialista occidental, principalmente la estadounidense. Pero el escepticismo respecto a la posibilidad de una sociedad comunista internacional futura —y esto es el núcleo de la ‘muerte del comunismo’— en los países del Tercer Mundo no puede identificarse con el triunfalismo y la dominación del imperialismo estadounidense. Más bien, nos encontramos con un ascenso, bastante significativo y con amplias bases de apoyo, de movimientos político-ideológicos que se presentan como oponentes del triunfalismo imperialista estadounidense. El ejemplo más obvio es, claro, el populismo nacionalista latinoamericano ejemplificado por Hugo Chávez. Pero también encontramos el mismo fenómeno en un sentido muy derechista, que es el ascenso del fundamentalismo islámico antioccidental en los países del Medio Oriente. Osama bin Laden, Hugo Chávez, Tony Blair, Bill Clinton: todos ellos representan la ‘muerte del comunismo’ de diversos modos y en diversos contextos nacionales”.
El núcleo de la “muerte del comunismo” es precisamente ése: un escepticismo respecto a la posibilidad de una civilización comunista global en el sentido marxista. Eso es un terreno común básico que comparten diversas tendencias políticas que a veces tienen actitudes fuertemente hostiles al imperialismo occidental, la democracia parlamentaria, la economía capitalista de mercado y otras cuestiones controvertidas (como la degradación ambiental), que separan a la izquierda de la derecha en el sentido convencional de estos términos.
Para asegurarme de que todos tenemos un entendimiento común de los términos, voy a reafirmar brevemente las principales características que tendría una sociedad plenamente comunista a escala global. La escasez económica ha sido superada, por lo que ha podido eliminarse el trabajo asalariado (“de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”). El trabajo enajenado ha sido remplazado por trabajo creativo, científico y cultural (Marx alguna vez usó la composición musical como ejemplo de esto). El estado se ha extinguido de manera que, en palabras de Engels, el gobierno sobre los hombres ha dado paso a la administración de las cosas. Las afiliaciones racial, nacional y étnica han desaparecido mediante una extensa procreación interétnica y la movilidad global (“el género humano es la Internacional”). La familia ha sido remplazada por instituciones colectivas para el trabajo doméstico, la crianza y la socialización de los niños.
La abrumadora mayoría de quienes se consideran izquierdistas y pasan de los 40 o 50 años, consideran que una sociedad futura como la que describí es utópica. La abrumadora mayoría de los izquierdistas más jóvenes, representados, por ejemplo, por el medio de los “foros sociales”, para todo propósito práctico desconocen el concepto marxista de la civilización comunista global y son indiferentes a él. Sus preocupaciones son defensivas y minimalistas: apoyar los derechos democráticos de los pueblos oprimidos (por ejemplo, los palestinos), detener el desmantelamiento del “estado del bienestar” en Europa Occidental o impedir que el medio ambiente se siga degradando (calentamiento global).
Voy a replantear mi argumento haciendo referencia a El estado y la revolución de Lenin. Cuando esta obra se publicó en 1918 y en las décadas subsecuentes, la principal diferencia entre los marxistas revolucionarios y las demás tendencias de izquierda tenía que ver con el tema que se discute en el capítulo I (“La sociedad de clases y el estado”). Ahí, Lenin afirma concisamente:
“La doctrina de Marx y Engels sobre la ineluctabilidad de la revolución violenta se refiere al estado burgués. Éste no puede ser sustituido por el estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la ‘extinción’, sino sólo, como regla general, mediante la revolución violenta” [énfasis en el original].
En el periodo postsoviético, la diferencia más fundamental entre nosotros y las demás tendencias de la izquierda tiene que ver con el tema que se discute en el capítulo V (“Las bases económicas de la extinción del estado”) y que se explica concisamente en el siguiente pasaje:
“La base económica de la extinción completa del estado significa un desarrollo tan elevado del comunismo que en él desaparece la oposición entre el trabajo intelectual y el manual. En consecuencia, deja de existir una de las fuentes más importantes de la desigualdad social contemporánea, una fuente que en modo alguno puede ser suprimida de golpe por el solo hecho de que los medios de producción pasen a ser propiedad social, por la sola expropiación de los capitalistas.
“Esta expropiación dará la posibilidad de desarrollar las fuerzas productivas en proporciones gigantescas. Y al ver cómo retrasa el capitalismo ya hoy, de modo increíble, este desarrollo y cuánto podríamos avanzar sobre la base de la técnica moderna ya lograda, tenemos derecho a decir con la mayor certidumbre que la expropiación de los capitalistas originará inevitablemente un desarrollo gigantesco de las fuerzas productivas de la sociedad humana” [énfasis en el original].
La generación postsoviética de activistas de izquierda no puede entender fácilmente las ideas expuestas arriba porque no ha pensado en ellas.
El triunfalismo del imperialismo estadounidense no es el problema
Si bien la claridad sobre la cuestión de la “muerte del comunismo” no bastará para resolver nuestros problemas, la continua confusión a este respecto sí contribuirá a agravarlos. El no reconocer la diferencia más fundamental que nos separa del resto de la izquierda —el hecho de que no compartimos un mismo fin último— ha sido un importante factor subyacente en los recurrentes problemas políticos del partido.
Cuando aún era editor de Workers Vanguard, Jan Norden [actualmente del centrista Grupo Internacionalista] consideraba, de manera consciente y sistemática, que la “muerte del comunismo” era principalmente una expresión del triunfalismo del imperialismo estadounidense. De ahí que creyera que el levantamiento zapatista de los empobrecidos campesinos indígenas del sur de México en 1994 sería un poderoso contragolpe que debilitaría, al menos en América Latina, el efecto ideológico de la caída de la Unión Soviética. Desde que Norden desertó de nuestra organización en 1996, ha habido una tendencia en nuestro partido a amalgamar bajo el rubro de “retroceso en la conciencia” (un término que acuñé yo en la lucha contra Norden) el escepticismo respecto a la sociedad comunista futura, el triunfalismo imperialista occidental y el reformismo socialdemócrata tradicional. Algunos camaradas han argumentado que la principal diferencia que nos separa del resto de la izquierda versa sobre si el estado capitalista puede o no reformarse, como si estuviéramos en los tiempos de Lenin contra Kautsky en la secuela inmediata de la Revolución de Octubre.
Una formulación estándar tanto en nuestra literatura pública como en nuestro discurso interno es que el efecto de la “muerte del comunismo” ha sido internacionalmente “desigual”. El término “desigual” implica que el efecto puede medirse cuantitativamente en una escala lineal: muy alto en Estados Unidos y Francia, mucho más bajo en México y Sudáfrica. Como alguna vez fui estudiante de economía académica y después fui maestro, me imagino una gráfica de barras que mide y compara, por ejemplo, la producción nacional per cápita de distintos países. Pero el efecto diferencial que tuvo internacionalmente la “muerte del comunismo” no puede entenderse de ese modo. Lo que encontramos no son distintos niveles, sino distintas formas de la ideología postsoviética.
Tomemos por caso a Rusia. Al explicar el concepto de la “muerte del comunismo”, frecuentemente usamos la formulación de que la antigua Unión Soviética es considerada, en el mejor de los casos, un “experimento fallido”. Eso en general es cierto en Europa Occidental y Norteamérica. No es tan cierto en el Tercer Mundo. Y no es cierto en absoluto en Rusia. Todo lo contrario. El sector políticamente dominante de la nueva clase capitalista rusa, representado por Vladímir Putin, considera que la Unión Soviética fue el más exitoso de los experimentos, por decirlo así, de la construcción estatal centrada en Rusia. En 2005, Putin declaró que el colapso de la Unión Soviética había sido “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” (citado en Edward Lucas, The New Cold War: Putin’s Russia and the Threat to the West [La nueva Guerra Fría: La Rusia de Putin y la amenaza al Occidente, 2008]). Supongo que en toda la sociedad rusa está extendida una actitud similar respecto a la antigua URSS.
En los últimos años, el régimen de Putin y en general la élite rusa han querido restaurar la reputación histórica de Stalin como el gran líder de una potencia mundial dominada por Rusia en el siglo XX. El embajador ruso en la OTAN adorna su oficina con un retrato de Stalin. Un popular programa de televisión, “El nombre de Rusia”, ubicó a Stalin como uno de los cinco personajes históricos más grandes del país (Economist, 27 de noviembre de 2008). En 2007, una guía educativa de patrocinio oficial, Una historia moderna de Rusia, 1945-2006: Manual para el maestro, comparaba favorablemente a Stalin con Pedro el Grande: “Stalin siguió la lógica de Pedro el Grande: exigir lo imposible...para obtener lo máximo posible”. Luego continúa:
“Él [Stalin] es considerado uno de los líderes más exitosos de la URSS. El territorio del país llegó a los límites del viejo imperio ruso (y en algunas áreas lo sobrepasó). Se consiguió la victoria en una de las mayores guerras; la industrialización de la economía y la revolución cultural se llevaron a cabo con éxito, lo que produjo no sólo educación de masas, sino el mejor sistema educativo del mundo. La URSS llegó a ser uno de los países líderes en ciencias; el desempleo fue prácticamente derrotado”.
—citado en Lucas, The New Cold War
No precisamente la descripción de un “experimento fallido”.
En cierto modo nos es más difícil lidiar con la forma que la “muerte del comunismo” presenta en Rusia que la que tiene en Europa Occidental y Norteamérica. En estas últimas regiones, la antigua Unión Soviética todavía se identifica principalmente con el “socialismo”, no con el “imperialismo ruso”. Stalin se considera un discípulo de Marx y Engels y como tal en general se le condena. En Rusia, Stalin se considera el sucesor de Pedro el Grande y Catalina la Grande, y como tal se le ensalza. Para muchos rusos, el comunismo no ha muerto porque nunca estuvo vivo.
Incluso antes de que la severidad de la actual desaceleración económica mundial se volviera evidente el pasado otoño, el triunfalismo del “libre mercado” había dejado de ser una corriente importante en el clima de la opinión burguesa incluso en Estados Unidos. Hoy, hay voceros prominentes y respetados del capital financiero estadounidense, como el antiguo director de la Reserva Federal, Paul Volcker, que anuncian una desaceleración global profunda y prolongada. Las comparaciones con la Gran Depresión de los años 30 se han vuelto un lugar común. El alcalde tory [conservador] de Londres comentó que en estos días leer el Financial Times de esa ciudad es como frecuentar una secta suicida milenarista. Sin embargo, ninguna opinión burguesa actual se muestra preocupada por la posibilidad de revoluciones socialistas inminentes en ningún lado o la resurrección de partidos comunistas de masas que reivindiquen la tradición marxista-leninista.
De fines y medios: Un recorrido histórico
En la sección titulada “La fase superior de la sociedad comunista” del capítulo V de El estado y la revolución, Lenin escribió:
“Desde el punto de vista burgués, es fácil declarar ‘pura utopía’ semejante régimen social y burlarse diciendo que los socialistas prometen a todos el derecho a recibir de la sociedad, sin el menor control del trabajo realizado por cada ciudadano, la cantidad que deseen de trufas, automóviles, pianos, etc. Con estas burlas siguen saliendo del paso, incluso hoy, la mayoría de los ‘sabios’ burgueses, que demuestran así su ignorancia y su defensa interesada del capitalismo”.
Con el término “sabios burgueses”, Lenin se refería a los intelectuales que apoyaban y justificaban abiertamente el sistema económico capitalista. Lenin no incluía en esta categoría a los voceros ideológicos de la II Internacional (Socialista), como Karl Kautsky, que se consideraba a sí mismo un marxista ortodoxo.
Si para 1917-1918 los líderes del ala derecha de los partidos socialdemócratas de masas (como Friedrich Ebert en Alemania, Albert Thomas en Francia o Emile Vandervelde en Bélgica) seguían creyendo o no subjetivamente en una futura sociedad socialista es un asunto distinto. Lo más probable es que no. Pero ninguno de ellos repudió públicamente la meta tradicional del movimiento socialista como proyecto utópico.
Al principio de la Revolución Alemana, en noviembre de 1918, el centrista Partido Socialdemócrata Independiente puso una serie de condiciones (exigencias) a su participación en un gobierno de coalición con el Partido Socialdemócrata (SPD) sobre la base de los consejos de obreros y soldados que entonces existían. La primera de ellas era: “Alemania debe ser una república socialista”. A eso, la dirección del SPD respondió: “Esta exigencia es la meta de nuestra propia política. Sin embargo es el pueblo quien debe decidir esto a través de la asamblea constituyente” (citado en John Riddell, ed., The German Revolution and the Debate on Soviet Power: Documents, 1918-1919: Preparing the Founding Congress [La Revolución Alemana y el debate sobre el poder soviético: Documentos, 1918-1919: Preparando el congreso de fundación, 1986]). Al atacar la Revolución de Octubre y a la recién nacida Internacional Comunista, los líderes socialdemócratas condenaban principalmente la dictadura del proletariado como una violación de la democracia, que identificaban con un gobierno de tipo parlamentario elegido por sufragio universal e igual.
Aquí es útil revisar el libro Moscú bajo Lenin, unas memorias que escribiera a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta Alfred Rosmer, colega y amigo de Trotsky. Rosmer había sido anarquista y después uno de los principales intelectuales sindicalistas de Francia, antes de sumarse a la recién fundada Internacional Comunista. En estos recuerdos, Rosmer narra la reacción inicial que provocó El estado y la revolución de Lenin entre los socialdemócratas ortodoxos como Kautsky y Jean Longuet (el nieto de Marx) así como entre los anarquistas:
“Era un libro extraordinario y su destino fue singular: Lenin, marxista y socialdemócrata, era atacado por los teóricos de los partidos socialistas que invocaban el marxismo: ‘¡Eso no es marxismo!’ gritaban, es una mezcla de anarquismo, de blanquismo; ‘de blanquismo a la salsa tártara’, escribía uno de ellos para hacer una frase ingeniosa. Por el contrario, este blanquismo y su salsa eran para los revolucionarios situados fuera del marxismo ortodoxo, sindicalistas y anarquistas, una agradable revelación. Jamás un lenguaje semejante salía de las bocas de los marxistas que ellos conocían”.
Louis-Auguste Blanqui (1805-1881) fue el último de los grandes representantes de la tradición comunista jacobina originada con la Conspiración de los Iguales de Babeuf en los últimos días de la Revolución Francesa. La concepción babeufista del comunismo (desarrollada en una sociedad preindustrial) tenía que ver con la distribución y el consumo más que con la producción y la superación de la escasez económica. Sin embargo, al calificar a Lenin de “blanquista”, Kautsky, Longuet et al. no se referían a ese aspecto de la perspectiva jacobino-comunista. El “blanquismo” de Lenin era para ellos el derrocamiento insurreccional del estado capitalista organizado y dirigido por un partido revolucionario de vanguardia.
Como señala Rosmer, El estado y la revolución fue muy bien recibido entre varios anarquistas y sindicalistas, algunos de los cuales creyeron que Lenin se estaba moviendo del marxismo hacia el campo político de ellos. Sin embargo, los anarquistas más cultivados en cuestiones de doctrina entendieron que, si bien Lenin estaba de acuerdo con la necesidad de un derrocamiento insurreccional del estado burgués, todavía sostenía, e incluso enfatizaba, el programa marxista de la dictadura del proletariado como transición a una sociedad plenamente comunista. A este respecto, Rosmer cita a un anarquista alemán, Erich Mühsam, que, estando preso en 1919, escribió:
“Las tesis teóricas y prácticas de Lenin sobre la realización de la revolución y de las tareas comunistas del proletariado han dado a nuestra acción una nueva base... Ya no hay obstáculos insuperables para la unificación del proletariado revolucionario entero. Los anarquistas comunistas, ciertamente, han tenido que ceder en el punto de desacuerdo más importante entre las dos grandes tendencias del socialismo; han debido renunciar a la actitud negativa de Bakunin ante la dictadura del proletariado y rendirse en este punto a la opinión de Marx”.
Para Mühsam, el “desacuerdo” entre Bakunin y Marx respecto a la dictadura del proletariado tenía que ver con el medio de llegar a un fin último que ambos compartían: una sociedad igualitaria sin clases y sin estado.
Todos sabemos que en una polémica política las ideas y posiciones que no se discuten son, a su modo, tan importantes como las que se discuten. Uno no discute contra posiciones que el oponente no sostiene y especialmente donde hay un terreno común. Por ejemplo, al polemizar contra liberales negros o izquierdistas radicales en Estados Unidos, no refutamos la falsa noción que exponen algunos racistas de derecha de que los negros son “inferiores” a los blancos. En 1918-1920, Lenin y Trotsky escribieron sendos libros polémicos contra Kautsky. En ningún lado de La revolución proletaria y el renegado Kautsky como tampoco en Terrorismo y comunismo se argumenta contra la posición de que la sociedad comunista en el sentido marxista sea algo utópico, pues Kautsky no defendía tal posición.
Adelantémonos hasta finales de los años treinta, cuando el movimiento comunista internacional estaba ya totalmente estalinizado. Consideremos específicamente al joven Maxime Rodinson, un intelectual judío francés que luego se convertiría en un prominente académico de izquierda especializado en el Medio Oriente y la sociedad islámica. En un ensayo de 1981 titulado “Autocrítica”, Rodinson recordó cuál fue el estado de espíritu que lo llevó a ingresar al Partido Comunista Francés en 1937 (al cual abandonó en 1958):
“La adhesión al comunismo implicaba, e implica todavía, comprometerse con una lucha que supuestamente le permitirá a la humanidad realizar un salto esencial y eminentemente benéfico: acabar con un sistema que permanentemente produce pobreza y crimen, que subyuga y condena a millones de personas a lo largo del mundo a una vida atroz o incluso a la muerte. La intención es crear una humanidad liberada en la que todos puedan florecer hasta donde se los permita su potencial, en la que el colectivo de seres libres controle la administración sobre las cosas y establezca el mínimo indispensable de reglas para armonizar las relaciones entre los seres humanos”.
—Cult, Ghetto, and State: The Persistence of the Jewish Question (Culto, gueto y estado: La persistencia de la cuestión judía, 1983)
Como intelectual, Rodinson podía articular las metas liberadoras del marxismo mejor que los muchos millones de obreros jóvenes que ingresaron a los partidos comunistas de Francia e Italia, la India y Vietnam y otros lugares durante la era de Stalin. Sin embargo, muchos de esos obreros —aunque ciertamente no todos— también estaban motivados por una visión del futuro de liberación social multilateral. No consideraban a los partidos comunistas como meras agencias políticas para defender y promover sus intereses económicos o sociales (por ejemplo, nacionales) dentro del sistema capitalista-imperialista existente.
En general, los obreros políticamente avanzados y los intelectuales izquierdistas que apoyaban a los partidos socialdemócratas de masas no compartían la concepción marxista de una sociedad genuinamente comunista. Pero ellos también aspiraban a una sociedad radicalmente diferente y mejor que la presente. En 1961, un intelectual socialdemócrata de izquierda, el británico Ralph Miliband, publicó un libro altamente crítico del Partido Laborista titulado Parliamentary Socialism: A Study of the Politics of Labour [Socialismo parlamentario: Un estudio de la política del laborismo]. El libro apareció en la secuela inmediata de un intento fallido por parte de los líderes del ala derecha del partido por deshacerse de la Cláusula IV de la constitución partidista de 1918. La Cláusula IV en general se consideraba el programa máximo del Partido Laborista: “Asegurar a los trabajadores manuales e intelectuales la plenitud de los frutos de su industria y la más equitativa distribución de todo cuanto sea posible, sobre la base de la propiedad común de los medios de producción, distribución e intercambio”. Al describir la batalla sobre la Cláusula IV que tuvo lugar en 1959-1960, Miliband escribió: “Ante la violenta resistencia [por parte de las bases obreras del partido] que encontró, la propuesta tuvo que abandonarse”. Para los años 80, ya nadie hubiera usado el término “socialismo parlamentario” para encapsular el programa o incluso la doctrina oficial del Partido Laborista británico. Y, en 1995, la Cláusula IV fue suprimida del programa formal del partido en una conferencia especial, pese a la oposición de algunos de los grandes sindicatos.
De principios a mediados de los años 60, hubo en Estados Unidos una radicalización de izquierda entre la juventud estudiantil y algunos intelectuales de mayor edad. Una expresión institucionalizada de esto fue la Conferencia de Académicos Socialistas que se celebraba anualmente en la ciudad de Nueva York. En 1966, los organizadores de la conferencia invitaron al historiador marxista Isaac Deutscher a dar una presentación sobre el “hombre socialista”. En esa época, el carácter cultural y sicológico de una sociedad verdaderamente socialista era un asunto de vivo interés entre los jóvenes intelectuales izquierdistas no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Por ejemplo, a principios de los años 60, el Ché Guevara escribía sobre la eliminación del trabajo enajenado en la Cuba “socialista”. Para un análisis retrospectivo del pensamiento de Guevara a este respecto, ver: “‘Radical Egalitarian’ Stalinism: A Post Mortem” [Estalinismo “igualitario radical”: Un post mortem] en Spartacist [Edición en inglés] No. 25 (verano de 1978). En su presentación sobre el “hombre socialista”, Deutscher tocó diversos puntos en los que la generación postsoviética de activistas de izquierda no está pensando en absoluto.
Huntington contra Fukuyama, otra vez
Empecé a desarrollar mis pensamientos sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético principalmente durante las discusiones informales que tuve con Norden entre 1991 y su salida de nuestra organización en 1996. Como ya se ha señalado, Norden identificaba la “muerte del comunismo” principalmente como una expresión del triunfalismo imperialista estadounidense. Así, él solía ligar ese término con la fórmula de un “nuevo orden mundial”, que George Bush había proclamado en el momento de la Guerra del Golfo de 1991 contra Irak. Norden creía que el que el cuerpo central de la dirección de nuestra tendencia hubiera reconocido que el carácter del periodo postsoviético estaba marcado por un retroceso histórico en la conciencia de la clase obrera internacionalmente era una capitulación a las presiones del triunfalismo imperialista estadounidense.
La forma en que Norden enfocaba esta cuestión estaba influenciada por las opiniones del intelectual de derecha estadounidense (entonces neoconservador) Francis Fukuyama, que declaró que el colapsó del bloque soviético había marcado “el fin de la historia”. Una versión sobresimplificada de la tesis del “fin de la historia” de Fukuyama llegó a ser muy conocida entre lo que podría llamarse el público educado estadounidense, el tipo de gente que está suscrito al New York Review of Books y ocasionalmente lee el Foreign Affairs. No sé si Norden leyó realmente a Fukuyama. Yo sí lo hice, y también leí a otros ideólogos burgueses de la derecha estadounidense, especialmente a Samuel P. Huntington y Zbigniew Brzezinski, quienes disentían fuertemente de la versión color de rosa que tenía Fukuyama del mundo postsoviético. Estoy volviendo a este debate porque me fue útil para entender la relación entre la “muerte del comunismo” y las diversas corrientes postsoviéticas de la ideología burguesa, especialmente en los países capitalistas occidentales (pero no exclusivamente en ellos).
Fukuyama tomó el término y el concepto de “fin de la historia” del filósofo alemán Georg Hegel. Hegel usó esa expresión para describir las consecuencias histórico-mundiales de la Batalla de Jena de 1806, en la que el ejército de la Francia napoleónica derrotó al reino de Prusia. Tras la batalla, los franceses ocuparon y gobernaron el sur y el oeste de Alemania. Hegel estuvo entre los pocos intelectuales alemanes prominentes que apoyó al régimen napoleónico, al que consideraba históricamente progresivo, y colaboraron con él.
La concepción hegeliana del “fin de la historia” tenía un componente negativo y uno positivo. El componente negativo era que la ideología dominante de la Europa feudal tardía —el absolutismo monárquico sancionado y apoyado por las iglesias cristianas— había perdido su antiguo poder de determinar el curso futuro de la historia. El componente positivo era que los principios liberales de la Revolución Francesa, tal y como Hegel los entendía (y como los representaba Napoleón), habían llegado a ser capaces de conquistarlo todo en el ámbito de las ideas y con el tiempo se establecería a lo largo de Europa un nuevo orden sociopolítico en conformidad con el nuevo Zeitgeist (espíritu de los tiempos).
De igual modo, la versión de Fukuyama del “fin de la historia” tenía componentes negativos y positivos. El componente negativo, desde luego, era la “muerte del comunismo”:
“Si bien todavía hay en el mundo poder comunista, éste ha dejado de reflejar una idea dinámica y atractiva. Quienes se consideran a sí mismos comunistas se ven obligados a librar continuas batallas de retaguardia para preservar algo de su antigua posición y su antiguo poder. Los comunistas se encuentran en la poco envidiable situación de defender un orden social viejo y reaccionario cuya hora ha pasado ya hace mucho, como los monárquicos que lograron llegar al siglo XX”.
—The End of History and the Last Man (El fin de la historia y el último hombre, 1992)
Aquí Fukuyama expresa lo que es una moneda corriente entre todas las tendencias de la ideología burguesa postsoviética.
Eran las conclusiones positivas que sacó del colapso del bloque soviético las que constituían el núcleo de su tesis del “fin de la historia”. Sostenía que los valores socioculturales y las correspondientes instituciones económicas y políticas del mundo capitalista occidental terminarían por imponerse eventualmente a escala global:
“Es en este marco donde el carácter marcadamente mundial de la revolución liberal adquiere una especial significación, puesto que constituye una evidencia más de que está operando un proceso que dicta un patrón evolutivo común para todas las sociedades humanas; en pocas palabras, algo así como una Historia Universal de la Humanidad en dirección a la democracia liberal...
“Y si hemos llegado a un punto en el que se ha vuelto difícil imaginar un mundo sustancialmente distinto al nuestro, en el que el futuro no representa de ninguna manera evidente u obvia una mejoría respecto a nuestro orden actual, luego entonces debe considerarse la posibilidad de que la Historia misma haya llegado a su fin” [énfasis en el original].
La noción de Fukuyama de una “revolución liberal” universalmente triunfante sufrió un denso fuego por parte de algunos voceros intelectuales prominentes del imperialismo estadounidense. Su principal antagonista fue Samuel P. Huntington, que contraponía su propia tesis del “choque de civilizaciones” al “fin de la historia” de Fukuyama. Refiriéndose a este último, Huntington comentó con condescendencia: “El momento de euforia del fin de la Guerra Fría generó una ilusión de armonía, que pronto se reveló como tal” (The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order [El choque de civilizaciones y la reconstrucción del orden mundial, 1996]). Sin duda, Huntington concordaba con Fukuyama en que ya nunca podría haber estados poderosos ni un movimiento político internacional con apoyo de masas que afirmara representar una alternativa universal, como el comunismo, al capitalismo tipo occidental y la “democracia”. Pero también sostenía que una buena parte del mundo —y en particular Rusia, el Oriente islámico y China— se vería dominada por gobiernos y movimientos políticos antioccidentales basados en valores y tradiciones nacionales y religioso-culturales:
“En este nuevo mundo, los conflictos más generalizados, importantes y peligrosos no serán entre clases sociales, entre ricos y pobres, ni entre otros campos económicamente definidos, sino entre pueblos provenientes de diferentes entidades culturales...
“La civilización occidental es la más poderosa y seguirá siéndolo durante muchos años. Sin embargo, comparado con el de otras civilizaciones, su poder está declinando. Cuando el Occidente intenta afirmar sus valores y proteger sus intereses, las sociedades no occidentales enfrentan una alternativa. Algunas intentan emularlo o colgarse de él. Otras sociedades confucianas e islámicas intentan expandir su propio poder militar y económico para resistir y ‘contrarrestar’ a Occidente. Un eje central de la política mundial posterior a la Guerra Fría es, pues, la interacción del poder y la cultura occidentales con el poder y la cultura de civilizaciones no occidentales”.
El debate Huntington/Fukuyama subraya la necesidad de que diferenciemos entre la creencia en la “muerte del comunismo”, que es generalizada y sigue siendo actual, y el limitado y efímero triunfalismo imperialista estadounidense en la secuela inmediata de la caída de la Unión Soviética.
Breves conclusiones
Una pregunta importante que enfrentamos puede ser formulada de este modo: ¿es posible que un levantamiento espontáneo, que implique a grandes sectores de la clase obrera, contra un gobierno derechista, pueda llevar a situaciones prerrevolucionarias o incluso revolucionarias (es decir, a órganos de poder dual) aun si la masa de los obreros y los trabajadores en general no aspira al socialismo? Yo creo que sí. Aunque nunca hemos experimentado semejante acontecimiento, no debemos descartarlo. Por ahora, nuestra tarea principal consiste en propagar una visión marxista del mundo con la expectativa de reclutar cantidades relativamente pequeñas de intelectuales izquierdistas y obreros avanzados. Parafraseando a John Maynard Keynes: cuando la realidad cambie, cambiarán nuestras perspectivas.
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2016.06.04 13:59 ShaunaDorothy Sobre la política trotskista en la Segunda Guerra Mundial - Neomorenistas del PTS reviven la “Política Militar Proletaria” (Junio de 2012)

https://archive.is/cG8u0
Espartaco No. 35 Junio de 2012
La “Política Militar Proletaria” (PMP), propuesta originalmente por Trotsky en los últimos meses de su vida, era una serie de demandas centradas en la consigna por el “control sindical del entrenamiento militar”. Esta política, que despertó en aquel entonces controversia significativa entre quienes se reclamaban trotskistas, desempeñó un papel importante en desorientar a las pequeñas y a menudo aisladas secciones de la IV Internacional en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. La PMP no ha sido operativa desde alrededor de 1943, cuando quedó claro que los imperialistas aliados ganarían la guerra contra las potencias del Eje. Sin embargo, los neomorenistas del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) argentino la revivieron con la publicación de la antología Guerra y revolución: Una interpretación alternativa de la Segunda Guerra Mundial (Buenos Aires: Ediciones CEIP “León Trotsky”, 2004), en cuya introducción presentan su propia defensa de la PMP. Nuestros lectores podrán encontrar un análisis altamente crítico de la PMP y considerablemente más extenso que el presente artículo en Prometheus Research Series No. 2, “Documents on the ‘Proletarian Military Policy’” (Documentos sobre la “Política Militar Proletaria”, 1989), que incluye una introducción elaborada por el Comité Ejecutivo Internacional de la LCI (entonces tendencia espartaquista internacional), así como documentos contemporáneos[1] y otros análisis críticos retrospectivos espartaquistas.
Debe ser algo distinto al profundo respeto por los anales del marxismo revolucionario lo que impulsa a los empedernidos oportunistas del PTS a revivir la PMP, una política que representó conciliación a la propaganda bélica de los imperialistas aliados y que se apartó del entendimiento leninista elemental del estado burgués como un aparato para la represión sistemática contra los obreros y oprimidos que no puede ser reformado, sino que debe ser destruido mediante la revolución proletaria y remplazado por un estado obrero.
Las implicaciones reformistas y socialpatriotas de la PMP no son, por supuesto, un problema para el PTS y sus compinches internacionales (la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional, cuya sección mexicana es la Liga de Trabajadores por el Socialismo, LTS), quienes exigen cotidianamente la “disolución de los cuerpos represivos” del estado, es decir, una petición al estado burgués a que se disuelva a sí mismo. De manera nada sorprendente, recientemente encontraron cauce para su adopción de la PMP en el contexto de la ola chovinista que azotó Argentina ante el XXX aniversario de la Guerra de las Malvinas/Falklands —una guerra reaccionaria por ambos bandos—, al exigir retrospectivamente que las organizaciones obreras impusieran la conscripción universal para ir a luchar, al mando del gorila Galtieri, por las escuálidas islas (ver artículo en p. 16). Precisamente por ser un vehículo que les permite dar rienda suelta a su acomodación a su “propia” burguesía, el PTS ve en la PMP “una teoría acabada de la revolución” cuya “perspectiva estratégica”, “programa” y “consignas” “eran mucho más maduras, e incluso superiores, a las de Lenin y los bolcheviques”.
“La guerra y la Cuarta Internacional”
En junio de 1934 Trotsky escribió “La guerra y la Cuarta Internacional”, un manifiesto sobre la inminente conflagración imperialista que desenmascaraba tajantemente las pretensiones “antifascistas” y “democráticas” de los imperialistas aliados con base en el derrotismo de Lenin. Salvo en lo referente a la defensa de la Unión Soviética, el proletariado no tenía interés en la guerra venidera, en la cual millones habrían de morir para que una u otra banda imperialista asegurara sus ganancias exorbitantes basadas en la explotación colonial. Extendiendo la política derrotista revolucionaria que guió a los bolcheviques durante la Primera Guerra Mundial y que empapa los documentos de los primeros cuatro congresos de la Internacional Comunista, Trotsky escribió:
“58. Cuando se trata de un conflicto entre países capitalistas, el proletariado de cualquiera de ellos se niega categóricamente a sacrificar sus intereses históricos, que en última instancia coinciden con los intereses de la nación y de la humanidad, en beneficio del triunfo militar de la burguesía. La fórmula de Lenin ‘La derrota es el mal menor’ no significa que lo sea la derrota del propio país respecto a la del país enemigo, sino que la derrota militar resultante del avance del movimiento revolucionario es infinitamente más beneficiosa para el proletariado y todo el pueblo que el triunfo militar garantizado por ‘la paz civil’. Karl Liebknecht planteó un lema hasta ahora no superado para la política proletaria en épocas de guerra: ‘El principal enemigo del pueblo está en su propio país’. La revolución proletaria triunfante superará los males provocados por la derrota y creará la garantía final contra futuras guerras y derrotas. Esta actitud dialéctica hacia la guerra constituye el elemento más importante de la educación revolucionaria y por lo tanto también de la lucha contra la guerra.
“59. La transformación de la guerra imperialista en guerra civil es el objetivo estratégico general al que se debe subordinar toda la política de un partido proletario”.
Ésta es la posición fundamental que los revolucionarios sostenemos en el caso de guerras reaccionarias.
Enfrentados en cuanto a la redivisión del mercado mundial, los imperialistas, tanto “democráticos” como fascistas, tenían, sin embargo, un objetivo clave en común: la destrucción de la URSS, el primer estado obrero del mundo, lo cual habría tenido consecuencias funestas para el proletariado mundial. En la víspera de la segunda guerra interimperialista, Trotsky temía que una catástrofe se aproximaba a la Unión Soviética, especialmente a la luz de los efectos desastrosos, evidentes en la secuela del pacto Hitler-Stalin, de la decapitación del Ejército Rojo perpetrada por Stalin en las purgas de los años 30. Correspondientemente, Trotsky añadió una sola cosa —ciertamente fundamental— al programa revolucionario elaborado durante la Primera Guerra Mundial: el deber del proletariado mundial de defender militarmente las conquistas de la Revolución de Octubre a pesar de la usurpación del poder político por parte de la casta burocrática encabezada por Stalin:
“8. ...Defender a la Unión Soviética de los ataques de los enemigos capitalistas, más allá de las circunstancias y causas inmediatas del conflicto, es obligación elemental de toda organización obrera honesta”.
El origen de la PMP
Sin embargo, en mayo de 1940, conforme los ejércitos de Hitler avanzaban por Bélgica y Holanda hacia París, Trotsky redactó un nuevo manifiesto sobre la guerra, el “Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial”, que fue adoptado por una conferencia de emergencia de la IV Internacional en Nueva York. En un pasaje cerca del final del manifiesto aparece por primera vez un nuevo elemento en el programa de la IV Internacional sobre la guerra imperialista:
“La militarización de las masas se intensifica día a día. Rechazamos la grotesca pretensión de evitar esta militarización con huecas protestas pacifistas. En la próxima etapa todos los grandes problemas se decidirán con las armas en la mano. Los obreros no deben tener miedo de las armas; por el contrario, tienen que aprender a usarlas. Los revolucionarios no se alejan del pueblo ni en la guerra ni en la paz. Un bolchevique trata no sólo de convertirse en el mejor sindicalista sino también en el mejor soldado.
“No queremos permitirle a la burguesía que lleve a los soldados sin entrenamiento o semientrenados a morir en el campo de batalla. Exigimos que el estado ofrezca inmediatamente a los obreros y a los desocupados la posibilidad de aprender a manejar el rifle, la granada de mano, el fusil, el cañón, el aeroplano, el submarino y los demás instrumentos de guerra. Hacen falta escuelas militares especiales estrechamente relacionadas con los sindicatos para que los obreros puedan transformarse en especialistas calificados en el arte militar, capaces de ocupar puestos de comandante”.
Estas oraciones son la primera expresión de lo que pasaría a conocerse como la “Política Militar Proletaria”. En septiembre, un mes después del asesinato de Trotsky a manos de un esbirro estalinista, el Socialist Workers Party (SWP, Partido Obrero Socialista), sección estadounidense de la IV Internacional, adoptó formalmente una resolución sobre la nueva política militar en una conferencia en Chicago:
“Luchamos contra el envío de obreros-soldados a la batalla sin entrenamiento y equipo apropiados. Nos oponemos a la dirección militar de los obreros-soldados por parte de oficiales burgueses que no tienen consideración alguna por su trato, su protección y sus vidas. Exigimos fondos federales para el entrenamiento militar de obreros y obreros-oficiales bajo el control de los sindicatos. ¿Expropiaciones militares? Sí, ¡pero sólo para el establecimiento y equipamiento de campos de entrenamiento obreros! ¿Entrenamiento militar obligatorio de los obreros? Sí, ¡pero sólo bajo el control de los sindicatos!”
El llamado del SWP equivale a alguna forma de “control obrero” del ejército burgués, lo cual es descaradamente utópico: el estado burgués no va a ceder el control del entrenamiento militar, ni ningún aspecto del ejército burgués, mediante la legislación. Como señaló en 1941 un miembro de la IV Internacional en Europa (ver PRS No. 2), el “control sindical de la defensa nacional” bajo el régimen burgués sólo puede instituirse en un sentido fascista o corporativista; de hecho, es muy significativo que la única federación sindical que adoptó el programa de la PMP durante la guerra fue nada menos que la CTM mexicana.
Trotsky y el SWP se equivocaron al tratar de plantear un conjunto de demandas positivas para la segunda guerra imperialista mundial en la ausencia de una situación revolucionaria. Llamar por el poder estatal proletario en medio de una situación potencialmente revolucionaria para emprender la defensa contra Hitler no es lo mismo que llamar por el “control sindical del entrenamiento militar” cuando es el estado burgués el que le hace la guerra a Hitler. Como regla general, los revolucionarios preferimos emplear demandas negativas respecto al estado burgués, pues éstas son el vehículo más poderoso para movilizar a las masas contra la burguesía. Como muestra el ejemplo del PTS, las demandas positivas a las instituciones centrales del estado capitalista —el ejército, la policía y los tribunales— fácilmente pueden ser utilizadas en el sentido reformista de presentar al aparato estatal burgués como si fuera de alguna manera neutral respecto a las clases.
El propósito de ser “el mejor soldado” en un ejército burgués, la demanda por mejor entrenamiento y equipo, la absurda exigencia por el “control sindical del entrenamiento militar”, todo ello está contrapuesto al entendimiento de la Segunda Guerra Mundial como una guerra interimperialista reaccionaria en la cual el proletariado no tenía lado —excepto en defensa de la URSS—. No muy oculta en la PMP estaba la proposición de que el proletariado del mundo (fuera de Alemania) tenía un enemigo mayor que su propia burguesía, a saber, el fascismo alemán. De hecho, la nueva política militar sólo era aplicable en la Gran Bretaña, Estados Unidos y sus aliados subordinados (Australia, Canadá), por lo cual había una tendencia anglo-estadounidense tácita en la abstracción de “la burguesía” en las formulaciones de la PMP: el manifiesto de mayo de 1940 no estaba exigiendo precisamente que el estado dirigido por Hitler estableciera escuelas para el entrenamiento militar de los obreros bajo control sindical. El núcleo de la PMP era el apoyo a una guerra contra el fascismo sin dejar claro a qué clase social pertenecía el estado que libraba la guerra. Debido a la popularidad de una “guerra democrática contra el fascismo”, el efecto real de la PMP habría sido simplemente hacer más eficiente la guerra del estado burgués y democratizar su dirección.
En gran medida, la PMP se basó en una prognosis exagerada del grado al cual el proletariado lucharía contra la guerra al principio de ésta. Trotsky pensó que la necesidad bélica eliminaría rápidamente la máscara “antifascista” y “democrática” de los imperialistas anglo-estadounidenses. Esperaba que las burguesías de ambos países se verían forzadas a imponer alguna variante de dictadura bonapartista en respuesta al creciente descontento, lo cual conduciría a la lucha social y quizá a situaciones de poder dual. Además, Trotsky pensaba que, ante la lucha social interna, los imperialistas anglo-estadounidenses seguirían el ejemplo de sus aliados franceses y se volverían “derrotistas”, viendo en Hitler al mal menor. Con base en este pronóstico, Trotsky combinó incorrectamente la “lucha contra el fascismo” en la guerra con la tarea proletaria de la toma del poder.
El PTS sobre la SGM: ¿“Democracia contra fascismo” después de todo?
Aunque el PTS niega formalmente que la Segunda Guerra Mundial haya sido una genuina “guerra contra el fascismo”, todos sus argumentos en defensa de la PMP introducen, en el mejor de los casos, agnosticismo respecto al carácter reaccionario del conflicto. Así, para justificar la insuficiencia del derrotismo revolucionario de Lenin y la necesidad de una nueva política, el PTS argumenta que la Segunda Guerra Mundial representó un “salto” respecto a la primera que hacía imposible “repeticiones mecánicas de las viejas fórmulas de los revolucionarios durante la Primera Guerra”. El “salto”, por supuesto, era el fascismo, y el propósito de todo esto es justificar la noción de que se podía luchar contra él mediante el esfuerzo bélico aliado: “Que la guerra que se avecinaba era de carácter interimperialista no implicaba para los trotskistas subestimar al fascismo y la necesidad del movimiento obrero de entablar una lucha encarnizada contra él desde sus inicios, ya que sería el principal perjudicado”.
La lucha obrera contra el fascismo podía librarse solamente de manera independiente de las burguesías “democráticas”, una perspectiva por la que los trotskistas habían luchado, efectivamente, desde los inicios del fascismo. De hecho, el que la pasividad criminal del Partido Comunista Alemán ante el ascenso de los nazis de Hitler no causara ni la más mínima revuelta dentro de la III Internacional hizo que Trotsky declarara que la Comintern estaba muerta para la causa de la revolución proletaria y llamara a construir nuevos partidos comunistas que sostuvieran la bandera del leninismo. La IV Internacional, fundada en 1938 en la víspera de la guerra inminente, encarnó esta continuidad leninista.
Pero el objetivo de la PMP de actuar como “los mejores soldados” de los ejércitos aliados en la Segunda Guerra Mundial no tenía nada que ver con la lucha obrera contra el fascismo. Como Trotsky mismo había señalado en “La guerra y la Cuarta Internacional”:
“18. La impostura de la defensa nacional siempre trata de ocultarse tras la impostura de la defensa de la democracia. Si incluso ahora, en la época del imperialismo, los marxistas no identifican democracia con fascismo y están dispuestos en todo momento a rechazar los ataques del fascismo a la democracia, ¿no debería el proletariado, si se declara la guerra, apoyar a los gobiernos democráticos contra los fascistas?
“¡Flagrante sofisma! Defendemos a la democracia contra el fascismo por medio de las organizaciones y métodos del proletariado... Y si nos oponemos de manera irreconciliable a los gobiernos más ‘democráticos’ en épocas de paz, ¿cómo podemos asumir la más mínima responsabilidad por ellos durante la guerra, cuando todas las infamias y crímenes del capitalismo se llevan a cabo de la manera más brutal y sangrienta?
“19. Una guerra moderna entre las grandes potencias no será una lucha entre la democracia y el fascismo sino un conflicto entre dos sectores imperialistas por un nuevo reparto del mundo”.
El vínculo que la PMP hizo de la “defensa de la democracia” y el “antifascismo” con el esfuerzo bélico de los imperialistas anglo-estadounidenses representó una capitulación a la falsa conciencia y le cedió terreno a la propaganda bélica de los imperialistas aliados. El deber de los revolucionarios era el opuesto: exponer las pretensiones antifascistas de las clases gobernantes aliadas.
El proletariado tenía toda razón para temer y odiar la bota nazi. Pero habría sido mucho mejor que la lucha proletaria y los levantamientos coloniales paralizaran el esfuerzo bélico anglo-estadounidense, quizá conduciendo a victorias alemanas transitorias, ¡a que el proletariado apoyara implícitamente a los ejércitos aliados mediante la exigencia de soldados mejor entrenados y equipados!
Abjurando el derrotismo revolucionario
Reconociendo que el derrotismo revolucionario es un obstáculo a la adopción de la PMP —aunque sin decirlo jamás abiertamente—, el PTS centra una buena parte de sus argumentos en minimizar y oscurecer el significado de esta política leninista clave. Así, presenta el derrotismo como alguna oscura polémica interna que trataba simplemente de “reagrupar a la vanguardia y a los elementos más avanzados de la socialdemocracia, y no de formular una política activa hacia el movimiento obrero”. Hace suya la posición de un tal Jean-Paul Joubert, quien argumenta nada menos que “la fórmula” del derrotismo “no se encuentra...en el proyecto de resolución y de manifiesto de la ‘Izquierda de Zimmerwald’”, ni tampoco fue utilizada “durante los seis años siguientes a la revolución de octubre, en ningún texto importante de Lenin o de la Internacional Comunista”. “Por el contrario”, concluye Joubert, “Lenin martilla sin cesar en la ‘transformación de la guerra imperialista en guerra civil’”[2].
Todo esto va más allá del confusionismo. La lucha de Lenin por la III Internacional, incluyendo entre la izquierda de Zimmerwald, se libró sobre la base del derrotismo revolucionario y sobre el cadáver de la II Internacional socialpatriota; el derrotismo guió toda “política activa” de los bolcheviques tanto como el servilismo a los esfuerzos bélicos de sus respectivas burguesías guió la actividad de los socialpatriotas en la II Internacional. El derrotismo no es una mera consigna, sino una posición fundamental del marxismo revolucionario respecto a guerras reaccionarias. Como explicamos en PRS No. 2, el derrotismo representa precisamente el deseo, desde una perspectiva internacional estratégica, de transformar la guerra imperialista en guerra civil:
“El uso del término ‘derrotismo’ se basa en el reconocimiento de que: (1) una cadena de derrotas militares para un gobierno imperialista ayuda al surgimiento de lucha social interna, y (2) cualquier lucha social significativa en tiempo de guerra inevitablemente ‘ayuda’ a la potencia enemiga. El proletariado no restringirá la lucha de clases por temor a facilitar la victoria del ‘campo imperialista enemigo’”.
Hay varias consignas apropiadas para expresar el significado del derrotismo bajo distintas circunstancias, prominentemente la consigna de Liebknecht de “el principal enemigo está en casa” o, por ejemplo en el caso de la India colonial, simplemente “¡Abajo el imperialismo! ¡Abajo la guerra imperialista!”, consignas levantadas por el Bolshevik-Leninist Party of India durante la Segunda Guerra Mundial.
En su esfuerzo por deshacerse del derrotismo y mantener alguna semblanza “izquierdista”, el PTS crea un Trotsky a su imagen y semejanza:
“Muchos sectarios de entonces habían adoptado una posición que en apariencia seguía a Lenin a pie juntillas: ésta es una guerra imperialista, por lo tanto se impone una actitud de derrotismo revolucionario. Pero Trotsky rechazaba esto como un silogismo reñido con la lógica viva y contradictoria de la guerra y su eterna antagonista: la revolución”.
¡Pero Trotsky insistió en la aplicación del derrotismo revolucionario hasta el final de sus días! La PMP fue una política equivocada basada en un pronóstico exagerado de la inminencia de revoluciones proletarias, y Trotsky no vio que estaba, a fin de cuentas, en contradicción con el derrotismo revolucionario; Trotsky no vivió para ver cómo se desarrollaba la PMP en la realidad, habiendo propuesto esta política apenas tres meses antes de su muerte. En cualquier caso, difícilmente se podría argumentar que es la confusión teórica lo que conduce a los peronistas de extrema izquierda del PTS a despotricar contra el derrotismo “sectario” y defender a la PMP 70 años después.
PMP vs. defensa de la URSS: La desvergüenza retrospectiva del PTS
Tras citar un pasaje de la resolución del SWP de 1940 que codificó la PMP, el PTS comenta ridículamente que “en consecuencia con esta política”, el SWP “destinó un destacamento de militantes a la flota mercante de Estados Unidos”. No debería hacer falta un extenso análisis para darse cuenta de que el trabajo del SWP en la marina mercante no tenía nada que ver con la “política militar proletaria”. El SWP perdió al menos a siete de sus militantes en la marina mercante, algunos de los cuales trabajaban en la peligrosa ruta de Múrmansk en la que convoyes aliados llevaban abastecimientos a la Unión Soviética. Este trabajo genuinamente excepcional fue una expresión no de la PMP, sino del defensismo soviético del SWP, algo que al PTS le conviene no reconocer.
De hecho, una de las principales preocupaciones de Trotsky, que debe de haber desempeñado un papel en la elaboración de la PMP, era el grave peligro que la guerra planteaba a la tierra de la Revolución de Octubre. Pero el PTS desaparece este aspecto del problema, por una buena razón: es una organización que nació a la vida política “independiente” a finales de los años 80 apoyando la contrarrevolución capitalista en la RDA, la URSS y toda Europa Oriental, así como hoy reniega de la defensa militar incondicional de los estados obreros deformados que aún quedan contra el imperialismo y la contrarrevolución interna: formalmente en el caso de China y Vietnam, en tanto que a duras penas balbucea una palabra sobre Corea del Norte, prefiere ignorar la existencia del estado obrero en Laos y en los hechos abandona el defensismo respecto al estado obrero cubano (ver “Cuba: Crisis económica y ‘reformas de mercado’”, Espartaco No. 34, otoño de 2011).
El que el PTS adopte retrospectivamente la PMP, así como su apoyo al absurdo intento de Joubert de reducir el defensismo revolucionario a una efímera exageración polémica de Lenin, está en concordancia con su apoyo a la contrarrevolución “democrática” en los estados obreros degenerado y deformados. Y aún así, el PTS tiene la desvergüenza de publicar, en su introducción a Guerra y revolución, una sección entera dedicada a “La defensa de la URSS” con luengas citas de Trotsky, cuyo contenido entero ha pisoteado en cada coyuntura histórica fundamental en continuidad antirrevolucionaria con sus predecesores morenistas de la Liga Internacional de Trabajadores (LIT) (ver, entre otros, folleto del GEM y la Fracción Trotskista del entonces POS, hoy LTS, “Del morenismo al trotskismo: La cuestión rusa a quemarropa”, 1991).
Por otro lado, debe señalarse que todo el trabajo heroico de los trotskistas durante la Segunda Guerra Mundial —incluyendo, entre otros, el trabajo marítimo del SWP y prominentemente el de la célula de los trotskistas de Brest que publicaba Arbeiter und Soldat (Obrero y Soldado) para distribuir al personal naval alemán— está en contradicción directa con la PMP. Aun así, el PTS tiene el descaro adicional de atacar al SWP por imprimir “a la propaganda sobre la PMP un sesgo un tanto ‘defensista’, aproximándose a una posición que postulaba la ‘necesidad de librar la guerra contra el fascismo hasta el final’”. Pero el SWP de Cannon sí se opuso a la Segunda Guerra Mundial. Debido a que el SWP en aquellos años era un partido genuinamente revolucionario proletario —a diferencia de los impostores seudotrotskistas del PTS—, la PMP nunca cobró vida como una demanda programática y pronto fue archivada en algún cajón, y sus implicaciones socialpatriotas nunca echaron raíz. En cambio, es el PTS quien defiende hoy la proposición de ser “el mejor soldado” en los ejércitos aliados y exige retrospectivamente la conscripción universal para ir a matar británicos en las Malvinas/Falklands.
Contorsiones circenses
El PTS se ve obligado a realizar contorsiones verdaderamente sorprendentes para tratar de establecer “antecedentes” para la PMP en las políticas trotskistas durante la Guerra Civil Española, en el Programa de Transición y, más generalmente, en casi cada referencia que Trotsky haya hecho jamás a la lucha por escindir al ejército horizontalmente en tiempos de agitación revolucionaria para ganar a las tropas al lado del proletariado. Pero esto no era nada nuevo ni tiene nada que ver con la PMP; de hecho, Engels había señalado ya desde 1895 la necesidad de escindir al ejército (ver su introducción a Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 de Marx), una política que fue, por supuesto, llevada a cabo con éxito en la Revolución Rusa de 1917. Como “La guerra y la Cuarta Internacional” explica, cuando un revolucionario se ve obligado a ir al ejército,
“sigue siendo un luchador, aprende a usar las armas, explica hasta en las trincheras el significado de clase de la guerra, nuclea a los disconformes, los organiza en células, transmite las ideas y consignas del partido, observa cuidadosamente los cambios en el estado de ánimo de las masas, el reflujo de la marea patriótica, el incremento de la indignación, y en el momento crítico llama a los soldados a colaborar con los obreros”.
¡No precisamente “el mejor soldado” en un ejército burgués!
Quizá el más deshonesto de sus intentos es el de establecer un antecedente de la PMP en Lenin. El PTS afirma que en “El programa militar de la revolución proletaria” (septiembre de 1916), “Lenin formula lo que podríamos llamar, sin temor a abusar de los términos, una ‘política militar del proletariado’”. Sería muy amable llamar a esto “abusivo”. Lenin escribió:
“En lo que se refiere a la milicia, deberíamos decir: no estamos por una milicia burguesa, estamos únicamente por una milicia proletaria. Por consiguiente, ‘ni un centavo, ni un hombre’, no sólo para el ejército regular, sino tampoco para la milicia burguesa, incluso en países como Estados Unidos, o Suiza, Noruega, etc... Podemos exigir la elección de los oficiales por el pueblo, la abolición de todos los tribunales militares, iguales derechos para los obreros extranjeros y los nacidos en el país... Además, podemos exigir, digamos, que cada cien habitantes de un país determinado tengan derecho a formar asociaciones de adiestramiento militar voluntario, con libre elección de instructores, pagados por el estado, etc. Sólo en tales condiciones podría adquirir el proletariado adiestramiento militar, para sí, y no para sus esclavizadores; y los intereses del proletariado exigen absolutamente ese adiestramiento” (énfasis en el original).
De manera totalmente explícita, Lenin no está argumentando por el entrenamiento y equipamiento de “obreros-soldados” para ir a luchar contra los alemanes en la Primera Guerra Mundial. Este artículo es una polémica contra la consigna reformista del “desarme”[3] en el cual, al tiempo que enfatiza que la Primera Guerra Mundial es totalmente reaccionaria, señala que no todas las guerras lo son, e insiste en que el proletariado necesita su propia milicia, independiente de la burguesía, para luchar por su propia dictadura y consolidarla. La siguiente oración en el artículo, que el PTS convenientemente omite, deja claro lo anterior:
“La Revolución Rusa [de 1905] demostró que todo éxito del movimiento revolucionario, incluso un éxito parcial, como la toma de una urbe, de una ciudad fabril, o el atraerse a una parte del ejército, obliga inevitablemente al proletariado vencedor a poner en práctica precisamente ese programa” (énfasis en el original).
Como escribimos en PRS No. 2:
“En el curso de la lucha que lleva al establecimiento de un estado proletario, el llamado por el establecimiento de organizaciones obreras de autodefensa es central en el programa revolucionario. Estas organizaciones representan la forma embrionaria del ejército del estado obrero, pero sólo si son completamente independientes del estado burgués. El Programa de Transición, adoptado en la conferencia de fundación de la IV Internacional en 1938, asocia el llamado por escuelas militares obreras y entrenamiento militar con la consigna de ‘completa independencia de las organizaciones obreras del control policiaco-militar’. Pero la PMP exigía que el estado burgués financiara las escuelas militares obreras, inclinándose hacia una posición reformista sobre el carácter del estado capitalista. El llamado ridículo del SWP por el ‘control sindical de la conscripción’ fue más lejos por ese camino”.
En suma, ninguna cantidad de sofistería será suficiente para esconder la verdad que yace en la afirmación que hicimos hace ya 40 años y que aplica de manera aún más apta al PTS hoy día: “Sólo socialchovinistas que apoyen los objetivos bélicos de ‘su’ gobierno pueden levantar razonablemente la PMP” (“Proletarian Military Policy” [Política Militar Proletaria], Revolutionary Communist Youth Newsletter No. 13, agosto-septiembre de 1972, reimpreso en PRS No. 2).
Notas
  1. Entre éstos, se incluyen polémicas correctas de Max Shachtman contra la PMP de finales de 1940 y principios de 1941. Menos de un año antes, sin embargo, Shachtman había roto de manera revisionista con el marxismo mediante la repudiación completa de su metodología filosófica, el materialismo dialéctico, y la traición concreta a la Unión Soviética (con base en su “teoría” del “colectivismo burocrático” según la cual la burocracia soviética no era tal, sino una “nueva clase”), primero en la guerra contra Finlandia en 1939 y luego en la invasión alemana de 1941 (ver “La bancarrota de las teorías sobre ‘una nueva clase’”, Spartacist (Edición en español) No. 30, mayo de 2000). La desviación del SWP respecto del contenido principista del leninismo mediante la PMP fue un regalo para Shachtman —entonces aún en sus inicios como revisionista—, el cual pudo explotar porque no se centraba en sus propias áreas de abandono del marxismo. Sin embargo, diez años después, bajo la presión de la Guerra de Corea, su revisionismo se volvió completo y Shachtman impulsó su propia versión, grotescamente reaccionaria, de la PMP. Regresar
  2. Joubert parece retomar al shachtmanista Hal Draper, quien en 1953-54 publicó un largo, oscuro y confusionista opúsculo titulado “The Myth of Lenin’s ‘Revolutionary Defeatism’” (El mito del “derrotismo revolucionario” de Lenin), a inicios de la primera Guerra Fría antisoviética del imperialismo estadounidense, para justificar la línea tercercampista de que, en caso de una guerra entre EE.UU. y la URSS, ¡los “socialistas” estadounidenses no debían estar por la derrota de su “propia” burguesía! Regresar
  3. De hecho, una versión ligeramente distinta, preparada por Lenin, de este mismo artículo se publicó en diciembre de 1916 como “La consigna del ‘desarme’”. Regresar
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/35/pmp.html
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2016.01.28 22:44 suarep ¿De verdad tenemos que aguantar ha esta UE?

Rusia asegura tener pruebas de que Turquía es el principal consumidor del petróleo producido por el autodenominado Estado Islámico en Siria e Irak. Moscú acusa a Ankara, y en concreto a su presidente, Recep Tayyip Erdogan, y su familia, de beneficiarse del tráfico de crudo del ISIS. "El Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia tiene pruebas irrefutables, basadas en imágenes desde el espacio y reconocimiento aéreo, de la participación de Turquía en este negocio
Estos días los representantes de Turquía y Alemania han llegado a un acuerdo sobre el tratamiento de los inmigrantes fenómeno. Tras este acuerdo, Alemania aportará ayuda financiera a Turquía para alimentar a casi 2 millones de personas procedentes de las zonas afectadas por los conflictos civiles, la pobreza en el Medio Oriente. Además del apoyo financiero, Alemania otorgaría visas in una forma más fáciles, a los ciudadanos turcos que quieren venir a Europa. En la década del año 2000, la posible adhesión de Turquía a la Unión Europea, fue detenido por varios hechos claros: el gobierno de Ankara no reconoce la minoría kurda, que representa más del 30% de la población, una gran parte de Chipre (un estado miembro de la UE) está subordinado Turquía; por otra parte, Turquía, a pesar de las presiones internacionales y hay pruebas concluyentes, se niega a reconocer una de las grandes limpieza étnica del siglo 20, a saber, el genocidio armenio. Estos problemas persisten hoy en día, pero Turquía parece haber encontrado una palanca estratégica en la negociación de la incapacidad de Europa para poner en práctica un plan para absorber los inmigrantes. Este tipo de concesiones sólo puede desestabilizar una Europa que todavía está en agonía continua durante varios años. Además, la apatía de Alemania puede ser visto como un signo de debilidad. Estado europeo con la mayor influencia está dispuesto a negociar en condiciones desfavorables para sus socios europeos. “La UE se compromete a conceder 3.000 millones de euros iniciales”, señala la declaración que ambas partes sellaron en su cumbre y en la que también se apunta a la apertura a mediados de diciembre del capítulo económico del proceso de adhesión y a la posible liberalización de visados para ciudadanos turcos en octubre de 2016. La UE y Turquía acuerdan asimismo aplicar un plan de acción que ayudará a “organizar los flujos migratorios y a contener la inmigración irregular”, por el cual Ankara se compromete a reforzar el control de sus fronteras, a aceptar la devolución plena de inmigrantes irregulares llegados a Europa desde su territorio para junio de 2016 y a combatir las redes criminales.......................... El ministro de Migración griego, Ioannis Mouzalas, ha acusado a su colega belga de haberle pedido, en una reunión de la Unión Europea (UE), que Grecia haga retroceder a los refugiados e inmigrantes al mar aunque se ahoguen. En una entrevista a la cadena de televisión británica BBC, Mouzalas que el ministro belga "dijo que teníamos que hacerles retroceder en el mar". "Esto es ilegal", subraya Mouzalas. Y añade: "El belga dijo que vayamos contra la ley. Me dijo: 'me temo que no me importa si los ahogas; quiero que les hagas retroceder'".
Moulazas no cita el nombre de su interlocutor, pero el incidente habría tenido lugar en la reunión de ministros de Interior y Justicia de la UE que se celebró en Ámsterdam los pasados lunes y martes. Bélgica estuvo representada en este encuentro por el secretario de Asilo y Migración belga, el nacionalista flamenco Theo Francken................................. El primer ministro británico, David Cameron, ha inaugurado “la fase formal” de la renegociación de la relación de Reino Unido con Europa, con un discurso en el que ha defendido que la permanencia en una UE reformada es la mejor manera de defender “no solo la prosperidad económica, sino también la seguridad nacional” de su país. El primer ministro ha expuesto las cuatro principales demandas que trasladará a sus socios europeos en los próximos meses, y que ha dejado por escrito en una carta que ha remitido al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y que se ha hecho pública poco después de que Cameron finalizara el discurso en la Chatham House, un laboratorio de ideas londinense. Los cuatro puntos, en el orden en que el primer ministro los ha mencionado, son: • La puesta en marcha de mecanismos para asegurar la protección de los intereses de los países fuera del euro frente a los avances en la integración de la eurozona. • Que la competitividad “esté grabada en el ADN de la Unión Europea”, lo que implica “recortar las cargas impositivas a las empresas”. • “Eximir a Reino Unido del principio de una unión cada vez más estrecha” y “reforzar los Parlamentos nacionales”, no solo con palabras cálidas sino mediante “reformas legales irreversibles”. • “Afrontar los abusos del principio de libre circulación de personas” y permitir a Reino Unido controlar la migración procedente de la UE. Rajoy apoya que el Eurogrupo no ceda ante Tsipras tras el 'no' griego • El Gobierno cree que el referéndum no debe modificar la posición europea • Asume que habrá turbulencias en los mercados pero espera que sean limitadas .................................................
El Gobierno considera que el Eurogrupo no debe ceder ante el resultado del referéndum y debe mantener la misma línea que hasta ahora ante el Ejecutivo de Alexis Tsipras, según señalaron a EL MUNDO fuentes gubernamentales. Rajoy quiere a Grecia fuera del Euro –el ha dicho que debe permanecer-, pero sí que Grecia debe cumplir con los mismos requisitos que han aceptado los demás, debe respetar las reglas del juego para evitar un agravio comparativo que sería “tremendamente pernicioso”, según ha señalado Rajoy a sus colegas europeos.
ESA ES LA UNION EUROPEA QUENOS PIDE QUE HAY QUE HACER AJUSTES POR 10000 MILLONES DE EUROS.
Es mas importante para la UE parar a los inmigrantes. Los han marcado con una cinta en la muñeca fosforito, y justo el dia que los judíos celebran el holocausto, a ellos también los marcaron los nazis con una estrella de David en la chaqueta.
Francia no va a cumplir el objetivo de déficit, porque esta tirando bombas en Siria.
Habria que ser contundentes con la UE, no puede entrar en la UE Turquia un país que finanacia a los teroristas , Francia debe cumplir con el déficit, cuando Alemania se reunifico y se miro hacia otro lado cuando no cumplia con el déficit no decía nada, ahora no deja pasar ni una, esto nos debe servir de lección, no dejar pasar ni una, Francia que cumpla. Y como decía el señor Rajoy de Grecia, ahora Reino Unido como decía debe cumplir con los mismos requisitos que han aceptado los demás, debe respetar las reglas del juego para evitar un agravio comparativo que sería “tremendamente pernicioso”.
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2015.02.27 19:18 ORBEX Tomorrowland Brasil

Muchos lo estaban esperando, y por fin, las confirmaciones de Tomorrowland Brasil han llegado. El pasado año 2014, David Guetta desvelaba durante su actuación en Tomorrowland junto a la organización que el festival también tendría su cita en 2015 en Brasil. Se pusieron las entradas a la venta y se agotaron en apenas tres horas, como ya sucede con la fecha de Tomorrowland en Boom, Bélgica. La expectación era máxima y así quedó plasmado. Tras meses de espera, la organización lanza el primer avance de esta nueva edición, la cual ya será, al menos en 2015, la tercera que se celebrará, sumándose a la cita europea y americana con el hermano pequeño de Tomorrowland, TomorrowWorld. Por lo que al Line Up respecta, pocas sorpresas y nada que no esperásemos ya.
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